5 enero 2026

La paz desarmada y desarmante

Desde hace 59 años el Santo Padre envía un mensaje sobre la paz al mundo entero. Este 2026, el Papa León XIV, por primera vez lo realiza y lo hace bajo el título “La paz esté con todos ustedes. Hacia una paz desarmada y desarmante”. En su mensaje, el Santo Padre invita a todos a […]

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Columna de

Mons. Ignacio Ducasse Medina

Desde hace 59 años el Santo Padre envía un mensaje sobre la paz al mundo entero. Este 2026, el Papa León XIV, por primera vez lo realiza y lo hace bajo el título “La paz esté con todos ustedes. Hacia una paz desarmada y desarmante”.

En su mensaje, el Santo Padre invita a todos a recibir la paz y a ser testigos porque la paz “existe, quiere habitar en nosotros, tiene el suave poder de iluminar y ensanchar la inteligencia, resiste a la violencia y la vence. La paz tiene el aliento de lo eterno”.

En esta línea, el Papa citó a San Agustín (el fundador de su Congregación) para recordar que los cristianos deben ser testigos de la paz y alentó “a entablar una amistad indisoluble con la paz”. Todos estamos invitados a recorrer este camino trazado por el Resucitado. Él mismo encarnó una paz desarmada porque “desarmada fue su lucha”.

De hecho, la paz es un don que va custodiado, “no es una realidad experimentada, para custodiar y cultivar, la agresividad se difunde en la vida doméstica y en la vida pública” y se puede caer en el engaño de que para conseguirla hay que prepararse para la guerra encarnando “la irracionalidad de una relación entre pueblos basada no en el derecho, la justicia y la confianza, sino en el miedo y en el dominio de la fuerza”.

El Santo Padre explica que San Agustín sugiere “que no se destruyeran los puentes ni se insistiera en el registro del reproche, prefiriendo el camino de la escucha y, en cuanto sea posible, el encuentro con las razones de los demás”.

Para lograr una paz desarmante, debemos encarnar la mansedumbre porque “La bondad es desarmante. Quizás por eso Dios se hizo niño”. De la humildad evangélica nace la paz. Un niño, en su fragilidad, tiene la posibilidad de cambiar los corazones, cuestionar nuestras decisiones y deponer las armas. 

El Papa León XIV señala que la paz es posible, no es una utopía, y que el diálogo ecuménico e interreligioso son vías privilegiadas para alcanzarla. Tampoco debemos olvidar emprender “el camino desarmador de la diplomacia, de la mediación, del derecho internacional”, que requieren confianza mutua, lealtad y responsabilidad en los compromisos asumidos.

“Esta es la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante. Proviene de Dios, Dios que nos ama a todos incondicionalmente”.

Columnista

Mons. Ignacio Ducasse Medina

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