19 septiembre 2026
Chile, nuestra casa común
Cada septiembre, durante unos días nuestra nación se detiene a celebrar, entre banderas, cuecas y ramadas, el camino que nuestros próceres recorrieron para darnos una patria propia. Pero las Fiestas Patrias no son solo memoria: también son una ocasión para preguntarnos sobre el Chile que estamos construyendo y que le dejaremos a las futuras generaciones. […]
Columna de
Mons. Ignacio Ducasse Medina
Arzobispo de Antofagasta y Gran Canciller de la Universidad Católica del NorteCada septiembre, durante unos días nuestra nación se detiene a celebrar, entre banderas, cuecas y ramadas, el camino que nuestros próceres recorrieron para darnos una patria propia. Pero las Fiestas Patrias no son solo memoria: también son una ocasión para preguntarnos sobre el Chile que estamos construyendo y que le dejaremos a las futuras generaciones.
A esta reflexión nos sumamos como Iglesia Católica con la celebración del Te Deum, que reúne a autoridades y comunidad para dar gracias a Dios por la patria y pedir por el bien de esta. No se trata de un gesto protocolar ni de una simple tradición, sino de un momento en que una nación reconoce que crece con el aporte de todos y que, unidos en oración, se puede seguir forjando un futuro mejor.
Celebrar la independencia supone valorar y cuidar el Estado y las instituciones que hemos construido, que ordenan la convivencia, protegen derechos y encauzan las diferencias por la vía del diálogo. Cuando se pierde la confianza en las instituciones, lo que se resiente es la paz social. Cuidarlas nos corresponde a todos.
La democracia no exige que pensemos igual, sino que aprendamos a convivir con nuestras diferencias. La reconciliación no tiene nada que ver con el olvido. Olvidar sería otra forma de injusticia. Reconciliarse pide lo contrario: mirar el pasado con honestidad, reconocer los daños y los errores cometidos, reparar heridas y buscar caminos de encuentro, sin renunciar a las propias convicciones.
Tampoco hay una fiesta verdadera mientras algunos quedan fuera. Los que viven en la pobreza, los que envejecen solos o los que sienten que el destino común no los incluye. El amor a la patria se juega en lo concreto, en acompañar al que sufre, cuidar a los niños y visitar al que nadie visita.
Ese mismo espíritu debe guiar el trato con quienes llegaron de otras tierras. Acogerlos no impide reconocer la necesidad de una migración ordenada y respetuosa de las leyes chilenas; significa al mismo tiempo recordar que antes que migrantes son personas, con familias, historias y derechos.
Tenemos la misión de construir nuestra patria sin usar el miedo o el odio para enfrentar a unos chilenos contra otros. Celebremos lo que nos une y asumamos el desafío de un Chile más justo, solidario y reconciliado.
Por eso, en estos días también nos debe resonar lo que el papa Francisco enfatizó en Laudato si’ sobre el cuidado de “la casa común”: “nadie se salva solo”. El Concilio Vaticano II, citando a Isaías, enseña en Gaudium et spes que la paz no es la mera ausencia del conflicto, sino obra de la justicia, una tarea que exige reconciliación, perdón y encuentro. ¡Felices Fiestas Patrias!
Columnista
Mons. Ignacio Ducasse Medina
Arzobispo de Antofagasta y Gran Canciller de la Universidad Católica del Norte