Evangelios 2026

En esta sección

Semana del 27 de abril al 3 de mayo de 2026

Jesús dijo a los fariseos: “Yo soy el Buen Pastor. El Buen Pastor da su vida por las ovejas. El asalariado, en cambio, que no es el pastor y al que no pertenecen las ovejas, cuando ve venir al lobo, las abandona y huye, y el lobo las arrebata y las dispersa. Como es asalariado, no se preocupa por las ovejas. Yo soy el Buen Pastor: conozco a mis ovejas y mis ovejas me conocen a mí – como el Padre me conoce a mí y Yo conozco al Padre – y doy mi vida por las ovejas. Tengo, además, otras ovejas que no son de este corral y a las que debo también conducir: ellas oirán mi voz, y así habrá un solo rebaño y un solo Pastor. El Padre me ama porque Yo doy mi vida para recobrarla. Nadie me la quita, sino que la doy por mí mismo. Tengo el poder de darla y de recobrarla: éste es el mandato que recibí de mi Padre”. Palabra del Señor.

Comentario:

Jesús se define como el Buen Pastor, el que da su vida por las ovejas, el que no es asalariado, que no tiene miedo de enfrentar las dificultades, internas o ajenas. Con este Buen Pastor, estamos a salvo. Ser pastor no es solamente un título bonito, romántico. Con este título, Jesús nos muestra su corazón lleno de amor y de responsabilidad. Nos pide aceptarlo; nos pide reconocerlo en nuestra vida: se responsabiliza de cada uno.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. Era invierno, y Jesús se paseaba por el Templo, en el Pórtico de Salomón. Los judíos lo rodearon y le preguntaron: “¿Hasta cuándo nos tendrás en suspenso? Si eres el Mesías, dilo abiertamente”. Jesús les respondió: “Ya se los dije, pero ustedes no lo creen. Las obras que hago en nombre de mi Padre dan testimonio de mí, pero ustedes no creen, porque no son de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz, Yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos. Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre. El Padre y Yo somos una sola cosa”. Palabra del Señor.

Comentario:

Jesús reprocha a los fariseos su falta de fe: no se atreven a ponerse bajo su alero, como las ovejas. Las ovejas conocen la voz del Pastor y le obedecen. Jesús nos llama a aceptarlo, a acoger su mensaje y su vida. Para creer en Jesús, necesitamos empezar a ver sus obras en nuestra vida y en nuestro mundo. Necesitamos aprender. Esto puede ser nuestra dificultad porque nuestro mundo y nuestra educación actual no nos ayudan. Ofrezcámonos al Señor.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Jesús exclamó: El que cree en mí, en realidad no cree en mí, sino en Aquél que me envió. Y el que me ve, ve al que me envió. Yo soy la luz, y he venido al mundo para que todo el que crea en mí no permanezca en las tinieblas. Al que escucha mis palabras y no las cumple, Yo no lo juzgo, porque no vine a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien lo juzgue: la palabra que Yo he anunciado es la que lo juzgará en el último día. Porque Yo no hablé por mí mismo: el Padre que me ha enviado me ordenó lo que debía decir y anunciar; y Yo sé que su mandato es Vida eterna. Las palabras que digo, las digo como el Padre me lo ordenó. Palabra del Señor.

Comentario:

Jesús no viene para juzgar; viene para dar vida. El que lo rechaza, reniega de la vida y esta vida prometida es la vida de Dios, la vida eterna. Esto significa la vida plena, la que todos deseamos vivir. Creer en Jesús es aceptar esta vida que viene del Padre, es aceptar esta vida muy distinta de la que el mundo ofrece. Pidamos al Señor ayudar para arriesgarnos y aceptar esta vida.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Antes de la fiesta de Pascua, Jesús lavó los pies a sus discípulos, y les dijo: “Les aseguro que el servidor no es más grande que su señor, ni el enviado más grande que el que lo envía. Ustedes serán felices si, sabiendo estas cosas, las practican. No lo digo por todos ustedes; Yo conozco a los que he elegido. Pero es necesario que se cumpla la Escritura que dice: “El que comparte mi pan se volvió contra mí”. Les digo esto desde ahora, antes que suceda, para que cuando suceda, crean que Yo Soy. Les aseguro que el que reciba al que Yo envíe me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me envió”. Palabra del Señor.

Comentario:

Jesús es el Maestro y Señor. Aun así, lava los pies de sus discípulos, es decir, se pone totalmente a su servicio. Sabe nuestra debilidades y traiciones, sabe quiénes somos y sigue poniéndose a nuestro servicio. Ejemplo admirable que Jesús nos ofrece y nos pide seguir. Pidamos la gracia de ponernos realmente al servicio de nuestros hermanos, especialmente de los más necesitados.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Durante la última cena, Jesús dijo a sus discípulos: “No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí. En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así, ¿les habría dicho a ustedes que voy a prepararles un lugar? Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde Yo esté, estén también ustedes. Ya conocen el camino del lugar adonde voy”. Tomás le dijo: “Señor, no sabemos a dónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino?” Jesús le respondió: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por m”. Palabra del Señor.

Comentario:

Jesús es el camino que hay que andar para llegar a Dios. Jesús es la verdad que nos fortifica para caminar en la vida. Jesús es la vida misma que se nos da para la eternidad. Vida de felicidad, porque, con esta vida, estamos en la casa del Padre. En este día del trabajador, pidamos fuerza para todos los que trabajan en todas partes para que este mundo sea mejor.

 

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

A la Hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús dijo a sus discípulos: “Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto”. Felipe le dijo: “Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta”. Jesús le respondió: “Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen? El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Cómo dices: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que Yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que digo no son mías: el Padre que habita en mí es el que hace las obras. Créanme: Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanlo, al menos, por las obras. Les aseguro que el que cree en mí hará también las obras que Yo hago, y aún mayores, porque Yo me voy al Padre. Y Yo haré todo lo que ustedes pidan en mi Nombre, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si ustedes me piden algo en mi Nombre, Yo lo haré”. Palabra del Señor.

Comentario:

Nuestro deseo más profundo es conocer a Dios. ¡Cuántas veces hemos soñado este deseo! Jesús nos recuerda que es imposible conocer a Dios. Para acercarse a Dios, hay que conocer a Jesús, vivir de su vida, aceptar su amor y su salvación. Jesús nos promete hacer obras maravillosas si lo aceptamos. Pidamos la gracia de arriesgarnos para trabajar como Él quiere

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Durante la última cena, Jesús dijo a sus discípulos: “No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí. En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así, ¿les habría dicho a ustedes que voy a prepararles un lugar? Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde Yo esté, estén también ustedes. Ya conocen el camino del lugar adonde voy”. Tomás le dijo: “Señor, no sabemos a dónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino?” Jesús le respondió: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto”. Felipe le dijo: “Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta”. Jesús le respondió: “Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen?  El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Cómo dices: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que Yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que digo no son mías: el Padre que habita en mí es el que hace las obras. Créanme: Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanlo, al menos, por las obras. Les aseguro que el que cree en mí hará también las obras que Yo hago, y aún mayores, porque Yo me voy al Padre”. Palabra del Señor.

Comentario:

Tomás y Felipe quieren saber todo sobre Dios; también nosotros. Nos parece un deseo bueno. Pero puede ser orgullo o prepotencia. Jesús nos invita a conocerlo a Él, a acoger su amor, a vivir de su vida, a meditar cada día sus palabras. Solo así podremos conocer al Padre. Jesús nos pide buscar a Dios con humildad. No será fácil. Pero solamente así podremos acercarnos a Dios.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

 

Semana del 20 al 26 de abril 2026

Después que Jesús alimentó a unos cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el agua. Al día siguiente, la multitud que se había quedado en la otra orilla vio que Jesús no había subido con sus discípulos en la única barca que había allí, sino que ellos habían partido solos. Mientras tanto, unas barcas de Tiberíades atracaron cerca del lugar donde habían comido el pan, después que el Señor pronunció la acción de gracias. Cuando la multitud se dio cuenta de que Jesús y sus discípulos no estaban en el lugar donde el Señor había multiplicado los panes, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla, le preguntaron, “Maestro, ¿cuándo llegaste?” Jesús les respondió: “Les aseguro que ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse. Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre; porque es Él a quien Dios, el Padre, marcó con su sello”. Ellos le preguntaron: “¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?” Jesús les respondió: “La obra de Dios es que ustedes crean en Aquél que Él ha enviado”. Palabra del Señor.

Comentario:

Nosotros buscamos a Jesús por distintos motivos: porque nos conviene, porque nos es útil. Jesús nos recuerda que Dios no está siempre donde lo esperamos. Nos pide acostumbrarnos a buscar las cosas de arriba, lo no perecedero. Además, nos pide buscar con fe, es decir, confiando plenamente en él. Esa es la obra principal de nuestra vida: creer.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

La gente preguntó a Jesús: “¿Qué signos haces para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: “Les dio de comer el pan bajado del cielo’”. Jesús respondió: “Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo”. Ellos le dijeron: “Señor, danos siempre de ese pan”. Jesús les respondió: “Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed”. Palabra del Señor.

Comentario:

Jesús dio de comer a una multitud. Pero para Él, eso no es suficiente. Se nos presenta con el pan verdadero. El pan que da vida, la vida verdadera. El pan es el símbolo de toda comida. Pidamos al Señor que nos ayude a buscar este pan, esta comida real para que así podamos vivir de su vida desde ahora. Recordemos también lo que significa la eucaristía para nosotros. Eso es lo que Jesús nos promete.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Jesús dijo a la gente: Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed. Pero ya les he dicho: ustedes me han visto y sin embargo no creen. Todo lo que me da el Padre viene a mí, y al que venga a mí Yo no lo rechazaré, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la de Aquél que me envió. La voluntad del que me ha enviado es que Yo no pierda nada de lo que Él me dio, sino que lo resucite en el último día. Esta es la voluntad de mi Padre: que el que ve al Hijo y cree en Él, tenga Vida eterna y que Yo lo resucite en el último día. Palabra del Señor.

Comentario:

Todos tenemos un gran deseo de no correr tanto, de no trabajar tanto, de no sufrir tanto para conseguir algo de comida. Jesús se nos ofrece como comida, una comida de vida, para toda la vida y toda la eternidad. La eucaristía que vivimos y recibimos cada domingo (o cada día) es este alimento espiritual. Pidamos al Señor que nos ayude a prepararnos para vivir mejor cada misa.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Jesús dijo a la gente: Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió; y Yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en el libro de los Profetas: “Todos serán instruidos por Dios”. Todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza viene a mí. Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios: sólo Él ha visto al Padre. Les aseguro que el que cree tiene Vida eterna. Yo soy el pan de Vida. Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron. Pero éste es el pan que desciende del cielo, para que aquél que lo coma no muera. Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que Yo daré es mi carne para la Vida del mundo. Palabra del Señor.

Comentario:

Para ser atraído, hay que tener afinidades. Nuestro Padre Dios nos atrae hacia Él. Nos da la vida, su vida en Jesús. Démonos cuenta que Dios actúa primero: nos atrae, nos da vida. Después nos pide acoger sus dones, su vida, su comida. Recordemos que vivir la misa es acercarnos a Dios: Dios permite que nosotros pecadores podamos recibir al mismo Dios.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Jesús dijo a los judíos: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que Yo daré es mi carne para la Vida del mundo”. Los judíos discutían entre sí, diciendo: “¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?” Jesús les respondió: “Les aseguro que, si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y Yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y Yo en él. Así como Yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente”. Jesús enseñaba todo esto en la sinagoga de Cafarnaúm. Palabra del Señor.

Comentario:

Muchas veces es difícil entender a Jesús y su mensaje si nos quedamos solo con nuestra razón humana: ¿Cómo comer a Jesús, si es un hombre?: no podemos entender, es imposible. Jesús quiere abrir nuestra mente y toda nuestra vida para que recibamos la vida que Dios nos da. La fe es abrir realmente nuestra mente para aprender a pensar como Dios, desde Dios.

 

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Jesús resucitado se apareció a los Once y les dijo: “Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación. El que crea y se bautice, se salvará. El que no crea, se condenará. Y estos prodigios acompañarán a los que crean: arrojarán a los demonios en mi Nombre y hablarán nuevas lenguas; podrán tomar a las serpientes con sus manos, y si beben un veneno mortal, no les hará ningún daño; impondrán las manos sobre a los enfermos y los sanarán”. Después de decirles esto, el Señor Jesús fue llevado al cielo y está sentado a la derecha de Dios. Ellos fueron a predicar por todas partes, y el Señor los asistía y confirmaba su palabra con los milagros que la acompañaban. Palabra del Señor.

Comentario:

Al final de su evangelio. Marcos nos ofrece un resumen de todo el evangelio y de la misión de Jesús que es nuestra misión: anunciar a todo el mundo el amor infinito de Dios sabiendo que el mismo Dios está presente en nosotros y nos acompaña en esta misión. Marcos termina diciendo que Jesús sube al cielo. Lo que significa que acompaña a todos sus discípulos en todo momento.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Jesús dijo a los fariseos: “Les aseguro que el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino trepando por otro lado, es un ladrón y un asaltante. El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. El guardián le abre y las ovejas escuchan su voz. Él llama a las suyas por su nombre y las hace salir. Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz. Nunca seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen su voz”. Jesús les hizo esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir. Entonces Jesús prosiguió: “Les aseguro que Yo soy la puerta de las ovejas. Todos aquellos que han venido antes de mí son ladrones y asaltantes, pero las ovejas no los han escuchado. Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento. El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero Yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia”. Palabra del Señor.

Comentario:

Aunque no haya mucho pastoreo en nuestra región, sabemos lo que es un pastor. Jesús se presenta como el Pastor verdadero: sus ovejas lo conocen, conocen su voz y lo siguen. Jesús también es la puerta del corral. Hay que pasar por Él para entrar en la vida verdadera y también para ser pastor. El criterio para reconocer as un buen pastor: viene para ayudar las ovejas a ser felices y libres. Jesús nos enseña a ser pastor como Él.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

 

Semana del 13 al 19 de abril 2026

Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, que era uno de los notables entre los judíos. Fue de noche a ver a Jesús y le dijo: “Maestro, sabemos que Tú has venido de parte de Dios para enseñar, porque nadie puede realizar los signos que Tú haces, si Dios no está con Él”. Jesús le respondió: “Te aseguro que el que no renace de lo alto no puede ver el Reino de Dios”. Nicodemo le preguntó: “¿Cómo un hombre puede nacer cuando ya es viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el vientre de su madre y volver a nacer?” Jesús le respondió: “Te aseguro que el que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: “Ustedes tienen que renacer de lo alto”. El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu”. Palabra del Señor.

Comentario:

Nicodemo es un hombre importante. Viene ver a Jesús de noche, a escondidas. No viene de día porque tiene miedo de que lo vean. Además, sus palabras muestran que le da mucha importancia a la reflexión y a la razón. La razón es importante. Con ella, podemos definir, conocer, pero también dominar. Nicodemo – y somos Nicodemo – quiere dominar todo; quiere entender todo según su lógica. Jesús nos invita a dejarnos llevar a algo más alto, a dejarnos inspirar por el Padre.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Jesús dijo a Nicodemo: “Ustedes tienen que renacer de lo alto. El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu”. “¿Cómo es posible todo esto?”, le volvió a preguntar Nicodemo. Jesús le respondió: “¿Tú, que eres maestro en Israel, no sabes estas cosas? Te aseguro que nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio. Si no creen cuando les hablo de las cosas de la tierra, ¿cómo creerán cuando les hable de las cosas del cielo? Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo. De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en Él tengan Vida eterna”. Palabra del Señor.

Comentario:

Jesús habla de nacer de lo alto. Nuestra razón es importante porque nos ayuda a ver, a comprender el mundo y a vivir en él. Pero es importante superar lo humano y ver desde Dios; tratar de entender todo desde Dios mismo. Empecemos buscando el sentido de la cruz, de tanto sufrimiento en este mundo. Sigamos buscando el sentido de la resurrección que es esperanza. Con Jesús, desde Dios, podemos ir más lejos.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Dijo Jesús: Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en Él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él no es condenado, el que no cree ya está condenado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios. En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas. En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios. Palabra del Señor

Comentario:

Tanto amó Dios al mundo. Es bueno recordar y repetir esta frase: resume todo el sentir de Dios para con nosotros. Dios nos ama; nos conoce muy bien y nos sigue amando. Nos invita a acoger este amor que Él nos da en su Hijo Jesús. Él es nuestra luz. Conociendo más a Jesús, podemos conocer más el amor de Dios y así dirigir nuestra vida en la luz.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Hablando acerca de Jesús, Juan Bautista dijo: El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra pertenece a la tierra y habla de la tierra. El que vino del cielo está por encima de todo. Él da testimonio de lo que ha visto y oído, pero nadie recibe su testimonio. El que recibe su testimonio certifica que Dios es veraz. El que Dios envió dice las palabras de Dios, porque Dios le da el Espíritu sin medida. El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en sus manos. El que cree en el Hijo tiene Vida eterna. El que se niega a creer en el Hijo no verá la Vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él. Palabra del Señor.

Comentario:

Jesús vino del Padre. Recordemos que Dios da el Espíritu sin medida a quien lo recibe en su Hijo. El Espíritu es la fuente del amor, de la generosidad, del conocimiento verdadero. Pero, sobre todo, es el que nos ayuda a acoger el amor de Dios con humildad, es decir, a creer profundamente. Pidamos la gracia de recibir este Espíritu y de entregarnos al amor.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Jesús atravesó el mar de Galilea, llamado Tiberíades. Lo seguía una gran multitud, al ver los signos que hacía sanando a los enfermos. Jesús subió a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos. Al levantar los ojos, Jesús vio que una gran multitud acudía a Él y dijo a Felipe: “¿Dónde compraremos pan para darles de comer?” Él decía esto para ponerlo a prueba, porque sabía bien lo que iba a hacer. Felipe le respondió: “Doscientos denarios no bastarían para que cada uno pudiera comer un pedazo de pan”. Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: “Aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada y dos pescados, pero ¿qué es esto para tanta gente?” Jesús le respondió: “Háganlos sentar”. Había mucho pasto en ese lugar. Todos se sentaron y eran unos cinco mil hombres. Jesús tomó los panes, dio gracias y los distribuyó a los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, dándoles todo lo que quisieron. Cuando todos quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: “Recojan los pedazos que sobran, para que no se pierda nada”. Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos que sobraron de los cinco panes de cebada. Al ver el signo que Jesús acababa de hacer, la gente decía: “Éste es, verdaderamente, el Profeta que debe venir al mundo”. Jesús, sabiendo que querían apoderarse de Él para hacerlo rey, se retiró otra vez solo a la montaña. Palabra del Señor.

Comentario:

Jesús da de comer a un gran gentío. Le preocupa no solo las enfermedades, sino también el hambre de la gente que lo sigue. Cuando Dios da no mide porque el amor se da sin calcular, y hay de sobra. Dios da gratuitamente y sin medir. Se preocupa de nosotros, de nuestras necesidades pequeñas e importantes. Pidamos la gracia de dejarnos llevar en su amor.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Al atardecer de ese mismo día, en que Jesús había multiplicado los panes, los discípulos bajaron a la orilla del mar y se embarcaron, para dirigirse a Cafarnaúm, que está en la otra orilla. Ya era de noche y Jesús aún no se había reunido con ellos. El mar estaba agitado, porque soplaba un fuerte viento. Cuando habían remado unos cinco kilómetros, vieron a Jesús acercarse a la barca caminando sobre el agua, y tuvieron miedo. Él les dijo: “Soy Yo, no teman”. Ellos quisieron subirlo a la barca, pero ésta tocó tierra enseguida en el lugar adonde iban. Palabra del Señor.

Comentario:

Lo propio de la tempestad es de impedirnos avanzar. ¡Tantas tempestades en nuestra vida y en nuestro mundo! Ellas nos impiden crecer, impiden la paz en nuestros corazones y en el mundo porque debemos poner nuestras fuerzas en combatirlas. Jesús viene y nos ayuda a dominar estas tempestades, nos da la paz que todos necesitamos. Así podemos crecer.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

El primer día de la semana, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén. En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido. Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran. Él les dijo: “¿Qué comentaban por el camino?” Ellos se detuvieron, con el semblante triste, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: “¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!” “¿Qué cosa?”, les preguntó. Ellos respondieron: “Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que fuera Él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas. Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles, asegurándoles que Él está vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a Él no lo vieron”. Jesús les dijo: “Hombres duros de entendimiento, ¡cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?” Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a Él. Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron: “Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba”. Él entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero Él había desaparecido de su vista. Y se decían: “¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?” En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos, y estos les dijeron: “Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!” Ellos, por su parte, contaron lo que ls había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. Palabra del Señor.

Comentario:

Los discípulos se alejan de Jerusalén sin ánimo, sin esperanza. Jesús – que ellos no reconocen – les devuelve el ánimo, hace arder sus corazones. Pongamos atención a nuestro corazón: ¿cuándo sentimos su ardor? Cada vez que sentimos una alegría profunda, verdadera, es signo de la presencia de Dios. Pidamos la gracia de poner atención: allí está lo más importante.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

 

Semana del 06 al 12 de abril 2026

Las mujeres, que habían ido al sepulcro, después de oír el anuncio del Ángel, se alejaron rápidamente de allí, atemorizadas pero llenas de alegría, y fueron a dar la noticia a los discípulos. De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: “Alégrense”. Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de Él. Y Jesús les dijo: “No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán”. Mientras ellas se alejaban, algunos guardias fueron a la ciudad para contar a los sumos sacerdotes todo lo que había sucedido. Éstos se reunieron con los ancianos y, de común acuerdo, dieron a los soldados una gran cantidad de dinero, con esta consigna: “Digan así: “Sus discípulos vinieron durante la noche y robaron su cuerpo, mientras dormíamos”. Si el asunto llega a oídos del gobernador, nosotros nos encargaremos de apaciguarlo y de evitarles a ustedes cualquier contratiempo”. Ellos recibieron el dinero y cumplieron la consigna. Esta versión se ha difundido entre los judíos hasta el día de hoy. Palabra del Señor

Comentario:

Es difícil explicar la resurrección y para muchos, es difícil creer. Las mujeres del evangelio dudan y los judíos apuestan por una trampa. La fe en la resurrección es una gracia que hay que recibir. Pidamos la gracia de dejarnos conducir por el mismo Señor. Él envía a sus discípulos a Galilea, lugar de origen, lugar donde pueden recordar todas las enseñanzas de Jesús. Revisemos nuestros orígenes. El Señor allí está presente.

R.P. André Hubert, sj
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María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. Ellos le dijeron: “Mujer, ¿por qué lloras?” María respondió: “Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto”. Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció. Jesús le preguntó: “Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?” Ella, pensando que era el cuidador del huerto, le respondió: “Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo”. Jesús le dijo: “¡María!” Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: “¡Raboní!”, es decir, “¡Maestro!” Jesús le dijo: “No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: “Subo a mi Padre y Padre de ustedes; a mi Dios y Dios de ustedes””. María Magdalena, fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que Él le había dicho esas palabras. Palabra del Señor.

Comentario:

María, hermana de Lázaro, no había entendido todavía la resurrección. Estaba buscando a un muerto. Solo reconoce a Jesús cuando éste pronuncia su nombre. El nombre, cada nombre, mi nombre representa totalmente mi realidad. Cada día el Señor pronuncia mi nombre con cariño. Es la mejor prueba de su realidad y de su amor por cada uno de nosotros.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

El primer día de la semana, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén. En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido. Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran. Él les dijo: “¿Qué comentaban por el camino?” Ellos se detuvieron, con el semblante triste, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: “¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!” “¿Qué cosa?”, les preguntó. Ellos respondieron: “Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que fuera Él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas. Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles, asegurándoles que Él está vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a Él no lo vieron”. Jesús les dijo: “¡Hombres duros de entendimiento cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?” Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a Él. Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron: “Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba”. Él entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero Él había desaparecido de su vista. Y se decían: “¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?” En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos, y éstos les dijeron: “Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!” Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. Palabra del Señor.

Comentario:

Los discípulos viajan a Emaús llenos de pesimismo, Solo reconocen a Jesús cuando parte el pan. Pero antes – y ellos lo reconocen – ya ardían sus corazones por la presencia y las palabras de Jesús. Pidamos la gracia de reconocer, de darnos cuenta cuando ‘arde’ nuestro corazón. Darnos cuenta de esta realidad, dar gracias a Dios por reconocer su presencia es parte esencial de la vida cristiana.

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Vice Gran Canciller UCN

Los discípulos, que retornaron de Emaús a Jerusalén, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan. Todavía estaban hablando de esto, cuando Jesús se apareció en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Atónitos y llenos de temor, creían ver un espíritu, pero Jesús les preguntó: “¿Por qué están turbados y se les presentan esas dudas? Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y vean. Un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que yo tengo”. Y diciendo esto, les mostró sus manos y sus pies. Era tal la alegría y la admiración de los discípulos, que se resistían a creer. Pero Jesús les preguntó: “¿Tienen aquí algo para comer?” Ellos le presentaron un trozo de pescado asado; Él lo tomó y lo comió delante de todos. Después les dijo: “Cuando todavía estaba con ustedes, Yo les decía: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito de mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos”. Entonces les abrió la inteligencia para que pudieran comprender las Escrituras, y añadió: “Así estaba escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de todo esto”. Palabra del Señor.

Comentario:

Jesús se deja tocar, pide comida. No es un fantasma. Cristo realmente ha resucitado: tiene un cuerpo real (aunque resucitado). Nuestra inteligencia es pobre frente al misterio. Pero aceptar el misterio nos ayuda a ver la verdad, a acercarnos a Dios mismo. Tenemos que aceptar que Jesús abra nuestra inteligencia. Tenemos que aceptar que ser inteligente no es solo recolver todo desde nuestros razonamientos.

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Vice Gran Canciller UCN

Jesús se apareció otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Sucedió así: estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo: “Voy a pescar”. Ellos le respondieron: “Vamos también nosotros”. Salieron y subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron nada. Al amanecer, Jesús estaba en la orilla, aunque los discípulos no sabían que era Él. Jesús les dijo: “Muchachos, ¿tienen algo para comer?” Ellos respondieron: “No”. Él les dijo: “Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán”. Ellos la tiraron y se llenó tanto de peces que no podían arrastrarla. El discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: “¡Es el Señor!” Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua. Los otros discípulos fueron en la barca, arrastrando la red con los peces, porque estaban sólo a unos cien metros de la orilla. Al bajar a tierra vieron que había fuego preparado, un pescado sobre las brasas y pan. Jesús les dijo: “Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar”. Simón Pedro subió a la barca y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: eran ciento cincuenta y tres y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió. Jesús les dijo: “Vengan a comer”. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: “¿Quién eres?”, porque sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús resucitado se apareció a sus discípulos. Palabra del Señor

Comentario:

Esta escena llena de belleza y de cariño, quizás contiene en sí la mejor prueba de la realidad histórica. Jesús se preocupa del bienestar de sus discípulos en los más mínimos detalles. No hay gritos ni grandes palabras. Solo un relato simple, una simple visita. Jesús nos visita cada día, sin forzar, sin cosas maravillosas. Nos invita a reconocerlo y a aceptar sus regalos sencillos.

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Jesús, que había resucitado a la mañana del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, aquélla de quien había echado siete demonios. Ella fue a contarlo a los que siempre lo habían acompañado, que estaban afligidos y lloraban. Cuando la oyeron decir que Jesús estaba vivo y que lo había visto, no le creyeron. Después, se mostró con otro aspecto a dos de ellos, que iban caminando hacia un poblado. Y ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero tampoco les creyeron. Enseguida, se apareció a los Once, mientras estaban comiendo, y les reprochó su incredulidad y su obstinación porque no habían creído a quienes lo habían visto resucitado. Entonces les dijo: “Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación”. Palabra del Señor.

Comentario:

Jesús reprocha a sus amigos su incredulidad. Se quedaron en sus razonamientos humanos. La resurrección nos abre a un más allá de la razón. Jesús nos invita a abrirnos. Él, y solo Él, puede abrir nuestra inteligencia y entonces, solo entonces, somos capaces de aceptar la misión de anunciar la Buena Noticia.

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Al atardecer del primer día de la semana, los discípulos se encontraban con las puertas cerradas por temor a los judíos. Entonces llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: “¡La paz esté con ustedes!” Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: “¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, Yo también los envío a ustedes”. Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: “Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan”. Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron: “¡Hemos visto al Señor!” Él les respondió: “Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré”. Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: “¡La paz esté con ustedes!” Luego dijo a Tomás: “Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe”. Tomás respondió: “¡Señor mío y Dios mío!” Jesús le dijo: “Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!” Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre. Palabra del Señor.

Comentario:

Tomás no cree. No cree porque creer en la resurrección es difícil y no cree porque está ausente de la comunidad. La fe es abrir a la realidad de Dios y esto solo es posible si vivimos en comunidad. Nuestra sociedad nos impulsa al individualismo. El Señor nos invita a participar de su comunidad. Creer y vivir en comunidad es una misma gracia que el Señor nos otorga cada día, especialmente en este tiempo pascual.

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Semana del 30 de marzo al 05 de abril 2026

Seis días antes de la Pascua, Jesús volvió a Betania, donde estaba Lázaro, al que había resucitado. Allí le prepararon una cena: Marta servía y Lázaro era uno de los comensales. María, tomando una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, ungió con él los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. La casa se impregnó con la fragancia del perfume. Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dijo: “¿Por qué no se vendió este perfume en trescientos denarios para dárselos a los pobres?” Dijo esto, no porque se interesaba por los pobres, sino porque era ladrón y, como estaba encargado de la bolsa común, robaba lo que se ponía en ella. Jesús le respondió: “Déjala. Ella tenía reservado este perfume para el día de mi sepultura. A los pobres los tienen siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre”. Entre tanto, una gran multitud de judíos se enteró de que Jesús estaba allí, y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado. Entonces los sumos sacerdotes resolvieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos se apartaban de ellos y creían en Jesús, a causa de él. Palabra del Señor

Comentario:

Empezamos la Semana Santa. María, hermana de lázaro, quiere expresar todo su cariño hacia Jesús con perfume y algunos la critican. En Semana Santa, es importante hacer algún gesto para mostrar nuestra cercanía, nuestro cariño hacia Jesús que viene a dar su vida por nosotros. Los gestos pueden ser varios: gestos de cariño, de perdón o de pedir perdón; sobre todo, oración pidiendo perdón a Dios por alejarnos de Él.

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Jesús, estando en la mesa con sus discípulos, se estremeció y manifestó claramente: “Les aseguro que uno de ustedes me entregará”. Los discípulos se miraban unos a otros, no sabiendo a quién se refería. Uno de ellos -el discípulo al que Jesús amaba- estaba reclinado muy cerca de Jesús. Simón Pedro le hizo una seña y le dijo: “Pregúntale a quién se refiere”. Él se reclinó sobre Jesús y le preguntó: “Señor, ¿quién es?” Jesús le respondió: “Es aquel al que daré el bocado que voy a mojar en el plato”. Y mojando un bocado, se lo dio a Judas, hijo de Simón Iscariote. En cuanto recibió el bocado, Satanás entró en él. Jesús le dijo entonces: “Realiza pronto lo que tienes que hacer”. Pero ninguno de los comensales comprendió por qué le decía esto. Como Judas estaba encargado de la bolsa común, algunos pensaban que Jesús quería decirle: “Compra lo que hace falta para la fiesta”, o bien que le mandaba dar algo a los pobres. Y en seguida, después de recibir el bocado, Judas salió. Ya era de noche. Después que Judas salió, Jesús dijo: “Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en Él. Si Dios ha sido glorificado en Él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto. Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes. Ustedes me buscarán, pero Yo les digo ahora lo mismo que dije a los judíos: “A donde Yo voy, ustedes no pueden venir””. Simón Pedro le dijo: “Señor, ¿a dónde vas?” Jesús le respondió: “Adonde Yo voy, tú no puedes seguirme ahora, pero más adelante me seguirás”. Pedro le preguntó: “¿Señor, por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti”. Jesús le respondió: “¿Darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces”. Palabra del Señor

Comentario:

Jesús anuncia la traición. Nadie lo comprende. Ni siquiera lo entiende Pedro que tanto quiere a Jesús. Veamos nuestras vidas. ¡Tantas traiciones hacia Jesús y hacia los demás! Jesús nos deja libres, no nos critica. Sigue su misión. No siempre podemos entenderlo. Hoy como siempre, se entrega para salvarnos sabiendo que somos pecadores, que lo traicionamos. En nuestra oración, démonos cuenta de nuestra realidad y de su amor.

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Uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo: “¿Cuánto me darán si se lo entrego?” Y resolvieron darle treinta monedas de plata. Desde ese momento, Judas buscaba una ocasión favorable para entregarlo. El primer día de los Ácimos, los discípulos fueron a preguntar a Jesús: “¿Dónde quieres que te preparemos la comida pascual?” Él respondió: “Vayan a la ciudad, a la casa de tal persona, y díganle: “El Maestro dice: Se acerca mi hora, voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos”. Ellos hicieron como Jesús les había ordenado y prepararon la Pascua. Al atardecer, estaba a la mesa con los Doce y, mientras comían, Jesús les dijo: “Les aseguro que uno de ustedes me entregará”. Profundamente apenados, ellos empezaron a preguntarle uno por uno: “¿Seré yo, Señor?” Él respondió: “El que acaba de servirse de la misma fuente que Yo, ése me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!” Judas, el que lo iba a entregar, le preguntó: “¿Seré yo, Maestro?” “Tú lo has dicho”, le respondió Jesús. Palabra del Señor

Comentario:

Judas realiza su propósito de traicionar. Es imposible para nosotros entender lo que hizo Judas: él estuvo siempre al lado de Jesús; Jesús mismo eligió como cercano suyo. No lo critiquemos. Veamos nuestras vidas, sin miedo. Pidamos perdón por nuestras traiciones. Reconocer nuestras fallas es el primer paso para reconciliarnos y acoger el perdón.

 

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Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, Él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin. Durante la Cena, cuando el demonio ya había inspirado a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarlo, sabiendo Jesús que el Padre había puesto todo en sus manos y que Él había venido de Dios y volvía a Dios, se levantó de la mesa, se sacó el manto y tomando una toalla se la ató a la cintura. Luego echó agua en un recipiente y empezó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía en la cintura. Cuando se acercó a Simón Pedro, éste le dijo: “¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?” Jesús le respondió: “No puedes comprender ahora lo que estoy haciendo, pero después lo comprenderás”. “No, le dijo Pedro, ¡Tú jamás me lavarás los pies a mí!” Jesús le respondió: “Si Yo no te lavo, no podrás compartir mi suerte”. “Entonces, Señor, le dijo Simón Pedro, ¡no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza!” Jesús le dijo: “El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque está completamente limpio. Ustedes también están limpios, aunque no todos”. Él sabía quién lo iba a entregar, y por eso había dicho: “No todos ustedes están limpios”. Después de haberles lavado los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo: “¿comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y tienen razón, porque lo soy. Si Yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que Yo hice con ustedes”. Palabra del Señor

Comentario:

Jueves Santo. Jesús lava los pies de sus discípulos. Lavar los pies era un trabajo de esclavo. Jesús es el maestro, y lo proclama. Y porque es el maestro, hace el trabajo de un esclavo. Tratemos de imaginar la escena: Dios se rebaja, se pone a mis pies para lavar mis pies y mis faltas. ¡Cuánto amor! Pidamos la gracia a acoger este amor con humildad.

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Jesús, cargando sobre sí la cruz, salió de la ciudad para dirigirse al lugar llamado “del Cráneo”, en hebreo “Gólgota”. Allí lo crucificaron; y con Él a otros dos, uno a cada lado y Jesús en el medio. Pilato redactó una inscripción que decía: “Jesús el Nazareno, rey de los judíos”, y la colocó sobre la cruz. Muchos judíos leyeron esta inscripción, porque el lugar donde Jesús fue crucificado quedaba cerca de la ciudad y la inscripción estaba en hebreo, latín y griego. Los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: “No escribas: “El rey de los judíos”, sino: Éste ha dicho: Yo soy el rey de los judíos””. Pilato respondió: “Lo escrito, escrito está”. Después que los soldados crucificaron a Jesús, tomaron sus vestiduras y las dividieron en cuatro partes, una para cada uno. Tomaron también la túnica, y como no tenía costura, porque estaba hecha de una sola pieza de arriba abajo, se dijeron entre sí: “No la rompamos. Vamos a sortearla, para ver a quién le toca”. Así se cumplió la Escritura que dice: “Se repartieron mis vestiduras y sortearon mi túnica”. Esto fue lo que hicieron los soldados.  Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien Él amaba, Jesús le dijo: “Mujer, aquí tienes a tu hijo”. Luego dijo al discípulo: “Aquí tienes a tu madre”. Y desde aquella Hora, el discípulo la recibió como suya. Después, sabiendo que ya todo estaba cumplido, y para que la Escritura se cumpliera hasta el final, Jesús dijo: “Tengo sed”. Había allí un recipiente lleno de vinagre; empaparon en él una esponja, la ataron a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca. Después de beber el vinagre, dijo Jesús: “Todo se ha cumplido”. E inclinando la cabeza, entregó el espíritu. Palabra del Señor.

Comentario:

Viernes Santo. Recordamos la pasión y muerte de Jesús. Es bueno volver a leer el texto completo de la Pasión y leerlo lentamente para darnos cuenta de todas las etapas. Así aprenderemos a darnos cuenta de tanto sufrimiento, es decir, de tanto amor. Podemos pedir al Señor que nos ayude a acoger todo su amor.

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Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a visitar el sepulcro. De pronto, se produjo un gran temblor de tierra: el Ángel del Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella. Su aspecto era como el de un relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve. Al verlo, los guardias temblaron de espanto y quedaron como muertos. El Ángel dijo a las mujeres: “No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado. No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde estaba y vayan enseguida a decir a sus discípulos: “Ha resucitado de entre los muertos, e irá antes que ustedes a Galilea: allí lo verán”. Esto es lo que tenía que decirles”. Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y corrieron a dar la noticia a los discípulos. De pronto, Jesús salió al encuentro y las saludó, diciendo: “Alégrense”. Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de Él. Y Jesús les dijo: “No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán. Palabra del Señor

Comentario:

Sábado Santo. Durante el día, no hay misa ni celebración religiosa. Es tiempo de meditar y recordar la muerte de Jesús y todo lo que hizo en su tiempo y todo lo que hace en nuestros días, para así prepararnos profundamente para la celebración nocturna. Allí recordamos y anunciamos que Cristo ha resucitado. Esa es nuestra alegría, es la base de nuestra fa y de nuestra esperanza.

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El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”. Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: Él también vio y creyó. Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, Él debía resucitar de entre los muertos. Palabra del Señor

Comentario:

Pedro y Juan corren hacia el sepulcro. El cariño hacia Jesús los hace correr. Pero buscar a un muerto. No ven a Jesús resucitado. Juan vio y creyó. El cuerpo desapareció, pero el discípulo se da cuenta que el cuerpo no ha sido robado: resucitó. No busquemos entender lo que pasó. Pidamos la gracia de agradecer la esperanza que nos regala Jesús resucitado: ni el pecado, ni la muerte tienen la última palabra.

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Semana del 23 al 29 de marzo 2026

Jesús dirigió la palabra a los fariseos, diciendo: “Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la Vida”. Los fariseos le dijeron: “Tú das testimonio de ti mismo: tu testimonio no vale”. Jesús les respondió: “Aunque Yo doy testimonio de mí, mi testimonio vale porque sé de dónde vine y a dónde voy; pero ustedes no saben de dónde vengo ni a dónde voy. Ustedes juzgan según la carne; Yo no juzgo a nadie, y si lo hago, mi juicio vale porque no soy Yo solo el que juzga, sino Yo y el Padre que me envió. En la Ley de ustedes está escrito que el testimonio de dos personas es válido. Yo doy testimonio de mí mismo, y también el Padre que me envió da testimonio de mí”. Ellos le preguntaron: “¿Dónde está tu Padre?” Jesús respondió: “Ustedes no me conocen ni a mí ni a mi Padre; si me conocieran a mí, conocerían también a mi Padre”. Él pronunció estas palabras en la sala del Tesoro, cuando enseñaba en el Templo. Y nadie lo detuvo, porque aún no había llegado su hora. Palabra del Señor

Comentario:

Yo soy la luz. La luz es algo que no se puede esconder y es algo que es útil para otros, no para ella misma. Jesús se proclama a sí mismo como la luz del mundo. Viene a iluminarnos desde el Padre. No viene para su provecho, se entrega totalmente. Así es Dios. Se entrega por nosotros aun cuando no nos damos cuenta. Pidamos la gracia de acoger esta luz y de entregarnos como Jesús, con Jesús.

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Jesús dijo a los fariseos: “Yo me voy, y ustedes me buscarán y morirán en su pecado. Adonde Yo voy, ustedes no pueden ir”. Los judíos se preguntaban: “¿Pensará matarse para decir: ‘Adónde Yo voy, ustedes no pueden ir’?” Jesús continuó: “Ustedes son de aquí abajo, Yo soy de lo alto. Ustedes son de este mundo, Yo no soy de este mundo. Por eso les he dicho: “Ustedes morirán en sus pecados”. Porque si no creen que Yo Soy, morirán en sus pecados”. Los judíos le preguntaron: “¿Quién eres Tú?” Jesús les respondió: “Esto es precisamente lo que les estoy diciendo desde el comienzo. De ustedes, tengo mucho que decir, mucho que juzgar. Pero Aquél que me envió es veraz, y lo que aprendí de Él es lo que digo al mundo”. Ellos no comprendieron que Jesús se refería al Padre. Después les dijo: “Cuando ustedes hayan levantado en alto al Hijo del hombre, entonces sabrán que Yo Soy y que no hago nada por mí mismo, sino que digo lo que el Padre me enseñó. El que me envió está conmigo y no me ha dejado solo, porque Yo hago siempre lo que le agrada”. Mientras hablaba así, muchos creyeron en Él. Palabra del Señor

Comentario:

Los fariseos reaccionar desde sus pensamientos humanos. Jesús quiere elevarlos y elevarnos hasta conocerlo profundamente. Jesús habla de ser elevado. Se trata de la cruz, pero también y, sobre todo, de elevarnos más allá de nuestros pensamientos. Quiere que aprendamos a pensar como Dios o, por los menos, a acoger a Dios en nuestras vidas y pensamientos. Pidamos la gracia de abrirnos plenamente.

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Vice Gran Canciller UCN

El Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María. El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: “¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo”. Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. Pero el Ángel le dijo: “No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin”. María dijo al Ángel: “¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relación con ningún hombre?” El Ángel le respondió: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios”. María dijo entonces: “Yo soy la servidora del Señor, que se haga en mí según tu Palabra”. Y el Ángel se alejó. Palabra del Señor.

Comentario:

Anunciación. María, la pequeña, la humilde, acoge al ángel, al enviado de Dios. Acoge, es decir, acepta la misión, sin entender, con respeto, sin remordimiento. Se entrega entera. Así nace Dios en nuestro mundo. Hoy en nuestro mundo en desconcierto y con angustia, Dios quiere nacer. Necesitó de María. Hoy necesita de nosotros, seres pobres, humildes, entregados a la misión. Pidamos a María que nos enseñe su fuerza.

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Jesús dijo a los judíos: “Les aseguro que el que es fiel a mi palabra no morirá jamás”. Los judíos le dijeron: “Ahora sí estamos seguros de que estás endemoniado. Abraham murió, los profetas también, y Tú dices: ‘El que es fiel a mi palabra no morirá jamás’. ¿Acaso eres más grande que nuestro padre Abraham, el cual murió? Los profetas también murieron. ¿Quién pretendes ser Tú?” Jesús respondió: “Si Yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. Es mi Padre el que me glorifica, el mismo al que ustedes llaman “nuestro Dios”, y al que, sin embargo, no conocen. Yo lo conozco y si dijera: “No lo conozco”, sería, como ustedes, un mentiroso. Pero Yo lo conozco y soy fiel a su palabra. Abraham, el padre de ustedes, se estremeció de gozo, esperando ver mi Día: lo vio y se llenó de alegría”. Los judíos le dijeron: “Todavía no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?” Jesús respondió: “Les aseguro que desde antes que naciera Abraham, Yo Soy”. Entonces tomaron piedras para apedrearlo, pero Jesús se escondió y salió del Templo. Palabra de Dios

Comentario:

Conocer a Dios es vivir plenamente. Para eso, tenemos que conocer a Jesús, ponernos a su servicio, acoger su amor y su perdón. Esto cambia toda la vida, supera hasta la muerte. Si nos quedamos solamente a ver el mundo según nuestra naturaleza humana, pecadora, quedamos muy corto. Pero si nos ponemos en las manos de Dios, si vemos el mundo desde Dios, como lo ve Dios, todo cambia. Pidamos la gracia de atrevernos a aprender.

R.P. André Hubert, sj
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Los judíos tomaron piedras para apedrear a Jesús. Entonces Jesús dijo: “Les hice ver muchas obras buenas que vienen del Padre; ¿por cuál de ellas me quieren apedrear?” Los judíos le respondieron: “No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino porque blasfemas, ya que, siendo hombre, te haces Dios”. Jesús les respondió: “¿No está escrito en la Ley de ustedes: “Yo dije: Ustedes son dioses”? Si la Ley llama dioses a los que Dios dirigió su Palabra -y la Escritura no puede ser anulada- ¿cómo dicen: ‘Tú blasfemas’, a quien el Padre santificó y envió al mundo, porque dijo: ‘Yo soy Hijo de Dios’? Si no hago las obras de mi Padre, no me crean; pero si las hago, crean en las obras, aunque no me crean a mí. Así reconocerán y sabrán que el Padre está en mí y Yo en el Padre”. Ellos intentaron nuevamente detenerlo, pero Él se les escapó de las manos. Jesús volvió a ir al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan Bautista había bautizado, y se quedó allí. Muchos fueron a verlo, y la gente decía: “Juan no ha hecho ningún signo, pero todo lo que dijo de este hombre era verdad”. Y en ese lugar muchos creyeron en Él. Palabra del Señor

Comentario:

Los judíos quieren matar a Jesús. Se quedan solamente con sus ideas propias; les es imposible abrirse. Es difícil para nosotros, seres humanos, salir de nuestras ideas, moldeadas en nuestra educación y en nuestra cultura. Sin embargo, esto es indispensable, si queremos vivir con los demás, vivir con Dios, o simplemente vivir. Pidamos la gracia de darnos cuenta de la vida nueva que Dios nos ofrece en Jesús, la gracia de abrir totalmente a esta vida.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Al ver que Jesús había resucitado a Lázaro, muchos de los judíos que habían ido a casa de María creyeron en Él. Pero otros fueron a ver a los fariseos y les contaron lo que Jesús había hecho. Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron un Consejo y dijeron: “¿Qué hacemos? Porque este hombre realiza muchos signos. Si lo dejamos seguir así, todos creerán en Él, y los romanos vendrán y destruirán nuestro Lugar santo y nuestra nación”. Uno de ellos, llamado Caifás, que era Sumo Sacerdote ese año, les dijo: “Ustedes no comprenden nada. ¿No les parece preferible que un solo hombre muera por el pueblo y no que perezca la nación entera?”  No dijo eso por sí mismo, sino que profetizó como Sumo Sacerdote que Jesús iba a morir por la nación, y no solamente por la nación, sino también para congregar en la unidad a los hijos de Dios que estaban dispersos. A partir de ese día, resolvieron que debían matar a Jesús. Por eso Él no se mostraba más en público entre los judíos, sino que fue a una región próxima al desierto, a una ciudad llamada Efraím, y allí permaneció con sus discípulos. Como se acercaba la Pascua de los judíos, mucha gente de la región había subido a Jerusalén para purificarse. Buscaban a Jesús y se decían unos a otros en el Templo: “¿Qué les parece, vendrá a la fiesta o no?” Los sumos sacerdotes y los fariseos habían dado orden de que si alguno conocía el lugar donde Él se encontraba, lo hiciera saber para detenerlo. Palabra del Señor.

Comentario:

Los judíos deciden la muerte de Jesús: es más importante salvar el templo de la destrucción que escuchar a un hombre que viene de Dios. Caifás profetiza la muerte. Al terminar la cuaresma, quizás sea bueno meditar este ‘profecía’: Jesús va a morir para salvar a todo el pueblo. Nos pide a nosotros morir a nosotros mismos y a nuestro mundo si queremos salvarlo.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Cuando se acercaron a Jerusalén y llegaron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió a dos discípulos, diciéndoles: «Vayan al pueblo que está enfrente, e inmediatamente encontrarán un asna atada, junto con su cría. Desátenla y tráiganmelos. Y si alguien les dice algo, respondan: «El Señor los necesita y los va a devolver enseguida»». Esto sucedió para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: «Digan a la hija de Sion: Mira que tu rey viene hacia ti, humilde y montado sobre un asna, sobre la cría de un animal de carga». Los discípulos fueron e hicieron lo que Jesús les había mandado; trajeron el asna y su cría, pusieron sus mantos sobre ellos y Jesús montó sobre él. Entonces la mayor parte de la gente comenzó a extender sus mantos sobre el camino, y otros cortaban ramas de los árboles y lo cubrían con ellas. La multitud que iba delante de Jesús y la que lo seguía gritaba: «¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!». Cuando entró en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, y preguntaban: «¿Quién es éste?» y la gente respondía: «Es Jesús, el profeta de Nazaret en Galilea». Palabra del Señor.

Comentario:

Domingo de Ramos. La Iglesia nos ofrece la liturgia precisa. El primer evangelio nos relata la alabanza que recibe Jesús. En seguida, todos ofrecemos una pequeña peregrinación proclamando nuestra alabanza. En la misa, leemos el relato de la Pasión: el Cristo alabado al inicio viene a ser el que se entrega a la muerte. Es el mismo Jesús. Es el mismo que recibimos en la comunión. Iniciamos la semana que llamamos ‘Santa’: es el centro del año y de nuestra vida. Pidamos la gracia de vivirla profundamente.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

 

Semana del 16 al 22 de marzo 2026

Jesús partió hacia Galilea. El mismo había declarado que un profeta no goza de prestigio en su propio pueblo. Pero cuando llegó, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la Pascua; ellos también, en efecto, habían ido a la fiesta. Y fue otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real, que tenía su hijo enfermo en Cafarnaúm. Cuando supo que Jesús había llegado de Judea y se encontraba en Galilea, fue a verlo y le suplicó que bajara a sanar a su hijo moribundo. Jesús le dijo: “Si no ven signos y prodigios, ustedes no creen”. El funcionario le respondió: “Señor, baja antes que mi hijo se muera”. “Vuelve a tu casa, tu hijo vive”, le dijo Jesús. El hombre creyó en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino. Mientras descendía, le salieron al encuentro sus servidores y le anunciaron que su hijo vivía. Él les preguntó a qué hora se había sentido mejor. “Ayer, a la una de la tarde, se le fue la fiebre”, le respondieron. El padre recordó que era la misma hora en que Jesús le había dicho: “Tu hijo vive”. Y entonces creyó él y toda su familia. Éste fue el segundo signo que hizo Jesús cuando volvió de Judea a Galilea. Palabra del Señor

Comentario:

Un milagro hecho a distancia. Jesús no necesita estar presente físicamente para mostrar su poder, es decir, para ofrecer su amor. Su amor es inmenso. Por otra parte, el funcionario cree en Jesús aun cuando todavía no ve el resultado del milagro. Su fe es inmensa. Su fe vuelve a crecer cuando verifica el milagro. La fe está en nosotros. Dios nos pide creer en Él, en su presencia amorosa. Démonos cuenta de esta presencia de Dios. Así crecerá nuestra fe y nuestra alegría.

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Vice Gran Canciller UCN

Se celebraba una fiesta de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Junto a la puerta de las Ovejas, en Jerusalén, hay una piscina llamada en hebreo “Betsata”, que tiene cinco pórticos. Bajo estos pórticos yacía una multitud de enfermos, ciegos, lisiados y paralíticos. Había allí un hombre que estaba enfermo desde hacía treinta y ocho años. Al verlo tendido, y sabiendo que hacía tanto tiempo que estaba así, Jesús le preguntó: “¿Quieres sanarte?” Él respondió: “Señor, no tengo a nadie que me sumerja en la piscina cuando el agua comienza a agitarse; mientras yo voy, otro desciende antes”. Jesús le dijo: “Levántate, toma tu camilla y camina”. En seguida el hombre se sanó, tomó su camilla y empezó a caminar. Era un sábado, y los judíos dijeron entonces al que acababa de ser sanado: “Es sábado. No te está permitido llevar tu camilla”. Él les respondió: “El que me sanó me dijo: “Toma tu camilla y camina”“. Ellos le preguntaron: “¿Quién es ese hombre que te dijo: ‘Toma tu camilla y camina’?” Pero el enfermo lo ignoraba, porque Jesús había desaparecido entre la multitud que estaba allí. Después, Jesús lo encontró en el Templo y le dijo: “Has sido sanado; no vuelvas a pecar, de lo contrario te ocurrirán peores cosas todavía”. El hombre fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había sanado. Ellos atacaban a Jesús, porque hacía esas cosas en sábado. Él les respondió: “Mi Padre trabaja siempre, y Yo también trabajo”. Pero para los judíos ésta era una razón más para matarlo, porque no sólo violaba el sábado, sino que se hacía igual a Dios, llamándolo su propio Padre. Palabra del Señor

Comentario:

Jesús anuncia que Dios, su Padre, trabaja siempre. Dios siempre está atento a su creación, especialmente a los seres humanos, y de manera especial, a los más necesitados, como al enfermo del evangelio de hoy. Al parecer, este enfermo no se da cuenta de la presencia de Dios en su vida. Pidamos al Señor la gracia de darnos cuenta de su presencia. Cada día, Él nos regala el don de la vida.

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Jesús dijo a los judíos: “Mi Padre trabaja siempre, y Yo también trabajo”. Pero para los judíos ésta era una razón más para matarlo, porque no sólo violaba el sábado, sino que se hacía igual a Dios, llamándolo su propio Padre. Entonces Jesús tomó la palabra diciendo: “Les aseguro que el Hijo no puede hacer nada por sí mismo sino solamente lo que ve hacer al Padre; lo que hace el Padre, lo hace igualmente el Hijo. Porque el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que hace. Y le mostrará obras más grandes aún, para que ustedes queden maravillados. Así como el Padre resucita a los muertos y les da vida, del mismo modo el Hijo da vida al que Él quiere. Porque el Padre no juzga a nadie: Él ha puesto todo juicio en manos de su Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió. Les aseguro que el que escucha mi palabra y cree en Aquél que me ha enviado, tiene Vida eterna y no está sometido al juicio, sino que ya ha pasado de la muerte a la Vida. Les aseguro que la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oigan, vivirán. Así como el Padre tiene la vida en sí mismo, del mismo modo ha concedido a su Hijo tener la vida en sí mismo, y le dio autoridad para juzgar porque Él es el Hijo del hombre. No se asombren: se acerca la hora en que todos los que están en las tumbas oirán su voz y saldrán de ellas: los que hayan hecho el bien, resucitarán para la Vida; los que hayan hecho el mal, resucitarán para el juicio. Nada puedo hacer por mí mismo. Yo juzgo de acuerdo con lo que oigo, y mi juicio es justo, porque lo que Yo busco no es hacer mi voluntad, sino la de Aquél que me envió”. Palabra del Señor

Comentario:

Dios trabaja siempre y Jesús también. Jesús se identifica con el Padre. Por eso, es tan importante conocer cada vez más a Jesús. Con Él y por Él, conocemos al Padre y su amor, entramos en su vida y nos damos cuenta que, sin Él, no somos nada, no podemos nada. ¡Cuánta gratitud le debemos! Esa es la vida verdadera.

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Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo. Éste fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo, no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto. Mientras pensaba esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: “José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque Él salvará a su Pueblo de sus pecados”. Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado. Palabra del Señor

Comentario:

José es el hombre justo que Dios eligió para ser padre adoptivo de Jesús. En el evangelio, José no habla. Solamente escucha el llamado que Dios le hace y obedece. Dentro de todas sus preocupaciones, José está atento, abierto a la voluntad de Dios. Es nuestro ejemplo. Podemos hablar, actuar, orar mucho, pero lo importante, lo primero es poner atención a lo que Dios quiere y acogerlo.

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Vice Gran Canciller UCN

Jesús recorría la Galilea; no quería transitar por Judea porque los judíos intentaban matarlo. Se acercaba la fiesta judía de las Chozas. Cuando sus hermanos subieron para la fiesta, también Él subió, pero en secreto, sin hacerse ver. Promediaba ya la celebración de la fiesta, cuando Jesús subió al Templo y comenzó a enseñar. Algunos de Jerusalén decían: “¿No es éste Aquél a quien querían matar? ¡Y miren como habla abiertamente y nadie le dice nada! ¿Habrán reconocido las autoridades que es verdaderamente el Mesías? Pero nosotros sabemos de dónde es éste; en cambio, cuando venga el Mesías, nadie sabrá de dónde es”. Entonces Jesús, que enseñaba en el Templo, exclamó: “¿Así que ustedes me conocen y saben de dónde soy? Sin embargo, Yo no vine por mi propia cuenta; pero el que me envió dice la verdad, y ustedes no lo conocen. Yo sí lo conozco, porque vengo de Él y es Él el que me envió”. Entonces quisieron detenerlo, pero nadie puso las manos sobre Él, porque todavía no había llegado su hora. Palabra del Señor

Comentario:

Muchos tienen algunas ideas sobre quién es Jesús. Hoy pasa lo mismo. Jesús nos pide acogerlo a Él, no a nuestras ideas sobre Él. Necesitamos abrirnos. Solo así lo conoceremos. Solo así conoceremos a nuestro Dios. Puede haber dificultades. Jesús tuvo que enfrentarlas. Nos pide abrirnos, abrir nuestra mente y corazón para acogerlo. Solo así podremos aprender a conocerlo.

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Algunos de la multitud, que habían oído a Jesús, opinaban: “Éste es verdaderamente el Profeta”. Otros decían: “Éste es el Mesías”. Pero otros preguntaban: “¿Acaso el Mesías vendrá de Galilea? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David y de Belén, el pueblo de donde era David?” Y por causa de Él, se produjo una división entre la gente. Algunos querían detenerlo, pero nadie puso las manos sobre Él. Los guardias fueron a ver a los sumos sacerdotes y a los fariseos, y éstos les preguntaron: “¿Por qué no lo trajeron?” Ellos respondieron: “Nadie habló jamás como este hombre”. Los fariseos respondieron: “¿También ustedes se dejaron engañar? ¿Acaso alguno de los jefes o de los fariseos ha creído en Él? En cambio, esa gente que no conoce la Ley está maldita”. Nicodemo, uno de ellos, que había ido antes a ver a Jesús, les dijo: “¿Acaso nuestra Ley permite juzgar a un hombre sin escucharlo antes para saber lo que hizo?” Le respondieron: “¿Tú también eres galileo? Examina las Escrituras y verás que de Galilea no surge ningún profeta”. Y cada uno regresó a su casa. Palabra del Señor

Comentario:

Hay divisiones entre los judíos; sobre todo, falta de entendimiento. Como excusas, ponemos adelante nuestras leyes, nuestra cultura, nuestra idea, es decir, todo lo nuestro. No hay apertura para conocer quizás otras ideas u otra manera de vivir, de pensar. Hay que tener coraje para atreverse a no seguir la corriente. Es una gracia que tenemos que pedir con insistencia al Señor.

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Vice Gran Canciller UCN

Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Sus discípulos le preguntaron: “Maestro, ¿quién ha pecado, él o sus padres, para que haya nacido ciego?” “Ni él ni sus padres han pecado, -respondió Jesús-; nació así para que se manifiesten en él las obras de Dios. Debemos trabajar en las obras de Aquél que me envió, mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo”. Después que dijo esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva y lo puso sobre los ojos del ciego, diciéndole: “Ve a lavarte a la piscina de Siloé”, que significa “Enviado”. El ciego fue, se lavó y, al regresar, ya veía. Los vecinos y los que antes lo habían visto mendigar, se preguntaban: “¿No es éste el que se sentaba a pedir limosna?” Unos opinaban: “Es el mismo”. “No, respondían otros, es uno que se le parece”. Él decía: “Soy realmente yo”. Ellos le dijeron: “¿Cómo se te han abierto los ojos?” Él respondió: “Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, lo puso sobre mis ojos y me dijo: “Ve a lavarte a Siloé”. Yo fui, me lavé y vi”. Ellos le preguntaron: “¿Dónde está?” Él respondió: “No lo sé”. El que había sido ciego fue llevado ante los fariseos. Era sábado cuando Jesús hizo barro y le abrió los ojos. Los fariseos, a su vez, le preguntaron cómo había llegado a ver. Él les respondió: “Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo”. Algunos fariseos decían: “Ese hombre no viene de Dios, porque no observa el sábado”. Otros replicaban: “¿Cómo un pecador puede hacer semejantes signos?” Y se produjo una división entre ellos. Entonces dijeron nuevamente al ciego: “Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos?” El hombre respondió: “Es un profeta”. Sin embargo, los judíos no querían creer que ese hombre había sido ciego y que había llegado a ver, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: “¿Es este el hijo de ustedes, el que dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?” Sus padres respondieron: “Sabemos que es nuestro hijo y que nació ciego, pero cómo es que ahora ve y quién le abrió los ojos, no lo sabemos. Pregúntenle a él: tiene edad para responder por su cuenta”. Sus padres dijeron esto por temor a los judíos, que ya se habían puesto de acuerdo para excluir de la sinagoga al que reconociera a Jesús como Mesías. Por esta razón dijeron: “Tiene bastante edad, pregúntenle a él”. Los judíos llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: “Glorifica a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador”. “Yo no sé si es un pecador, respondió; lo que sé es que antes yo era ciego y ahora veo”. Ellos le preguntaron: “¿Qué te ha hecho? ¿Cómo te abrió los ojos?” Él les respondió: “Ya se lo dije y ustedes no me han escuchado. ¿Por qué quieren oírlo de nuevo? ¿También ustedes quieren hacerse discípulos suyos?” Ellos lo injuriaron y le dijeron: “¡Tú serás discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés! Sabemos que Dios habló a Moisés, pero no sabemos de dónde es éste”. El hombre les respondió: “Esto es lo asombroso: que ustedes no sepan de dónde es, a pesar de que me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, pero sí al que lo honra y cumple su voluntad. Nunca se oyó decir que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento. Si este hombre no viniera de Dios, no podría hacer nada”. Ellos le respondieron: “Tú naciste lleno de pecado, y ¿quieres darnos lecciones?” Y lo echaron. Jesús se enteró de que lo habían echado y, al encontrarlo, le preguntó: “¿Crees en el Hijo del hombre?” Él respondió: “¿Quién es, Señor, para que crea en Él?” Jesús le dijo: “Tú lo has visto: es el que te está hablando”. Entonces él exclamó: “Creo, Señor”, y se postró ante Él. Después Jesús agregó: “He venido a este mundo para un juicio: Para que vean los que no ven y queden ciegos los que ven”. Los fariseos que estaban con Él oyeron esto y le dijeron: “¿Acaso también nosotros somos ciegos?” Jesús les respondió: “Si ustedes fueran ciegos, no tendrían pecado, pero como dicen: “Vemos”, su pecado permanece”. Palabra del Señor.

Comentario:

Un ciego de nacimiento. Jesús lo sana y eso es motivo de quejas, de disputa. ¡Hay tantos prejuicios! Que la ceguera está causada por el pecado, que Jesús no acata el descanso del sábado, etc. Los prejuicios nos matan porque cierran nuestra mente. Jesús nos pide acoger a Dios primero y, con Él, abrir nuestros ojos. Así veremos el ser humano y sus problemas antes que las reglas o leyes.

R.P. André Hubert, sj
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Semana del 09 al 15 de marzo 2026

Cuando Jesús llegó a Nazaret, dijo a la multitud en la sinagoga: “Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra. Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó a todo el país. Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón. También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Elíseo, pero ninguno de ellos fue sanado, sino Naamán, el sirio”. Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo. Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino. Palabra del Señor.

Comentario:

Parece que hay algo de tristeza en las palabras de Jesús. Sus cercanos no lo aceptan. Estamos tan encerrados en nuestras vidas y en nuestras ideas que no podemos o no queremos ver al Dios que se nos acerca. En esta cuaresma, hagamos un esfuerzo para profundizar nuestra visión, para acostumbrarnos a ver a Dios presente en nuestra vida; a veces en los lugares menos pensados.

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Se acercó Pedro y dijo a Jesús: “Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?” Jesús le respondió: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores. Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos. Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda. El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: “Dame un plazo y te pagaré todo”. El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda. Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: “Págame lo que me debes”. El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: “Dame un plazo y te pagaré la deuda”. Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor. Este lo mandó llamar y le dijo: ” ¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda. ¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de ti?” E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía. Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos”. Palabra del Señor

Comentario:

¿Cuántas veces perdonar? Para Jesús, siempre. Así actúa Dios: perdona siempre nuestras faltas. Nos conoce muy bien. Sabe de nuestras faltas y las perdona. Nos pide lo mismo: perdonar. Sabemos que no es fácil porque se necesita mucha humildad. Recordemos lo que rezamos en el Padre nuestro: perdónanos como perdonamos.

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Jesús dijo a sus discípulos: No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: Yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Les aseguro que no quedarán ni una i ni una coma de la Ley sin cumplirse, antes que desaparezcan el cielo y la tierra. El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos. Palabra del Señor.

Comentario:

Jesús habla de cumplir la ley. No se trata de cumplir por cumplir, de llenar una lista de tarea realizada. Cumplir significa dar sentido completo, pleno. Esta plenitud nos invita a entrar en el espíritu de la ley. Además, no se trata solo de cumplir, sino también de enseñar a otros a vivir el espíritu de las leyes. Nuestra responsabilidad es inmensa. Pidamos la ayuda de nuestro Dios.

R.P. André Hubert, sj
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Jesús estaba expulsando a un demonio que era mudo. Apenas salió el demonio, el mudo empezó a hablar. La muchedumbre quedó admirada, pero algunos de ellos decían: “Éste expulsa a los demonios por el poder de Belzebul, el Príncipe de los demonios”. Otros, para ponerlo a prueba, exigían de Él un signo que viniera del cielo. Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo: “Un reino donde hay luchas internas va a la ruina y sus casas caen una sobre otra. Si Satanás lucha contra sí mismo, ¿cómo podrá subsistir su reino? Porque -como ustedes dicen- Yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul. Si Yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul, ¿con qué poder los expulsan los discípulos de ustedes? Por eso, ustedes los tendrán a ellos como jueces. Pero si Yo expulso a los demonios con la fuerza de Dios, quiere decir que el Reino de Dios ha llegado a ustedes. Cuando un hombre fuerte y bien armado hace guardia en su palacio, todas sus posesiones están seguras, pero si viene otro más fuerte que él y lo domina, le quita las armas en las que confiaba y reparte sus bienes. El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama”. Palabra del Señor

Comentario:

Jesús nos avisa: el que no está conmigo, está contra mí y éste desparrama. Olvidar o negar a Jesús es destruir nuestra vida porque Él es quien da vida. Estar con Jesús es ver todo en su realidad, es tener fuerza para enfrentar la maldad que viene de afuera o desde nuestro interior. Acoger a Jesús es aceptar con humildad que solo él puede salvarnos.

R.P. André Hubert, sj
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Un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: “¿Cuál es el primero de los mandamientos?”  Jesús respondió: “El primero es: “Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor; y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas”. El segundo es: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay otro mandamiento más grande que éstos”. El escriba le dijo: “Muy bien, Maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que Él, y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios”. Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: “Tú no estás lejos del Reino de Dios”. Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas. Palabra del Señor

Comentario:

Todos sabemos que el amor es el primer mandamiento. Pero hay una diferencia entre saber algo y ponerlo en práctica. El escriba del evangelio conocee el mandamiento y sabe explicarlo; por eso, está cerca del reino. Le falta entrar, es decir, poner en práctica este amor y, sobre todo, darse cuenta que, para amar realmente, necesita de la gracia de Dios, porque Dios es primero.

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Refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, Jesús dijo esta parábola: Dos hombres subieron al Templo para orar; uno era fariseo y el otro, publicano. El fariseo, de pie, oraba así: “Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis entradas”. En cambio, el publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: “¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!” Les aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero. Porque todo el que se eleva será humillado, y el que se humilla será elevado. Palabra del Señor.

Comentario:

El fariseo cumple la ley y Dios no lo acepta por su orgullo despreciativo. El publicano se reconoce pecador y se humilla ante Dios y éste lo acoge. Este último sale del templo con fuerza para mejorar su vida y, ciertamente, la vida de los demás. Nuestro Dios conoce nuestra realidad y nunca desprecia un corazón humilde.

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Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Sus discípulos le preguntaron: “Maestro, ¿quién ha pecado, él o sus padres, para que haya nacido ciego?” “Ni él ni sus padres han pecado, -respondió Jesús-; nació así para que se manifiesten en él las obras de Dios. Debemos trabajar en las obras de Aquél que me envió, mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo”. Después que dijo esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva y lo puso sobre los ojos del ciego, diciéndole: “Ve a lavarte a la piscina de Siloé”, que significa “Enviado”. El ciego fue, se lavó y, al regresar, ya veía. Los vecinos y los que antes lo habían visto mendigar, se preguntaban: “¿No es éste el que se sentaba a pedir limosna?” Unos opinaban: “Es el mismo”. “No, respondían otros, es uno que se le parece”. Él decía: “Soy realmente yo”. Ellos le dijeron: “¿Cómo se te han abierto los ojos?” Él respondió: “Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, lo puso sobre mis ojos y me dijo: “Ve a lavarte a Siloé”. Yo fui, me lavé y vi”. Ellos le preguntaron: “¿Dónde está?” Él respondió: “No lo sé”. El que había sido ciego fue llevado ante los fariseos. Era sábado cuando Jesús hizo barro y le abrió los ojos. Los fariseos, a su vez, le preguntaron cómo había llegado a ver. Él les respondió: “Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo”. Algunos fariseos decían: “Ese hombre no viene de Dios, porque no observa el sábado”. Otros replicaban: “¿Cómo un pecador puede hacer semejantes signos?” Y se produjo una división entre ellos. Entonces dijeron nuevamente al ciego: “Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos?” El hombre respondió: “Es un profeta”. Sin embargo, los judíos no querían creer que ese hombre había sido ciego y que había llegado a ver, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: “¿Es este el hijo de ustedes, el que dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?” Sus padres respondieron: “Sabemos que es nuestro hijo y que nació ciego, pero cómo es que ahora ve y quién le abrió los ojos, no lo sabemos. Pregúntenle a él: tiene edad para responder por su cuenta”. Sus padres dijeron esto por temor a los judíos, que ya se habían puesto de acuerdo para excluir de la sinagoga al que reconociera a Jesús como Mesías. Por esta razón dijeron: “Tiene bastante edad, pregúntenle a él”. Los judíos llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: “Glorifica a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador”. “Yo no sé si es un pecador, respondió; lo que sé es que antes yo era ciego y ahora veo”. Ellos le preguntaron: “¿Qué te ha hecho? ¿Cómo te abrió los ojos?” Él les respondió: “Ya se lo dije y ustedes no me han escuchado. ¿Por qué quieren oírlo de nuevo? ¿También ustedes quieren hacerse discípulos suyos?” Ellos lo injuriaron y le dijeron: “¡Tú serás discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés! Sabemos que Dios habló a Moisés, pero no sabemos de dónde es éste”. El hombre les respondió: “Esto es lo asombroso: que ustedes no sepan de dónde es, a pesar de que me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, pero sí al que lo honra y cumple su voluntad. Nunca se oyó decir que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento. Si este hombre no viniera de Dios, no podría hacer nada”. Ellos le respondieron: “Tú naciste lleno de pecado, y ¿quieres darnos lecciones?” Y lo echaron. Jesús se enteró de que lo habían echado y, al encontrarlo, le preguntó: “¿Crees en el Hijo del hombre?” Él respondió: “¿Quién es, Señor, para que crea en Él?” Jesús le dijo: “Tú lo has visto: es el que te está hablando”. Entonces él exclamó: “Creo, Señor”, y se postró ante Él. Después Jesús agregó: “He venido a este mundo para un juicio: Para que vean los que no ven y queden ciegos los que ven”. Los fariseos que estaban con Él oyeron esto y le dijeron: “¿Acaso también nosotros somos ciegos?” Jesús les respondió: “Si ustedes fueran ciegos, no tendrían pecado, pero como dicen: “Vemos”, su pecado permanece”. Palabra del Señor.

Comentario:

Un ciego de nacimiento. Jesús lo sana y eso es motivo de quejas, de disputa. ¡Hay tantos prejuicios! Que la ceguera está causada por el pecado, que Jesús no acata el descanso del sábado, etc. Los prejuicios nos matan porque cierran nuestra mente. Jesús nos pide acoger a Dios primero y, con Él, abrir nuestros ojos. Así veremos el ser humano y sus problemas antes que las reglas o leyes.

R.P. André Hubert, sj
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Semana del 02 al 08 de marzo 2026

Jesús dijo a sus discípulos: Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados. Den, y se les dará. Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Porque la medida con que ustedes midan también se usará para ustedes. Palabra del Señor.

Comentario:

Jesús nos habla de la misericordia. Dios es siempre misericordioso con todos y nos pide a nosotros también ser misericordioso. Ser misericordioso es abrirse a los demás, aceptar a todos los demás, así como Dios nos acoge a todos, buenos y malos. Esto significa: no juzgar, no condenar, perdonar, dar. La regla de oro es: como usaremos de la misericordia, así Dios la usará con nosotros.

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Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos: Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés; ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen. Atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo. Todo lo hacen para que los vean: agrandan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos; les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, ser saludados en las plazas y oírse llamar “mi maestro” por la gente. En cuanto a ustedes, no se hagan llamar “maestro”, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A nadie en el mundo llamen “padre”, porque no tienen sino uno, el Padre celestial. No se dejen llamar tampoco “doctores”, porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías. El mayor entre ustedes será el que los sirve, porque el que se eleva será humillado, y el que se humilla será elevado. Palabra del Señor.

Comentario:

A los seres humanos, nos gusta – y mucho – recibir alabanzas. Así nos creemos buenos, realizados, valientes y, sobre todo, mejores que los demás. El orgullo nos transforma en hipócritas que desprecian a otros. Jesús nos advierte: lo fundamental para un cristiano es servir, ponerse al servicio de los demás, y hacerlo con humildad, así vivió Jesús: vino para servir y no para ser servido.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Mientras Jesús subía a Jerusalén. Llevó consigo a los doce, y en el camino les dijo: “Ahora subimos a Jerusalén, donde el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas. Ellos lo condenarán a muerte y lo entregarán a los paganos para que se burlen de Él. Lo azotan y lo crucifiquen, pero al tercer día resucitará”. Entonces, la madre de los hijos de Zebedeo se acercó a Jesús junto con sus hijos, y se postró ante Él para pedirle algo. “¿Qué quieres?” le preguntó Jesús. Ella le dijo: “Manda que mis dos hijos se sientan en tu reino, uno a tu derecha y el otro a su izquierda”. “No saben lo que piden”, respondió Jesús. “¿Pueden beber el cáliz que yo beberé?”. “Podemos”, le respondieron. “Está bien, les dijo Jesús, ustedes beberán mi cáliz. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes se los ha destinado mi Padre”. Al oír esto, los otros diez se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús los llamó y les dijo: “Ustedes saben que lo jefes de las naciones dominan sobre ellas y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes, y el que quiera ser el primero, que se haga su esclavo: como el Hijo del hombre, que no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud”. Palabra del Señor.

Comentario:

Jesús no vino para ser servido; vino para servir. No vino para mandar; vino para ofrecerse. Es cierto que esto es lo contrario de lo que nos presentan las autoridades mundiales. Esto significó para Jesús sufrimiento y la muerte. Jesús nos pide seguirle, aunque esto nos lleve a muchos sufrimientos y desencuentros. Revisemos nuestra vida: ¿estamos realmente al servicio de los que nos rodean. Sentirnos responsables es ponernos al servicio de la misión.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Jesús dijo a los fariseos: Había un hombre rico que se vestía de púrpura y lino finísimo y cada día hacía espléndidos banquetes. A su puerta, cubierto de llagas, yacía un pobre llamado Lázaro, que ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico; y hasta los perros iban a lamer sus llagas. El pobre murió y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. El rico también murió y fue sepultado. En la morada de los muertos, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro junto a él. Entonces exclamó: «Padre Abraham, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en el agua y refresque mi lengua, porque estas llamas me atormentan». «Hijo mío, respondió Abraham, recuerda que has recibido tus bienes en vida y Lázaro, en cambio, recibió males; ahora él encuentra aquí su consuelo, y tú, el tormento. Además, entre ustedes y nosotros se abre un gran abismo. De manera que los que quieren pasar de aquí hasta allí no pueden hacerlo, y tampoco se puede pasar de allí hasta aquí». El rico contestó: «Te ruego entonces, padre, que envíes a Lázaro a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos: que él los prevenga, no sea que ellos también caigan en este lugar de tormento». Abraham respondió: «Tienen a Moisés y a los Profetas; que los escuchen». «No, padre Abraham, insistió el rico. Pero si alguno de los muertos va a verlos, se arrepentirán». Pero Abraham respondió: «Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, aunque resucite alguno de entre los muertos, tampoco se convencerán». Palabra del Señor.

Comentario:

El rico termina en el infierno con terribles tormentos porque no supo acoger y ayudar al pobre que sufría en su puerta. ¡Tan importante es para Dios el tener un corazón misericordioso! Jesús habla a los fariseos, es decir, a los que conocen las leyes y se precian de ser buenos. Revisemos nuestras vidas y pidamos la gracia de darnos cuenta de nuestra riqueza y la fuerza para compartir.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «Escuchen otra parábola: Un hombre poseía una tierra y allí plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero. Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus servidores para percibir los frutos. Pero los viñadores se apoderaron de ellos, y a uno lo golpearon, a otro lo mataron y al tercero lo apedrearon. El propietario volvió a enviar a otros servidores, en mayor número que los primeros, pero los trataron de la misma manera. Finalmente, les envió a su propio hijo, pensando: “Respetarán a mi hijo”. Pero, al verlo, los viñadores se dijeron: “Éste es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia”. Y apoderándose de él, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño, ¿qué les parece que hará con aquellos viñadores?». Le respondieron: «Acabará con esos miserables y arrendará la viña a otros, que le entregarán el fruto a su debido tiempo». Jesús agregó: «¿No han leído nunca en las Escrituras: “La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: ¿ésta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos?”. El que caiga sobre esta piedra quedará destrozado, y aquél sobre quien ella caiga será aplastado. Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos». Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír estas parábolas, comprendieron que se refería a ellos. Entonces buscaron el modo de detenerlo, pero temían a la multitud, que lo consideraba un profeta. Palabra del Señor.

Comentario:

Los viñateros de la parábola no solo no dieron frutos esperados, sino que mataron a los empleados que buscaban recoger estos frutos. Dios nos arrienda la vida, el mundo. Somos responsables de todo lo que pasa alrededor nuestro. Dios nos ofrece todo y nos exige dar frutos. Nuestra responsabilidad es grande. Más recibimos y más frutos nos pide Dios. Acojamos nuestra misión con humildad, confiando en la ayuda de Dios

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo. Pero los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: ce Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos». Jesús les dijo entonces esta parábola: “Un hombre tenía dos hijos. El menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte de herencia que me corresponde”. Y el padre les repartió sus bienes. Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa. Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones. Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos. Él hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba. Entonces recapacitó y dijo: “¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre! Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros”. Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó. El joven le dijo: “Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo”. Pero el padre dijo a sus servidores: “Traigan enseguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos, porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado”. Y comenzó la fiesta. El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza. Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó qué significaba eso. Él le respondió: “Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo”. Él se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara, pero él le respondió: “Hace tantos años que te sirvo, sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos. ¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!”. Pero el padre le dijo: “Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo. Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado””· Palabra del Señor.

Comentario:

Parábola que llamamos del ‘Hijo pródigo’ y que debería llamarse parábola del ‘Padre que tiene dos hijos’. El primero se farrea la herencia de manera vergonzosa. El segundo no sabe vivir como hijo real en su propia casa y entonces no quiere perdonar. El padre sale para acoger al hijo que vuelve y sale para acoger al que no sabe perdonar. Así es Dios. Sale a nuestro encuentro y hace fiesta para que podamos entender su amor infinito.

Jesús llegó a una ciudad de Samaria llamada Sicar, cerca de las tierras que Jacob había dado a su hijo José. Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del mediodía. Una mujer de Samaria fue a sacar agua, y Jesús le dijo: “Dame de beber”. Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos. La samaritana le respondió: “¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí que soy samaritana?” Los judíos, en efecto, no se trataban con los samaritanos. Jesús le respondió: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice ‘dame de beber’, tú misma se lo hubieras pedido y Él te habría dado agua viva”.  “Señor, le dijo ella, no tienes nada para sacar agua y el pozo es profundo. ¿De dónde sacas esa agua viva? ¿Eres acaso más grande que nuestro padre Jacob, que nos ha dado este pozo, donde él bebió, lo mismo que sus hijos y sus animales?”.

Jesús le respondió: “El que bebe de esta agua tendrá nuevamente sed, pero que beba del agua que yo le daré, nunca más más volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la vida eterna”. “Señor, le dijo la mujer, dame de esta agua para que no tenga más sed y no necesite venir hasta aquí a sacarla”.

Jesús le respondió: “Ve, llama a tu marido y vuelve aquí”. La mujer respondió: “No tengo marido”. Jesús continuó: “Tienes razón al decir que no tienes marido, porque has tenido cinco y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad”. La mujer le dijo: “Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar”. Jesús le respondió: “Créame, mujer, llega la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén ustedes adorarán al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero la hora se acerca y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad”.

La mujer le dijo: “Yo sé que el Mesías, llamado Cristo, debe venir. Cuando Él venga, nos anunciará todo”. Jesús le respondió: “Soy yo, el que habla contigo”. Muchos samaritanos de esta ciudad habían creído en Él. Por eso, cuando los samaritanos se acercaron a Jesús, le rogaban que se quedara con ellos, y Él permaneció allí dos días. Muchos más creyeron en Él, a causa de su palabra. Y decían a la mujer: “Ya no creemos por lo que tú has dicho, nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que Él es verdaderamente el Salvador del mundo”. Palabra del Señor.

Comentario:

Jesús se encuentra con una samaritana, una pecadora. A esta pecadora, Jesús le enseña a adorar a Dios en espíritu y verdad, a aceptarlo a él como el enviado de Dios. Dios reside en la disposición interior de cada uno. Los samaritanos creyeron en Jesús por la mujer y por lo que vieron. Abramos nuestros ojos y oídos, nuestra mente para darnos cuenta de la presencia profunda de nuestro Dios. No mira los pecados; quiere que confiemos en Él.

Semana del 23 de febrero al 01 de marzo 2026

Jesús dijo a sus discípulos: Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y Él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá a aquéllas a su derecha y a éstos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha:” Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; era forastero, y me alojaron; estaba desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver». Los justos le responderán: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te alojamos; desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?». Y el Rey les responderá: «Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo». Luego dirá a los de su izquierda: «Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; era forastero, y no me alojaron; estaba desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron». Éstos, a su vez, le preguntarán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, forastero o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?». Y Él les responderá: «Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo». Éstos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna. Palabra del Señor.

Comentario:

Ver y ayudar al pobre, es ver y ayudar a Cristo. Esta regla es tan importante que Jesús nos dice que nos juzgará desde ella. En esta cuaresma, es importante meditar sobre nuestra relación con Cristo y nuestra relación con los más necesitados: cómo los vemos, cómo los acogemos, los entendemos. Preguntémonos si estos necesitados tienen un lugar en nuestro corazón.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Jesús dijo a sus discípulos: Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados. No hagan como ellos, porque el Padre de ustedes que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan. Ustedes oren de esta manera: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino, que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido. No nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del mal. Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes. Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes. Palabra del Señor.

Comentario:

El Padrenuestro es la oración más común de los cristianos. Ojalá la recemos cada día. Pero también es importante meditar cada palabra de esta oración. ¿Con quién hablo cuando rezo? Con mi Padre que es Padre de todos y que está en los cielos. Pido primero por Él, por su nombre, por su reino y su voluntad. Después pido por mí y por todos los seres humanos: el alimento y el perdón, que son las dos necesidades mayores. El Padrenuestro es un estilo de oración.

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Al ver Jesús que la multitud se apretujaba, comenzó a decir: Ésta es una generación malvada. Pide un signo y no le será dado otro que el de Jonás. Así como Jonás fue un signo para los ninivitas, también el Hijo del hombre lo será para esta generación. El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón y aquí hay Alguien que es más que Salomón. El día del Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás y aquí hay Alguien que es más que Jonás. Palabra del Señor.

Comentario:

Jesús toma el ejemplo de personajes que se salvaron y, sin embargo, no eran creyentes: la Reina del Sur y los ninivitas. Ellos se convirtieron e hicieron esfuerzos para conocer a Dios y su bondad. Nosotros tenemos ventaja porque Jesús nos dio a conocer la misericordia infinita de Dios. Pidamos la gracia de confiar en el amor de Dios, pidamos la gracia de la conversión.

 

 

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Vice Gran Canciller UCN

Jesús dijo a sus discípulos: Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá. ¿Quién de ustedes, cuando su hijo le pide pan, le da una piedra? ¿O si le pide un pez, le da una serpiente? Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre de ustedes que está en el Cielo dará cosas buenas a aquéllos que se las pidan! Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas. Palabra del Señor.

Comentario:

Jesús nos habla – y con insistencia – de la confianza en Dios. Nos pide aprender a pedir con confianza porque Dios es mejor que el mejor de los padres. E insiste también sobre la regla de oro: hacer a los demás lo que nos gustaría que hagan por nosotros. Adelantémonos para atender a los otros.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Jesús dijo a sus discípulos: Les aseguro que, si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos. Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: “No matarás”, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal. Pero Yo les digo que todo aquél que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquél que lo insulta, merece ser castigado por el Tribunal. Y el que lo maldice, merece el infierno. Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo. Palabra del Señor.

Comentario:

Jesús nos pide profundizar, superar la idea de justicia que nos viene de las leyes y los reglamentos. Las leyes regulan nuestra manera de vivir y son importantes. Pero el ser humano no puede ser esclavo de unas leyes escritas. Las leyes no pueden regular nuestro corazón. Jesús nos pide con insistencia ir más allá: para ver no unas leyes, sino a un hermano a quien hemos ofendido.

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Jesús dijo a sus discípulos: Ustedes han oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y odiarás a tu enemigo. Pero Yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque Él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos. Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos? Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo. Palabra del Señor.

Comentario:

Jesús nos llama a vivir la perfección. El único perfecto es Dios y Jesús nos llama a imitarlo. Dios ama a todos, sin excepción. Por eso, Jesús nos pide amar hasta al enemigo, a los que nos persiguen. Eso parece imposible y de veras está fuera de nuestras posibilidades. Démonos cuenta que es imposible, que Jesús nos pide algo extraordinario. Solo es posible si nos ponemos en las manos de Dios.

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Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz, De pronto se les aparecieron Moisés y Elías, hablando con Jesús. Pedro dijo a Jesús: “Señor, ¡qué bien estamos aquí! Si quieres, levantaré aquí mismo tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y se oyó una voz que decía desde la nube: Éste es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo”. Al oír esto, los discípulos cayeron rostro en tierra, llenos de temor. Jesús se acercó a ellos y, tocándolos, les dijo: “Levántense, no tengan miedo”. Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo. Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: “No hablen a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos. Palabra del Señor.

Comentario:

Jesús fue transfigurado; muestra su gloria. Así fortalece la fe de los discípulos. El Padre acoge a Jesús y pide escucharlo. Esa es nuestra vida de cristianos: darnos cuenta que Jesús viene a nosotros para profundizar y fortalecer nuestra fe y ayudarnos a ponernos a su escucha. El esfuerzo de esta cuaresma puede ser: reconocer en qué momento me habla el Padre, cómo me preparo para escuchar a Jesús.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Semana del 16 al 22 de febrero 2026

Llegaron los fariseos, que comenzaron a discutir con Jesús; y, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. Jesús, suspirando profundamente, dijo: “¿Por qué esta generación pide un signo? Les aseguro que no se le dará ningún signo”. Y dejándolos, volvió a embarcarse hacia la otra orilla. Palabra del Señor.

Comentario:

Los fariseos exigen un signo, una prueba, y Jesús se niega. ¡Ha dado tantos signos en sus palabras y sus milagros! Es importante para nosotros revisar nuestras vidas y ver los signos de amor que Dios ya nos ha dado. Nuestra fe nos dice que Dios está siempre con nosotros. Es muy posible que no estemos acostumbrado a sentir su presencia. Es tiempo de comenzar.

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Vice Gran Canciller UCN

Jesús volvió a embarcarse hacia la otra orilla del lago. Los discípulos se habían olvidado de llevar pan y no tenían más que un pan en la barca. Jesús les hacía esta recomendación: “Estén atentos, cuídense de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes”. Ellos discutían entre sí, porque no habían traído pan. Jesús se dio cuenta y les dijo: “¿A qué viene esa discusión porque no tienen pan? ¿Todavía no comprenden ni entienden? Ustedes tienen la mente enceguecida. Tienen ojos y no ven, oídos y no oyen. ¿No recuerdan cuántas canastas llenas de sobras recogieron cuando repartí cinco panes entre cinco mil personas?” Ellos le respondieron: “Doce”. “Y cuando repartí siete panes entre cuatro mil personas, ¿cuántas canastas d sobras recogieron?” Ellos respondieron: “Siete”. Entonces Jesús les dijo: “¿Todavía no comprenden?” Palabra del Señor.

Comentario:

Los discípulos están inquietos. Jesús les recuerda que Él está siempre presente; les pide confiar en Él y en nadie más. Es importante revisar nuestra vida: ver cómo Jesús se ha hecho presente en ella, darnos cuenta si lo dejamos entrar en nuestra vida. Así podremos vivir con más confianza y darnos cuenta que solo en Él hay esperanza de vida, en ningún otro ser.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Jesús dijo a sus discípulos: Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos, de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre de ustedes que está en el cielo. Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignora lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas; a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres noten que ayunan. Les aseguro que, con esto, ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará. Palabra del Señor.

Comentario:

Empieza la Cuaresma. Empieza el camino hacia la fiesta de la Resurrección del Señor: son 40 días de preparación. Cada día de la Cuaresma, Jesús nos enseñará cómo profundizar el camino. Pongamos atención. Hoy, Jesús insiste en no buscar recompensa ni alabanza de parte de los hombres: eso es hipocresía. Solo Dios mismo, con su amor, puede ser nuestra recompensa.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Jesús dijo a sus discípulos: “El Hijo del hombre debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día”. Después dijo a todos: “El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz de cada día y me siga. Porque el que quiera salvar su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la salvará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si se pierde o se arruina a sí mismo”? Palabra del Señor.

Comentario:

Ser cristiano es difícil. La cruz, es decir, la dificultad, es algo de cada día. Jesús la vivió personalmente; sabe lo que está diciendo. La cruz es entregarse, lo que va contra todo lo que nuestro mundo nos enseña. No busquemos ganar el mundo. Pidamos la gracia de entregarnos, de buscar la vida plena, la vida que Dios nos ofrece… en medio de las dificultades, de las incomprensiones y persecuciones.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Se acercaron a Jesús los discípulos de Juan Bautista y le dijeron: “¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos mucho mientras que tus discípulos no ayunan?” Jesús les respondió: “¿Acaso los amigos del esposo pueden estar tristes mientras el esposo está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán”. Palabra del Señor.

Comentario:

El ayuno, muchas veces, se ve como signo de austeridad, y a veces, lleva al pesimismo. Para Jesús, lo más importante es estar con Él. Él, y solo Él, da sentido a nuestra vida, da esperanza. Por eso, es importante acercarnos más a Él. En este tiempo de Cuaresma, nuestro esfuerzo debe ser para acercarnos a Jesús. El ayuno (si lo hay) y todo otro esfuerzo debe llevarnos en este camino. Es la gracia que hay que pedir.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Jesús salió y vio a un publicano llamado Leví, que estaba sentado junto a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció a Jesús un gran banquete en su casa. Había numerosos publicanos y otras personas que estaban a la mesa con ellos. Los fariseos y sus escribas murmuraban y decían a los discípulos de Jesús: “¿Por qué ustedes comen y beben con publicanos y pecadores?” Pero Jesús tomó la palabra y les dijo: “No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, para que se conviertan”. Palabra del Señor.

Comentario:

Jesús llama a Levi, un cobrador de impuesto, gente odiada por los judíos. No solo llama a un pecador, sino que se une a su grupo de amigos en la mesa. A los fariseos, le es imposible entender este gesto. Jesús responde: Él viene para los pecadores. Lo que le interesa a Dios es ayudar a los que se sienten y se saben pecadores. Igual que a Levi, Dios nos llama a nosotros.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el demonio. Después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, sintió hambre. Y el tentador, acercándose, le dijo: “Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes”. Jesús le respondió: “Está escrito: el hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Luego el demonio llevó a Jesús a la Ciudad Santa y lo puso en la parte más alta del templo, diciéndole: “Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: Dios dará órdenes a sus ángeles y ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra”.  Jesús le respondió: “También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios”. El demonio lo llevó luego a una montaña muy alta, desde allí le hizo ver todos los reinos del mundo con todo su esplendor, y le dijo: “Te daré todo esto, si te postras para adorarme”. Jesús le respondió: “Retírate, Satanás, porque está escrito: adorarás al Señor tu Dios, y a Él solo rendirás culto”. Entonces el demonio lo dejó, y unos ángeles se acercaron para servirlo. Palabra del Señor.

Comentario:

Jesús fue tentado. Nosotros también padecemos tentaciones. Jesús pudo superar la tentación porque conoce el Padre, porque confía en el Espíritu Santo y porque conoce la Escritura como Palabra de Dios. Se inicia la cuaresma. Para entrar bien en el esfuerzo de la Cuaresma, pidamos la gracia de conocer nuestras tentaciones para que con su gracia podamos enfrentarlas.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Semana del 9 al 15 de febrero 2026

Después de atravesar el lago, Jesús y sus discípulos llegaron a Genesaret y atracaron allí. Apenas desembarcaron, la gente reconoció en seguida a Jesús, y comenzaron a recorrer toda la región para llevar en camilla a los enfermos hasta el lugar donde sabían que Él estaba. En todas partes donde entraba, pueblos, ciudades y poblados, ponían a los enfermos en las plazas y le rogaban que los dejara tocar tan solo los flecos de su manto, y los que lo tocaban quedaban sanos. Palabra del Señor.

Comentario:

Apenas aparece Jesús en un lugar, la gente corre a verlo: su palabra da misericordia y esperanza; sus gestos bendicen y sanan. Esa es la misión del Hijo de Dios. Y esa es la misión de cada uno de nosotros. Tenemos que pedir al Señor que nos ayude a tener siempre palabras y gestos que acojan a los demás, que demuestren amor; jamás odio o desprecio.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Los fariseos con algunos escribas llegados de Jerusalén se acercaron a Jesús, y vieron que algunos de sus discípulos comían con las manos impuras, es decir, sin lavar. Los fariseos, en efecto, y los judíos en general, no comen sin lavarse antes cuidadosamente las manos, siguiendo la tradición de sus antepasados; y al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones. Además, hay muchas otras prácticas a las que están aferrados por tradición, como lavado de los vasos, de las jarras, de la vajilla de bronce y de las camas. Entonces los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: “¿Por qué tus discípulos no proceden de acuerdo con la tradición de nuestros antepasados, sino que comen con las manos impuras?” Él les respondió: “¡Hipócritas! Bien profetizó de ustedes Isaías, en el pasaje de la Escritura que dice: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinde culto: las doctrinas que enseñan no son sino preceptos humanos. Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios por seguir la tradición de los hombres”. Y les decía: “Por mantenerse fieles a su tradición, ustedes descartan tranquilamente el mandamiento de Dios. Porque Moisés dijo: ‘Honra a tu padre y a tu madre’, y además: ‘El que maldice a su padre y a su madre será condenado a muerte’ En cambio ustedes afirman: ‘Si alguien dice a su padre o a su madre: declaro corbán – es decir, ofrenda sagrada – todo aquello con lo que podría ayudarte’, en este caso, le permiten no hacer nada más por su padre o por su madre. Así anulan la palabra de Dios por la tradición que ustedes mismos se han transmitido. ¡Y como estas, hacen muchas otras cosas!” Palabra del Señor.

Comentario:

Las tradiciones son importantes porque nos ponen en continuación con nuestra cultura y nuestros antepasados. Pero, al mismo tiempo, pueden esclavizarnos porque actuamos como máquina. Como robot, sin pensar. Por eso, Jesús tiene problemas con los fariseos. Es bueno revisar nuestras costumbres, darnos cuenta cómo pensamos, y ver si dejamos de lado los mandamientos de Dios.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Jesús, llamando a la gente, les dijo: “Escúchenme todos y entiéndanlo bien. Ninguna cosa externa que entra en el hombre puede mancharlo: lo que hace impuro es aquello que sale del hombre. ¡Si alguien tiene oídos para oír, que oiga!” Cuando se apartó de la multitud y entró en la casa, sus discípulos le preguntaron por el sentido de esa parábola. Él les dijo: “¿Ni siquiera ustedes son capaces de comprender? ¿No saben que nada de lo que entra de afuera en el hombre puede mancharlo, porque eso no va al corazón sino al vientre, y después se elimina en lugares retirados?” Así Jesús declaraba que eran puros todos los alimentos. Luego agregó: “Lo que sale del hombre es lo que lo hace impuro. Porque es del interior, del corazón de los hombres, de donde provienen las malas intenciones, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, los engaños, las deshonestidades, la envidia, la difamación, el orgullo, el desatino. Todas estas cosas malas proceden del interior y son las que manchan al hombre”. Palabra del Señor.

Comentario:

Para Jesús, no hay alimento impuro porque todo fue creado por Dios y creado bueno. Lo que es impuro es lo que sale del corazón del hombre. Jesús nos muestra tantas impurezas. Es bueno leer la lista y darnos cuenta (sin asustarnos) cómo está nuestra vida, nuestro corazón. Esto nos permite ver dónde poner nuestros esfuerzos y pedir al Señor su gracia para crecer.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Jesús se fue a la región de Tiro. Entró en una casa y no quiso que nadie lo supiera, pero no pudo permanecer oculto. En seguida, una mujer cuya hija estaba poseída por un espíritu impuro, oyó hablar de Él y fue a postrarse a sus pies. Esta mujer, que era pagana y de origen siro-fenicia, le pidió que expulsara de su hija al demonio. Él le respondió: “Deja que antes se sacien los hijos; no está bien tomar el pan de los hijos para tirárselo a los cachorros”. Pero ella le respondió: “Es verdad, Señor, pero los cachorros, debajo de la mesa, comen las migajas que dejan caer los hijos”. Entonces Él le dijo: “A causa de lo que has dicho, puedes irte: el demonio ha salido de tu hija”. Ella regresó a su casa y encontró a la niña acostada en la cama y liberada del demonio. Palabra del Señor.

Comentario:

Una mujer no judía, es decir, no creyente, pide un milagro para su hija. Frente a la negación de Jesús, la mujer muestra su entereza y su humildad y así vemos lo profundo de su fe. El sufrimiento y la humildad no tienen fronteras. Jesús acoge la petición. Pidamos al Señor que aumente nuestra fe y nos ayude a crecer en humildad.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Cuando Jesús volvía de la región de Tiro, pasó por Sidón y fue hacia el mar de Galilea, atravesando el territorio de Decápolis. Entonces le presentaron a un sordomudo y le pidieron que le impusiera las manos. Jesús lo separó de la multitud y, llevándolo aparte, le puso los dedos en las orejas y con su saliva le tocó la lengua. Después, levantando los ojos al cielo, suspiró y le dijo: “Efatá”, que significa: “Ábrete”. Y en seguida se abrieron sus oídos, se le soltó la lengua y comenzó a hablar normalmente. Jesús les mandó insistentemente que no dijeran nada a nadie, pero cuanto más insistía, ellos más lo proclamaban y, en el colmo de la admiración, decían: “Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos”. Palabra del Señor.

Comentario:

Jesús sana a un sordomudo. A veces, Jesús sana solo con una palabra. En el milagro de hoy, Jesús toca al enfermo. Los seres humanos somos creaturas; necesitamos que actúen los sentidos, hoy el tacto y el oído. Dios es nuestro creador; nos conoce perfectamente y sabe muy bien todo lo que necesitamos. Por eso, la gente está llena de admiración.

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Vice Gran Canciller UCN

En esos días, volvió a reunirse una gran multitud, y como no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: “Me da pena esta multitud, porque hace tres días que están conmigo y no tienen qué comer. Si los mando en ayunas a sus casas, van a desfallecer en el camino, y algunos han venido de lejos”. Los discípulos le preguntaron: “¿Cómo se podría conseguir pan en este lugar desierto para darles de comer?” Él les dijo: “¿Cuántos panes tienen ustedes?” Ellos respondieron: “Siete”. Entonces Él ordenó a la multitud que se sentara en el suelo, después tomó los sietes panes, dio gracias, los partió y los fue entregando a sus discípulos para que los distribuyeran.  Ellos los repartieron entre la multitud. Tenían, además, unos cuantos pescados pequeños, y después de pronunciar la bendición sobre ellos, mandó que también los repartieran. Comieron hasta saciarse y todavía se recogieron siete canastas con lo que había sobrado. Eran unas cuatro mil personas. Luego Jesús los despidió. En seguida subió a la barca con sus discípulos y fue a la región de Dalmanuta. Palabra del Señor.

Comentario:

Como consecuencia de su compasión, Jesús multiplica los panes: hay siete panes y unos pocos pescados. Todos comen a satisfacción. Lo importante, además de la multiplicación misma, es que hay de sobra. Cuando Dios da, no sabe calcular. Cuando hay amor, compasión, no hay espacio para el cálculo. El amor de Dios es infinito. Es bueno recordarlo en nuestra vida y en nuestras oraciones.

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Vice Gran Canciller UCN

Jesús dijo a sus discípulos: No piensen que vi e para abolir la Ley o los Profetas. Yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Les aseguro que no quedará ni una i ni una coma de la Ley sin cumplirse, antes que desaparezcan el cielo y la tierra. El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos. Les aseguro que, si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, en entrarán en el Reino de los Cielos.

Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: No matarás, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal. Pero yo les digo que todo aquél que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquél que lo insulta, merece ser castigado por el Tribunal. Y el que lo maldice, merece el infierno. Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y solo entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.

Ustedes han oído que se dijo: No cometerás adulterio. Pero Yo les digo: El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Si tu ojo derecho es para ti una ocasión de pecado, arráncalo y arrójalo lejos de ti: es preferible que se pierda un solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno.

También se dijo: El que se divorcia de su mujer, debe darle una declaración de divorcio. Pero Yo les digo: el que se divorcia de su mujer, excepto en el caso de unión ilegal, la expone a cometer adulterio, y el que se casa con una mujer abandonada por su marido comete adulterio.

Ustedes han oído también que se dijo a los antepasados: No jurarás falsamente, y cumplirás los juramentos hechos al Señor. Pero Yo les dijo que no juren de ningún modo, ni por el cielo porque es el trono de Dios, ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies, ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran rey. No jures tampoco por tu cabeza, porque no puedes convertir en blanco o negro uno solo de tus cabellos. Cuando digan ‘si’, que sea si, y cuando digan ‘no’ que sea no. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno. Palabra del Señor.

Comentario:

Jesús quiere ser el centro de nuestra vida y de nuestra manera de vivir. Pidamos paciencia para superar el mal y sobre todo los deseos de rencor y venganza tan comunes en este mundo y en nosotros. Pidamos paciencia para ser misericordioso con tantos pecados, nuestros y de los demás. Jesús quiere radicalidad. Pidamos especialmente la gracia de entender la ley en toda su profundidad.

R.P. André Hubert, sj
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Semana del 2 al 8 de febrero 2026

Cuando llegó el día fijado por la ley de Moisés para la purificación de ellos, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: “Todo varón primogénito será consagrado al Señor”. También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la ley del Señor.

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Let, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo: “Ahora Señor, puedes dejar que tu siervo muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel”.

Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de Él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: “Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos”.

Había también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido. Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea. El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con Él. Palabra del Señor.

Comentario:

Jesús es presentado en el templo. Desde su nacimiento obedece a las leyes del padre: es un niño entre muchos otros. Solo lo reconocen Simeón y Ana, inspirados por el Espíritu Santo. Ambos supieron esperar toda su vida, sin desesperar. Sabemos que Dios está presente en medio de nosotros. Buscar, esperar su presencia en este mundo, en nuestra historia nos ayuda a madurar espiritualmente.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y Él se quedó junto al mar. Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies, rogándole con insistencia: “Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se sane y viva”. Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados.

Se encontraba allí una mujer que desde hace doce años padecía de hemorragias. Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor. Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto, porque pensaba: “Con solo tocar su manto quedaré sanada”. Inmediatamente cesó la hemorragia y ella sintió en su cuerpo que estaba sanada de su mal. Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de Él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: “¿Quién tocó mi manto?” Sus discípulos le dijeron: “¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?” Pero Él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido. Entonces, la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó toda la verdad. Jesús le dijo: “Hija, te fe te ha salvado. Vete en paz, y queda sanada de tu enfermedad”.

Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: “Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?” Pero Jesús, sin tener en cuenta estas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: “No temas, basta que creas”. Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un alboroto, y gente que lloraba y gritaba. Al entrar, dijo: “¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme”. Y se burlaban de Él. Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con Él, entró donde ella estaba. La tomó de la mano y le dijo: “Talitá kum”, que significa: “¡Niña, yo te lo ordeno, levántate! Enseguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, y Él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que dieran de comer a la niña. Palabra de Dios.

Comentario:

Jesús no solo hace milagros importantes como devolver la vida, sino que desconcierta en la manera de hacer milagros. Una mujer lo toca a escondidas y se da cuenta; una niña ha muerto y le da vida; todo sin gritos ni escándalos. Jesús viene a salvar, a dar vida, pero no es un curandero; quiere compartir con nosotros, especialmente en los momentos difíciles. Quiere ser acogido como lo que es: un Dios misericordioso, cercano a todos.

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Vice Gran Canciller UCN

Jesús se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos. Cuando llegó el sábado. Comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: “¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos? ¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?” Y Jesús era para ellos un motivo de escándalo. Por eso les dijo: “Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa”. Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de sanar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos. Y Él se asombraba de su falta de fe. Jesús recorría las poblaciones de los alrededores, enseñando a la gente. Palabra del Señor.

Comentario:

La gente de su pueblo cree conocer a Jesús y se queda con una idea fija, Es difícil conocer bien a otra persona; más difícil cuando se trata de Dios. Tenemos que abrirnos para conocer. Creer conocer a tal persona puede ser perjudicial para ambos. Creer conocer a Dios, nos encierra en nuestras ideas. Pidamos al Señor que abra nuestro corazón para no despreciarlo como los conciudadanos de Jesús.

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Jesús llamó a los doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros. Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni provisiones, ni dinero; que fueran calzado con sandalias y que no tuvieran dos túnicas. Les dijo: “Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir. Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos”. Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión; expulsaron a muchos demonios y sanaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo, Palabra del Señor.

Comentario:

Jesús envía a sus discípulos en misión. Tienen que aprender su trabajo futuro. No se trata solo de predicar. También deben confiar y no llevar nada. La predicación del reino es algo que llena la vida y la manera de vivir. Si hablamos de misericordia, si exhortamos a la conversión, debemos vivir lo que anunciamos. Pidamos la gracia de tener la fuerza de predicar y de vivir acorde.

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Vice Gran Canciller UCN

El rey Herodes oyó hablar de Jesús, porque su fama se había extendido por todas partes. Algunos decían: “Juan el Bautista ha resucitado, y por eso se manifiestan en él poderes milagrosos”. Otros afirmaban: “Es Elías”. Y otros: “Es un profeta como los antiguos”. Pero Herodes, al oír todo esto, decía: “Este hombre es Juan, a quien yo mandé decapitar y que ha resucitado”. Herodes, en efecto, había hecho arrestar y encarcelar a Juan a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, con la que se había casado. Porque Juan decía a Herodes: “No te es lícito tener a la mujer de tu hermano”. Herodías odiaba a Juan e intentaba matarlo, pero no podía porque Herodes lo respetaba, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo protegía. Cuando lo oía, quedaba perplejo, pero lo escuchaba con gusto.

Un día se presentó la ocasión favorable. Herodes festejaba su cumpleaños, ofreciendo un banquete a sus dignatarios, a sus oficiales y a los notables de Galilea. Su hija, también llamada Herodías, salió a bailar, y agradó tanto a Herodes y a sus convidados, que el rey dijo a la joven: “Pídeme lo que quieras y te lo daré”. Y le aseguró bajo juramento: “Te daré cualquier cosa que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino”. Ella fue as preguntar a su madre: “¿Qué debo pedir?” “La cabeza de Juan el Bautista” respondió ésta. La joven volvió rápidamente a donde estaba el rey y le hizo este pedido: “Quiero que me traigas ahora mismo, sobre una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista”. El rey se entristeció mucho, pero a causa de su juramento, y por los convidados, no quiso contrariarla. En seguida mandó a un guardia que trajera la cabeza de Juan. El guardia fue a la cárcel y le cortó la cabeza. Después la trajo sobre una bandeja, la entregó a la joven y ésta se la dio a su madre. Cuando los discípulos de Juan lo supieron, fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron. Palabra del Señor.

Comentario:

Herodes celebra su cumpleaños. Normalmente un cumpleaños es un día de fiesta, de alegría con la familia y con las amistades. El cumpleaños de Herodes termina con un asesinato. La mentalidad antigua es distinta a la nuestra, pero, de todas maneras, choca el desenlace de esta fiesta. Para muchos, la vida de una persona no tiene valor. Cada vez que despreciamos a otra persona, por el motivo que sea, somos otros Herodes. Pidamos la gracia de aprender a mirar a otros con bondad, como Dios lo hace.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Al regresar de su misión, los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo: “Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco”. Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer. Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto. Al verlos partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos. Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato. Palabra del Señor.

Comentario:

La multitud busca a Jesús. Los discípulos no tienen tiempo para descansar. Jesús tampoco. Siente compasión al ver los deseos de la gente de recibir su palabra y su cariño. Somos las ovejas que él quiere pacer. Démonos cuenta de la compasión de nuestro Dios: Él se da cuenta de nuestra miseria, de nuestra búsqueda de amor. Pidamos la gracia de acoger su cariño.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Jesús dijo a sus discípulos: “Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres. Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña. Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa. Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en el cielo. Palabra del Señor.

Comentario:

La sal da sabor y conserva; la luz ilumina. Jesús es taxativo: el cristiano es, no busca ser, sino que es sal y luz y debe vivir como tal. Pidamos la gracia de entregarnos a nuestra misión: ayudar a nuestros contemporáneos a encontrar el sabor, el sentido de la vida, a iluminar el camino de tantos que están perdidos. En resumen, a sentirnos responsables de este mundo en que vivimos.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Semana del 26 de enero al 1 de febrero 2026

Los escribas que habían venido de Jerusalén decían acerca de Jesús: “Está poseído por Belzebul y expulsa a los demonios por el poder del Príncipe de los demonios”. Jesús los llamó y por medio de comparaciones les explicó: “¿Cómo Satanás va a expulsar a Satanás? Un reino donde hay luchas internas no puede subsistir. Y una familia dividida tampoco puede subsistir. Por lo tanto, si Satanás se dividió, levantándose contra sí mismo, ya no puede subsistir, sino que ha llegado a su fin. Pero nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si primero no lo ata. Sólo así podrá saquear la casa. Les aseguro que todo será perdonado a los hombres: todos los pecados y cualquier blasfemia que profieran. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás: es culpable de pecado para siempre”. Jesús dijo esto porque ellos decían: “Está poseído por un espíritu impuro”. Palabra del Señor

Comentario:

Quien acusa a Jesús de endemoniado, debe revisar su vida y preguntarse si él mismo, el acusador, no está endemoniado. Satanás es el que divide mientras Jesús busca la unidad de todos en su persona. Hay tantas divisiones en nuestro mundo y en nosotros mismos. Jesús quiere unirnos. Esto significa un esfuerzo nuestro para creer que la unidad es posible en Cristo. Pidamos la gracia de creer realmente, de entregarnos a Él.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Llegaron la madre y los hermanos de Jesús y, quedándose afuera, lo mandaron llamar. La multitud estaba sentada alrededor de Él, y le dijeron: “Tu madre y tus hermanos te buscan ahí afuera”. Él les respondió: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?” Y dirigiendo su mirada sobre los que estaban sentados alrededor de Él, dijo: “Éstos son mi madre y mis hermanos. Porque el que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”. Palabra del Señor

Comentario:

Ciertamente los lazos familiares son importantes. Y Jesús lo sabe. Pero para Jesús, lo primero es la unión con Dios, hacer la voluntad de Dios, entrar y unirse a la familia de Dios y entonces, los lazos humanos tendrán otro sentido más profundo. Oremos por nuestras familias y de una manera especial por esta familia que es la Iglesia. Oremos para el Señor sea realmente la base de todos nuestros afectos.

R.P. André Hubert, sj
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Jesús comenzó a enseñar a orillas del mar. Una gran multitud se reunió junto a Él, de manera que debió subir a una barca dentro del mar, y sentarse en ella. Mientras tanto, la multitud estaba en la orilla. Él les enseñaba muchas cosas por medio de parábolas, y esto era lo que les enseñaba: “¡Escuchen! El sembrador salió a sembrar. Mientras sembraba, parte de la semilla cayó al borde del camino, y vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno rocoso, donde no había mucha tierra, y brotó enseguida porque la tierra era poco profunda; pero cuando salió el sol, se quemó y, por falta de raíz, se secó. Otra cayó entre las espinas; éstas crecieron, la sofocaron, y no dio fruto. Otros granos cayeron en buena tierra y dieron fruto: fueron creciendo y desarrollándose, y rindieron ya el treinta, ya el sesenta, ya el ciento por uno”. Y decía: “¡El que tenga oídos para oír, que oiga!” Cuando se quedó solo, los que estaban alrededor de Él junto con los Doce le preguntaban por el sentido de las parábolas. Y Jesús les decía: “A ustedes se les ha confiado el misterio del Reino de Dios; en cambio, para los de afuera, todo es parábola, a fin de que miren y no vean, oigan y no entiendan, no sea que se conviertan y alcancen el perdón”. Jesús les dijo: “¿No entienden esta parábola? ¿Cómo comprenderán entonces todas las demás? El sembrador siembra la Palabra. Los que están al borde del camino son aquellos en quienes se siembra la Palabra; pero, apenas la escuchan, viene Satanás y se lleva la semilla sembrada en ellos. Igualmente, los que reciben la semilla en terreno rocoso son los que, al escuchar la Palabra, la acogen enseguida con alegría; pero no tienen raíces, sino que son inconstantes y, en cuanto sobreviene la tribulación o la persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumben. Hay otros que reciben la semilla entre espinas: son los que han escuchado la Palabra, pero las preocupaciones del mundo, la seducción de las riquezas y los demás deseos penetran en ellos y ahogan la Palabra, y esta resulta infructuosa. Y los que reciben la semilla en tierra buena son los que escuchan la Palabra, la aceptan y dan fruto al treinta, al sesenta y al ciento por uno”. Palabra del Señor.

Comentario:

Parábola del Sembrador. Dios es el sembrador, nosotros la tierra que recibe la semilla. La tierra es buena, ya que fue creada por Dios. Pero hay tantas tentaciones que no permiten que la semilla viva su vocación de dar frutos: tentaciones externas e internas. Hemos recibido una semilla muy buena: la Palabra de Dios. Pidamos la fuerza de abrirnos al amor de Dios para esta semilla de frutos abundantes.

R.P. André Hubert, sj
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Jesús decía a la multitud: “¿Acaso se trae una lámpara para ponerla debajo de un cajón o debajo de la cama? ¿No es más bien para colocarla sobre el candelero? Porque no hay nada oculto que no deba ser revelado y nada secreto que no deba manifestarse. ¡Si alguien tiene oídos para oír, que oiga!” Y les decía: “¡Presten atención a lo que oyen! La medida con que midan se usará para ustedes, y les darán más todavía. Porque al que tiene, se le dará, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene”. Palabra del Señor

Comentario:

¡He recibido tantos bienes! Recibimos la luz para iluminar a otros. Es imposible conservar todo lo recibido y disfrutarlo como egoísta. Necesitamos compartir. Jesús insiste en ‘oír’: oír, escuchar es abrirse para recibir la palabra del otro y entenderla, no a nuestra manera, sino buscar entender lo que el otro nos dice. Pidamos la gracia de abrirnos para escuchar claramente la palabra que Dios nos ofrece hoy. Así podremos entregar lo que recibimos.

Jesús decía a sus discípulos: “El Reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra: sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga. Cuando el fruto está a punto, él aplica enseguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha”. También decía: “¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo? Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra, pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra”. Y con muchas parábolas como estas les anunciaba la Palabra, en la medida en que ellos podían comprender. No les hablaba sino en parábolas, pero a sus propios discípulos, en privado, les explicaba todo. Palabra del Señor

Comentario:

Jesús vivió en el campo. Conoce la realidad de los campos. Por eso, sus parábolas se relacionan con la vida del campo: la vida es sencilla. Solo Dios da la vida y una semilla pequeña puede crecer mucho y dar cobijo a las aves. Somos pequeños, débiles. Hay que reconocerlo y aceptarlo. Pero también confiar que, con la gracia de Dios, podremos ayudar, cobijar a muchos hermanos.

R.P. André Hubert, sj
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Un día, al atardecer, Jesús dijo a sus discípulos: “Crucemos a la otra orilla”. Ellos, dejando a la multitud, lo llevaron en la barca, así como estaba. Había otras barcas junto a la suya. Entonces se desató un fuerte vendaval, y las olas entraban en la barca, que se iba llenando de agua. Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre el cabezal. Lo despertaron y le dijeron: “¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos?” Despertándose, Él increpó al viento y dijo al mar: “¡Silencio! ¡Cállate!” El viento se aplacó y sobrevino una gran calma. Después les dijo: “¿Por qué tienen miedo? ¿Cómo no tienen fe?” Entonces quedaron atemorizados y se decían unos a otros: “¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?” Palabra del Señor

Comentario:

Jesús no se inmuta con la tempestad. Los discípulos, hombres aguerridos. Se asombran con el viento, las olas, y más todavía por este hombre que calma la tempestad. Hay tantas tempestades en nuestras vidas y hay tantos miedos. Jesús nos enseña cómo enfrentar las dificultades. Él nos acompaña en estas dificultades. Solamente con Él podemos enfrentarlas. Pidamos la gracia de la confianza.

R.P. André Hubert, sj
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Seguían a Jesús grandes multitudes que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la Transjordania. Al ver la multitud. Jesús subió a la montaña, se sentó y sus discípulos se acercaron a Él. Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo: “Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los cielos. Felices los afligidos, porque serán consolados. Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia. Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios. Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí. Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron. Palabra del Señor.

Comentario:

Conocemos las bienaventuranzas. Dios quiere que seamos felices, pero de una felicidad verdadera, profunda. No como la que surge de los criterios del mundo. Son felices los pobres, los afligidos, los hambrientos de justicia, los que tienen misericordia, los que trabajan por la paz, los perseguidos. Todos ellos han puesto en Dios su corazón, todos confían en Dios y no en sí mismos. Preguntémonos si somos felices, profundamente felices.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Semana del 19 al 25 de enero 2026

Un día en que los discípulos de Juan y los fariseos ayunaban, fueron a decirle a Jesús: “¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacen los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos?” Jesús les respondió: “¿Acaso los amigos del esposo pueden ayunar cuando el esposo está con ellos? Es natural que no ayunen, mientras tienen consigo al esposo. Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán. Nadie usa un pedazo de género nuevo para remendar un vestido viejo, porque el pedazo añadido tira del vestido viejo y la rotura se hace más grande. Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque hará reventar los odres, y ya no servirán más ni el vino ni los odres. ¡A vino nuevo, odres nuevos!” Palabra del Señor

Comentario:

Estar con Jesús es fuente de alegría y de paz, no de tristeza. Jesús está claro en eso: el viene a dar paz. Para poder acogerla, hay que convertirse: eso es el vestido nuevo, el odre nuevo. Con Jesús, estamos en los tiempos nuevos. Tenemos muchas costumbres que fueron buenas en su tiempo, pero tenemos que discernir si hoy nos ayudan a encontrar esta alegría y paz que Jesús ofrece. Pidamos la gracia de discernir nuestra vida real.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Un sábado en que Jesús atravesaba unos sembrados, sus discípulos comenzaron a arrancar espigas al pasar. Entonces los fariseos le dijeron: “¡Mira! ¿Por qué hacen en sábado lo que no está permitido?” Él les respondió: “¿Ustedes no han leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus compañeros se vieron obligados por el hambre, cómo entró en la Casa de Dios, en el tiempo del Sumo Sacerdote Abiatar, y comió y dio a sus compañeros los panes de la ofrenda, que sólo pueden comer los sacerdotes?” Y agregó: “El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. De manera que el Hijo del hombre es dueño también del sábado”. Palabra del Señor

Comentario:

Todas las leyes, aun las leyes de Dios, existen para ayudarnos a ser más libres, a vivir con más profundidad nuestra vida, a vivir mejor en comunidad. ¡Hay tantas leyes, tantas reglas en nuestras vidas! Es bueno preguntarse cómo está nuestra relación con las leyes, si nos ayudan y cómo. Pidamos al Señor

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Jesús entró en una sinagoga, y había allí un hombre que tenía una mano paralizada. Los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si lo sanaba en sábado, con el fin de acusarlo. Jesús dijo al hombre de la mano paralizada: “Ven y colócate aquí delante”. Y les dijo: “¿Está permitido en sábado hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?” Pero ellos callaron. Entonces, dirigiendo sobre ellos una mirada llena de indignación y apenado por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: “Extiende tu mano”. Él la extendió y su mano quedó sana. Los fariseos salieron y se confabularon con los herodianos para buscar la forma de acabar con Él. Palabra del Señor

Comentario:

La ley del sábado era importante para los judíos: no se permitía ningún trabajo. Eso es lo oficial. Jesús muestra que no es suficiente porque hay que hacer el bien todos los días, aun el día sábado. La vida es más importante que la ley. La ley está al servicio de la vida, no puede esclavizar. Pidamos la gracia de darnos cuenta de la esclavitud que hay en nosotros.

 

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, y lo siguió mucha gente de Galilea. Al enterarse de lo que hacía, también fue a su encuentro una gran multitud de Judea, de Jerusalén, de Idumea, de la Transjordania y de la región de Tiro y Sidón. Entonces mandó a sus discípulos que le prepararan una barca, para que la muchedumbre no lo apretujara. Porque, como sanaba a muchos todos los que padecían algún mal se arrojaban sobre Él para tocarlo. Y los espíritus impuros, apenas lo veían, se tiraban a sus pies, gritando: “¡Tú eres el Hijo de Dios!” Pero Jesús les ordenaba terminantemente que no lo pusieran de manifiesto. Palabra del Señor

Comentario:

Jesús tiene mucho éxito: mucha gente lo sigue para escuchar su palabra o para ser sanado de alguna enfermedad. Jesús sana a todos, pero no quiere ser presentado como un curandero. Quiere ser conocido por su amor y su compasión. Así es nuestro Dios. Así es nuestra vida: entrega, amor y compasión. Nuestro mundo necesita de manera urgente de nuestro testimonio.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Jesús subió a la montaña y llamó a su lado a los que quiso. Ellos fueron hacia él, y Jesús instituyó a doce, a los que les dio el nombre de Apóstoles, para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar con el poder de expulsar a los demonios. Así instituyó a los Doce: Simón, al que puso el sobrenombre de Pedro; Santiago, hijo de Zebedeo, y Juan, hermano de Santiago, a los que dio el nombre de Boanerges, es decir, hijos del trueno; luego, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Tadeo, Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó. Palabra del Señor

Comentario:

Jesús elige a sus discípulos y le da el nombre de ‘apóstoles’, que significa ‘enviados’, porque los envía a realizar lo mismo que él realiza. Algunos apóstoles nos son muy conocidos, otros casi desconocidos. Dios llama a los que Él quiere. Nos llama hoy para anunciar su palabra desde nuestra vida concreta y para ayudar a nuestros contemporáneos. Démonos cuenta que el Señor nos envía, nos necesita y nuestro también nos necesita.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Jesús regresó a la casa, y de nuevo se juntó tanta gente que ni siquiera podían comer. Cuando sus parientes se enteraron, salieron para llevárselo, porque decían: “Es un exaltado”. Palabra del Señor

Comentario:

Los familiares de Jesús no lo aceptan. Lo conocen desde niño o creen conocerlo y Jesús cambió. La entrega total a su misión ha cambiado toda su manera de vivir. El Señor nos pide entregarnos totalmente a nuestra misión. Pidamos la gracia de esta entrega aun cuando nuestros amigos y conocidos nos critican o se burlan.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Cuando Jesús se enteró de que Juan Bautista había sido arrestado, se retiró a Galilea. Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaúm, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías: “¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, país de la Transjordania, Galilea de las naciones! El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz”. A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: “Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca”. Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar porque eran pescadores. Entonces les dijo: “Síganme, y Yo los haré pescadores de hombres”. Inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron. Continuando su camino, vio a otros dos hermanos: a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca con Zebedeo, su padre, arreglando las redes; y Jesús los llamó. Inmediatamente, ellos dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron. Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, proclamando la Buena Noticia del Reino y sanando todas las enfermedades y dolencias de la gente. Palabra del Señor

Comentario:

Jesús empieza a predicar: es luz en medio de nuestras vidas y quiere que lo acojamos como luz. Además, Jesús llama a sus primeros discípulos para acompañarlo a proclamar la Buena Noticia. Jesús no quiere hacer el trabajo solo. Pide nuestra ayuda. Pedro, Santiago y Juan lo siguen inmediatamente. El Señor nos pide trabajar de inmediato desde nuestro propio trabajo, desde nuestras cualidades.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Semana del 12 al 18 de enero 2026

Después que Juan Bautista fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: “El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia”. Mientras iba por la orilla del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que echaban las redes en el agua, porque eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme, y Yo los haré pescadores de hombres”. Inmediatamente, ellos dejaron sus redes y lo siguieron. Y avanzando un poco, vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban también en su barca arreglando las redes. En seguida los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre Zebedeo con los jornaleros, lo siguieron. Palabra del Señor.

Comentario:

La primera palabra de Jesús es: “conviértanse”. Estas se dirigen hoy a todos nosotros. Convertirse significa acoger a Jesús, su amor y su perdón. Es darse cuenta que no estamos solos, que Jesús viene a nosotros para formar un nuevo pueblo, una nueva cultura. Por eso, llama a los primeros discípulos y nos llama para anunciar su mensaje hoy. Nos pide atrevernos a confiar en él.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Jesús entró en Cafarnaúm, y cuando llegó el sábado, fue a la sinagoga y comenzó a enseñar. Todos estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas. Y había en la sinagoga un hombre poseído de un espíritu impuro, que comenzó a gritar: “¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios”. Pero Jesús lo increpó, diciendo: “Cállate y sal de este hombre”. El espíritu impuro lo sacudió violentamente y, dando un alarido, salió de ese hombre. Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros: “¿Qué es esto? ¡Enseña de una manera nueva, llena de autoridad: da órdenes a los espíritus impuros, y éstos le obedecen!” Y su fama se extendió rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea. Palabra del Señor

Comentario:

Jesús empieza su vida pública. Enseña de manera especial y sana a un endemoniado. Jesús viene para liberarnos de toda atadura del mal. Así lo entiende la gente de su tiempo. Hoy es difícil creer en el demonio. Pero al ver tanta maldad, tantos pecados en el mundo y en nosotros, aprendamos a darnos cuenta que Jesús viene para purificar, para liberar. Unámonos al pueblo para celebrar su fama y darle las gracias por su presencia.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Jesús fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron de inmediato. Él se acercó, la tomó de la mano y la hizo levantar. Entonces ella no tuvo más fiebre y se puso a servirlos. Al atardecer, después de ponerse el sol, le llevaron a todos los enfermos y endemoniados, y la ciudad entera se reunió delante de la puerta. Jesús sanó a muchos enfermos, que sufrían de diversos males, y expulsó a muchos demonios; pero a éstos no los dejaba hablar, porque sabían quién era Él. Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar desierto; allí estuvo orando. Simón salió a buscarlo con sus compañeros, y cuando lo encontraron, le dijeron: “Todos te andan buscando”. Él les respondió: “Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido”. Y fue por toda la Galilea, predicando en las sinagogas de ellos y expulsando demonios. Palabra del Señor

Comentario:

Jesús empieza su vida pública sanando a muchos enfermos. Domina la fiebre de la suegra de Simón y sana a todos. Ante el éxito, todos quieren retenerlo, pero Él no lo acepta. Viene para todos, no para un grupo pequeño. Jesús sana a la suegra de Simón y ella puede servir, puede volver a su vida normal. Jesús quiere que nuestra vida normal sea una vida de servicio: es la mejor manera de mostrar nuestra salvación.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Se acercó a Jesús un leproso para pedirle ayuda y, cayendo de rodillas, le dijo: “Si quieres, puedes purificarme”. Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: “Lo quiero, queda purificado”. En seguida la lepra desapareció y quedó purificado. Jesús lo despidió, advirtiéndole severamente: “No le digas nada a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio”. Sin embargo, apenas se fue, empezó a proclamarlo a todo el mundo, divulgando lo sucedido, de tal manera que Jesús ya no podía entrar públicamente en ninguna ciudad, sino que debía quedarse afuera, en lugares desiertos. Y acudían a Él de todas partes. Palabra del Señor

Comentario:

La lepra es una enfermedad maldita: no tiene curación y aparta de la comunidad de los seres humanos. Jesús no teme el contagio y sana al enfermo. La lepra ha sido el símbolo del pecado: no tiene solución y aparta de los demás. Jesús viene a sanar, a perdonar. Nos pide que seamos realistas: que veamos nuestra realidad de pecadores y aceptemos su presencia y su perdón.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Jesús volvió a Cafarnaúm y se difundió la noticia de que estaba en la casa. Se reunió tanta gente, que no había más lugar ni siquiera delante de la puerta, y Él les anunciaba la Palabra. Le trajeron entonces a un paralítico, llevándolo entre cuatro hombres. Y como no podían acercarlo a Él, a causa de la multitud, levantaron el techo sobre el lugar donde Jesús estaba, y haciendo un agujero descolgaron la camilla con el paralítico. Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: “Hijo, tus pecados te son perdonados”. Unos escribas que estaban sentados allí pensaban en su interior: “¿Qué está diciendo este hombre? ¡Está blasfemando! ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?” Jesús, advirtiendo en seguida que pensaban así, les dijo: “¿Qué están pensando? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: “Tus pecados te son perdonados”, o “Levántate, toma tu camilla y camina”? Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados, dijo al paralítico: Yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”. Él se levantó en seguida, tomó su camilla y salió a la vista de todos. La gente quedó asombrada y glorificaba a Dios, diciendo: “Nunca hemos visto nada igual”. Palabra del Señor

Comentario:

Tanto es el éxito de Jesús que le traen a un paralítico haciendo un hoyo en el techo. Esto muestra la fe, pero también la desesperación de todos frente a la enfermedad. Todos necesitamos una sanación con urgencia. Jesús alaba la fe y perdona los pecados porque allí está la fuente de la desesperación. El poder de Jesús está en el perdón. Démonos cuenta de lo que esto significa para nuestra vida.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Jesús salió nuevamente a la orilla del mar; toda la gente acudía a Él, y Él les enseñaba. Al pasar vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él se levantó y lo siguió. Mientras Jesús estaba comiendo en su casa, muchos publicanos y pecadores se sentaron a comer con Él y sus discípulos; porque eran muchos los que lo seguían. Los escribas del grupo de los fariseos, al ver que comía con pecadores y publicanos, decían a los discípulos: “¿Por qué come con publicanos y pecadores?” Jesús, que había oído, les dijo: “No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a justos, sino a pecadores”. Palabra del Señor

Comentario:

Mateo-Leví es recaudador de impuestos, es decir, funcionario odiado por los judíos. Lo asemejan a los pecadores públicos. Jesús sabe todo eso, y lo elige en su grupo de discípulos. Él viene a sanar, es decir, a aliviar a los que se saben enfermos o pecadores. Como una madre se preocupa más de su hijo enfermo que de los otros, así Dios se preocupa del pecador.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Juan Bautista vio acercarse a Jesús y dijo: “Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. A Él me refería, cuando dije: Después de mí viene un hombre que me precede, porque existía antes que yo. Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua para que Él fuera manifestado a Israel”. Y Juan dio este testimonio: “He visto al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y permanecer sobre Él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquél sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre Él, ése es el que bautiza en el Espíritu Santo”. Yo lo he visto y doy testimonio de que Él es el Hijo de Dios”. Palabra del Señor

Comentario:

Juan Bautista da su testimonio. Admira a Jesús y reconoce que Él es el enviado de Dios, el elegido. No tiene dudas al respecto. Juan Bautista lo define como aquel que quita los pecados. Dios envió a su Hijo para perdonar, para mostrar su amor misericordioso. Nosotros también somos testigos de este amor misericordioso. Pidamos la gracia de poder compartirlo con este mundo que tanto lo necesita.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Semana del 05 al 11 de enero 2026

Cuando Jesús se enteró de que Juan Bautista había sido arrestado, se retiró a Galilea. Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaúm, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta lsaías: “¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, país de la Transjordania, Galilea de las naciones! El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz”. A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: “Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca”. Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, proclamando la Buena Noticia del Reino y sanando todas las enfermedades y dolencias de la gente. Su fama se extendió por toda la Siria, y le llevaban a todos los enfermos, afligidos por diversas enfermedades y sufrimientos: endemoniados, epilépticos y paralíticos, y Él los sanaba. Lo seguían grandes multitudes que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la Transjordania. Palabra del Señor.

Comentario:

Jesús empieza su vida pública. Sus primeras palabras son: conviértanse. Después empieza a sanar a los enfermos. Jesús hoy nos dirige las mismas palabras: necesitamos convertirnos, es decir, poner a Dios en el centro de nuestra vida. Además, necesitamos que del Señor nos sane de nuestros pecados, de nuestro orgullo. Pidamos la gracia de la conversión con toda humildad.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato. Como se había hecho tarde, sus discípulos se acercaron y le dijeron: «Éste es un lugar desierto, y ya es muy tarde. Despide a la gente, para que vaya a los campos y poblaciones cercanos a comprar algo para comer». Él respondió: ‹Denles de comer ustedes mismos». Ellos le dijeron: «¿Tendríamos que ir a comprar doscientos denarios de pan para dar de comer a todos?». Jesús preguntó: «¿Cuántos panes tienen ustedes? Vayan a ver». Después de averiguarlo, dijeron: «Cinco panes y dos pescados». Él les ordenó que hicieran sentar a todos en grupos, sobre la hierba verde, y la gente se sentó en grupos de cien y de cincuenta. Entonces Él tomó los cinco panes y los dos pescados y, levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los fue entregando a sus discípulos para que los distribuyeran. También repartió los dos pescados entre la gente. Todos comieron hasta saciarse, y se recogieron doce canastas llenas de sobras de pan y de restos de pescado. Los que comieron eran cinco mil hombres. Palabra del Señor.

Comentario:

Jesús empieza su vida pública y se manifiesta: con 5 panes y 2 pescados da de comer a mucha gente. Dios toma lo poco que tenemos y los transforma en alimento para la multitud. Cuando Dios se compadece de nosotros, no mide su cariño; da y hay de sobra. Recordemos que Dios nos da a su Hijo en cada eucaristía. No mira nuestras debilidades, ni nuestra preparación. Solo mira nuestra pequeñez y su gran compasión.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Después que los cinco mil hombres se saciaron, enseguida Jesús obligó a sus discípulos a que subieran a la barca y lo precedieran en la otra orilla, hacia Betsaida, mientras Él despedía a la multitud. Una vez que los despidió, se retiró a la montaña para orar. Al caer la tarde, la barca estaba en medio del mar y Él permanecía solo en tierra. Al ver que remaban muy penosamente, porque tenían viento en contra, cerca de la madrugada fue hacia ellos caminando sobre el mar, e hizo como si pasara de largo. Ellos, al verlo caminar sobre el mar, pensaron que era un fantasma y se pusieron a gritar, porque todos lo habían visto y estaban sobresaltados. Pero Él les habló enseguida y les dijo: «Tranquilícense, soy Yo; no teman». Luego subió a la barca con ellos y el viento se calmó. Así llegaron al colmo de su estupor, porque no habían comprendido el milagro de los panes y su mente estaba enceguecida. Palabra del Señor.

Comentario:

Jesús se manifiesta como el que domina los elementos: el mar, la tempestad. Al mismo tiempo, pide superar los miedos. Si él está con nosotros, podemos vivir tranquilos. Hay tantos miedos en nuestras vidas: miedo a los demás, miedo al futuro, miedo de la vida, miedo de nuestros pecados. Jesús nos pide mirarlo a Él en todo momento, especialmente en los momentos de miedo, de sufrimiento o pánico. Si no entendemos lo que nos pasa, pidamos paz para aceptar todo.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Jesús volvió a Galilea con el poder del Espíritu y su fama se extendió en toda la región. Enseñaba en las sinagogas de ellos y todos lo alababan. Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura. Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor». Jesús cerró el libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en El. Entonces comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír». Todos daban testimonio a favor de Él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca. Palabra del Señor.

Comentario:

Jesús se manifiesta como el que cumple las Escrituras, es decir, las promesas de Dios. Él viene para salvarnos a todos, especialmente a los que más lo necesitan: los pobres, los abandonados. Jesús proclama un año de gracia: es el Jubileo que acabamos de vivir. Ofrezcámonos para seguirle en este jubileo de esperanza y así compartir esta esperanza con los que nos rodean.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Mientras Jesús estaba en una ciudad, se presentó un hombre cubierto de lepra. Al ver a Jesús, se postró ante Él y le rogó: «Señor, si quieres, puedes purificarme». Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Lo quiero, queda purificado». Y al instante la lepra desapareció. Él le ordenó que no se lo dijera a nadie, pero añadió: «Ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio». Su fama se extendía cada vez más y acudían grandes multitudes para escucharlo y hacerse sanar de sus enfermedades. Pero Él se retiraba a lugares desiertos para orar. Palabra del Señor.

Comentario:

Jesús se manifiesta como el que domina las enfermedades. La lepra era una enfermedad incurable, al igual que nuestros pecados. Jesús viene en nombre de Dios para sanar y perdonar. Aceptar a Jesús es también agradecerle todas sus atenciones y proclamar su nombre a nuestro alrededor.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Jesús fue con sus discípulos a Judea. Permaneció allí con ellos y bautizaba, Juan Bautista seguía bautizando en Enón, cerca de Salim, porque había mucha agua en ese lugar y la gente acudía para hacerse bautizar. Juan no había sido encarcelado todavía. Se originó entonces una discusión entre los discípulos de Juan y un judío, acerca de la purificación. Fueron a buscar a Juan y le dijeron: “Maestro, el que estaba contigo al otro lado del Jordán y del que tú has dado testimonio, también bautiza y todos acuden a Él”. Juan respondió: “Nadie puede atribuirse nada que no haya recibido del cielo. Ustedes mismos son testigos de que he dicho: “Yo no soy el Mesías, pero he sido enviado delante de Él. En las bodas, el que se casa es el esposo; pero el amigo del esposo, que está allí y lo escucha, se llena de alegría al oír su voz. Por eso mi gozo es ahora perfecto. Es necesario que El crezca y que yo disminuya”. Palabra del Señor.

Comentario:

Juan el Bautista tuvo mucho éxito, pero ante Jesús reconoce la supremacía de éste. Tenemos que admirar la humildad de Juan: no busca su provecho; reconoce la verdadera luz que es el Señor. Ojalá podamos acostumbrarnos a repetir con Juan: Hago todo lo posible para que Jesús crezca, para que los hombres los conozcan más y mejor. Esas es mi misión”. Pidamos la gracia de entregarnos con toda humildad.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Jesús fue desde Galilea hasta el Jordán y se presentó a Juan para ser bautizado por él. Juan se resistía, diciéndole: “Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti, ¡y eres tú el que viene a mi encuentro!”. Pero Jesús Je respondió: “Ahora déjame hacer esto, porque conviene que así cumplamos todo lo que es justo”. Y Juan se lo permitió. Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia Él. Y se oyó una voz del cielo que decía: “Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección”. Palabra del Señor.

Comentario:

Jesús recibe el bautismo, se pone en la fila en medio de los pecadores. Juan se resiste a bautizarlo, pero Jesús insiste: allí está su lugar. Jesús está en medio de los pecadores. Y el Padre reconoce y aprueba su misión desde el cielo. Jesús está en medio de nosotros, no para condenarnos, sino para acompañarnos, para sanarnos. ¡Confianza!

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Semana del 29 de diciembre 2025 al 04 de enero del 2026

 

 

Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: “Todo varón primogénito será consagrado al Señor”. También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor. Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con Él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo: “Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel”. Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de Él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: “Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos”. Palabra del Señor

Comentario:

Jesús recién nacido es presentado en el templo. Sus primeros gestos son para cumplir la ley. Allí en lo encuentra el viejo Simeón, hombre humilde, lleno de fe. Reconoce al Mesías. Sabe que el Mesías viene como luz, como salvación para todos. Sabe también que los pecados de los hombres son inmensos y que el Mesías viene para enfrentarlos y, si es posible, sanar a todos.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor. Estaba también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido. Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea. El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con Él. Palabra del Señor

Comentario:

Jesús recién nacido cumple la ley: es presentado en el templo. Los únicos que lo reconocen, además de María y José, son dos ancianos, el viejo Simeón y Ana, una pobre viuda. Los humildes acogen a Jesús, lo reconocen, hablan de él con sencillez. Pidamos la gracia de la humildad: esa es la única manera de encontrarse con el Señor.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Al principio estaba junto a Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe. En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron. Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. Él no era luz, sino el testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre. Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios. Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios. Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de Él, al declarar: “Este es Aquél del que yo dije: El que viene después de mí me ha precedido, porque existía antes que yo”. De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia: porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Dios Hijo único, que está en el seno del Padre. Palabra del Señor

Comentario:

Juan empieza su evangelio con una descripción de Jesús y un resumen de su vida: Jesús es Dios, es la luz, es el Hijo que viene para salvarnos. El mundo no lo recibió y tampoco lo recibe hoy. Juan Bautista, el precursor, da testimonio. Éste comprendió quién es realmente Jesús y quiere que lo aceptemos. Pidamos la gracia de acogerlo personalmente y a través de nuestros hermanos.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Los pastores fueron rápidamente adonde les había dicho el ángel del Señor, y encontraron a María, a José y al recién nacido acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño, y todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores. Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón. Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido. Ocho días después, llegó el tiempo de circuncidar al niño y se le puso el nombre de Jesús, nombre que le había sido dado por el ángel antes de su concepción. Palabra de Dios.

Comentario:

Año nuevo, vida nueva. ¡Feliz año! Es el mejor deseo para todos. Pidamos al Señor que nos regale un año feliz, que nos ayude a descubrirlo en los acontecimientos de este año, que, como María, aprendamos a conservar todo y a meditarlo en el corazón, que, como los pastores, podamos alabar a Dios porque lo hemos visto en nuestra vida.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a que le preguntaran: “¿Tú quién eres?” Él confesó y no negó; confesó: “Yo no soy el Mesías”. Le preguntaron: “Entonces, ¿qué? ¿Eres tú Elías?” Él dijo: “No lo soy”. “¿Eres tú el Profeta?” Respondió: “No”. Y la dijeron: “¿Quién eres para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?” Él contestó: “Yo soy la voz que grita en el desierto: allanad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías”. Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: “Entonces, ¿por qué bautizas si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?” Juan les respondió: “Yo bautizo con agua; en medio de ustedes hay uno que ustedes no conocen, el que viene detrás de mí y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia”. Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán donde Juan estaba bautizando. Palabra de Dios.

Comentario:

Juan Bautista se define a sí mismo con precisión y humildad: no es el Mesías, sino el que prepara el camino. Habla sin miedo. No viene para dar un mensaje propio, personal, sino para anunciar a otro que más fuerte. Prepara el camino. Nuestra misión, nuestro esfuerzo es también preparar el camino para que Cristo pueda entrar en el corazón de muchos.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Ese es aquel de quien yo dije: Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua para que sea manifestado a Israel”. Y Juan dio este testimonio diciendo: “He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo. Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios. Palabra de Dios.

Comentario:

Juan Bautista anuncia y presenta a Jesús. Lo presenta como el que recibió el Espíritu Santo; lo define como el que bautiza en el Espíritu. Juan describe lo que recibió de Dios mismo.  Jesús es la persona que más depende de Dios: vive de su Espíritu, dedica toda su vida al Padre; no piensa en sí mismo, sino en nosotros y en nuestra salvación.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN

Habiendo nacido Jesús en Belén de Judá en tiempo del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: “¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos adorarlo”. Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y todo Jerusalén con él. Convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: “En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las poblaciones de Judá, púes de ti saldrá un jefe que pastoreará a mi pueblo Israel”. Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisarán el tiempo en que había aparecido la estrella y los mandó: “Vayan y averigüen cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encuentren, avísenme para ir yo también a adorarlo”. Ellos después de oír al rey, se pudieron en camino y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y Habiendo recibido en sueños un oráculo para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino. Palabra de Dios.

Comentario:

Los magos vienen de lejos, es decir, salieron de su país; abandonaron su familia, su cultura, su confort para conocer a un recién nacido. Herodes no es capaz de moverse para conocer al niño; vive de odio. Dios llama a cada uno según lo que puede entender y vivir: los magos a través de una estrella, los judíos a través de la promesa de una Mesías; nosotros a través de Jesús, su salvación y sus sacramentos. Dios se manifiesta: eso es la epifanía. Dejemos que se manifieste en nosotros y a través nuestro.

R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN