Evangelios 2026
En esta sección
Semana del 16 al 22 de febrero 2026
Llegaron los fariseos, que comenzaron a discutir con Jesús; y, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. Jesús, suspirando profundamente, dijo: “¿Por qué esta generación pide un signo? Les aseguro que no se le dará ningún signo”. Y dejándolos, volvió a embarcarse hacia la otra orilla. Palabra del Señor.
Comentario:
Los fariseos exigen un signo, una prueba, y Jesús se niega. ¡Ha dado tantos signos en sus palabras y sus milagros! Es importante para nosotros revisar nuestras vidas y ver los signos de amor que Dios ya nos ha dado. Nuestra fe nos dice que Dios está siempre con nosotros. Es muy posible que no estemos acostumbrado a sentir su presencia. Es tiempo de comenzar.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Jesús volvió a embarcarse hacia la otra orilla del lago. Los discípulos se habían olvidado de llevar pan y no tenían más que un pan en la barca. Jesús les hacía esta recomendación: “Estén atentos, cuídense de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes”. Ellos discutían entre sí, porque no habían traído pan. Jesús se dio cuenta y les dijo: “¿A qué viene esa discusión porque no tienen pan? ¿Todavía no comprenden ni entienden? Ustedes tienen la mente enceguecida. Tienen ojos y no ven, oídos y no oyen. ¿No recuerdan cuántas canastas llenas de sobras recogieron cuando repartí cinco panes entre cinco mil personas?” Ellos le respondieron: “Doce”. “Y cuando repartí siete panes entre cuatro mil personas, ¿cuántas canastas d sobras recogieron?” Ellos respondieron: “Siete”. Entonces Jesús les dijo: “¿Todavía no comprenden?” Palabra del Señor.
Comentario:
Los discípulos están inquietos. Jesús les recuerda que Él está siempre presente; les pide confiar en Él y en nadie más. Es importante revisar nuestra vida: ver cómo Jesús se ha hecho presente en ella, darnos cuenta si lo dejamos entrar en nuestra vida. Así podremos vivir con más confianza y darnos cuenta que solo en Él hay esperanza de vida, en ningún otro ser.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Jesús dijo a sus discípulos: Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos, de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre de ustedes que está en el cielo. Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignora lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas; a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres noten que ayunan. Les aseguro que, con esto, ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará. Palabra del Señor.
Comentario:
Empieza la Cuaresma. Empieza el camino hacia la fiesta de la Resurrección del Señor: son 40 días de preparación. Cada día de la Cuaresma, Jesús nos enseñará cómo profundizar el camino. Pongamos atención. Hoy, Jesús insiste en no buscar recompensa ni alabanza de parte de los hombres: eso es hipocresía. Solo Dios mismo, con su amor, puede ser nuestra recompensa.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Jesús dijo a sus discípulos: “El Hijo del hombre debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día”. Después dijo a todos: “El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz de cada día y me siga. Porque el que quiera salvar su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la salvará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si se pierde o se arruina a sí mismo”? Palabra del Señor.
Comentario:
Ser cristiano es difícil. La cruz, es decir, la dificultad, es algo de cada día. Jesús la vivió personalmente; sabe lo que está diciendo. La cruz es entregarse, lo que va contra todo lo que nuestro mundo nos enseña. No busquemos ganar el mundo. Pidamos la gracia de entregarnos, de buscar la vida plena, la vida que Dios nos ofrece… en medio de las dificultades, de las incomprensiones y persecuciones.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Se acercaron a Jesús los discípulos de Juan Bautista y le dijeron: “¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos mucho mientras que tus discípulos no ayunan?” Jesús les respondió: “¿Acaso los amigos del esposo pueden estar tristes mientras el esposo está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán”. Palabra del Señor.
Comentario:
El ayuno, muchas veces, se ve como signo de austeridad, y a veces, lleva al pesimismo. Para Jesús, lo más importante es estar con Él. Él, y solo Él, da sentido a nuestra vida, da esperanza. Por eso, es importante acercarnos más a Él. En este tiempo de Cuaresma, nuestro esfuerzo debe ser para acercarnos a Jesús. El ayuno (si lo hay) y todo otro esfuerzo debe llevarnos en este camino. Es la gracia que hay que pedir.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Jesús salió y vio a un publicano llamado Leví, que estaba sentado junto a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció a Jesús un gran banquete en su casa. Había numerosos publicanos y otras personas que estaban a la mesa con ellos. Los fariseos y sus escribas murmuraban y decían a los discípulos de Jesús: “¿Por qué ustedes comen y beben con publicanos y pecadores?” Pero Jesús tomó la palabra y les dijo: “No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, para que se conviertan”. Palabra del Señor.
Comentario:
Jesús llama a Levi, un cobrador de impuesto, gente odiada por los judíos. No solo llama a un pecador, sino que se une a su grupo de amigos en la mesa. A los fariseos, le es imposible entender este gesto. Jesús responde: Él viene para los pecadores. Lo que le interesa a Dios es ayudar a los que se sienten y se saben pecadores. Igual que a Levi, Dios nos llama a nosotros.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el demonio. Después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, sintió hambre. Y el tentador, acercándose, le dijo: “Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes”. Jesús le respondió: “Está escrito: el hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Luego el demonio llevó a Jesús a la Ciudad Santa y lo puso en la parte más alta del templo, diciéndole: “Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: Dios dará órdenes a sus ángeles y ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra”. Jesús le respondió: “También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios”. El demonio lo llevó luego a una montaña muy alta, desde allí le hizo ver todos los reinos del mundo con todo su esplendor, y le dijo: “Te daré todo esto, si te postras para adorarme”. Jesús le respondió: “Retírate, Satanás, porque está escrito: adorarás al Señor tu Dios, y a Él solo rendirás culto”. Entonces el demonio lo dejó, y unos ángeles se acercaron para servirlo. Palabra del Señor.
Comentario:
Jesús fue tentado. Nosotros también padecemos tentaciones. Jesús pudo superar la tentación porque conoce el Padre, porque confía en el Espíritu Santo y porque conoce la Escritura como Palabra de Dios. Se inicia la cuaresma. Para entrar bien en el esfuerzo de la Cuaresma, pidamos la gracia de conocer nuestras tentaciones para que con su gracia podamos enfrentarlas.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Semana del 9 al 15 de febrero 2026
Después de atravesar el lago, Jesús y sus discípulos llegaron a Genesaret y atracaron allí. Apenas desembarcaron, la gente reconoció en seguida a Jesús, y comenzaron a recorrer toda la región para llevar en camilla a los enfermos hasta el lugar donde sabían que Él estaba. En todas partes donde entraba, pueblos, ciudades y poblados, ponían a los enfermos en las plazas y le rogaban que los dejara tocar tan solo los flecos de su manto, y los que lo tocaban quedaban sanos. Palabra del Señor.
Comentario:
Apenas aparece Jesús en un lugar, la gente corre a verlo: su palabra da misericordia y esperanza; sus gestos bendicen y sanan. Esa es la misión del Hijo de Dios. Y esa es la misión de cada uno de nosotros. Tenemos que pedir al Señor que nos ayude a tener siempre palabras y gestos que acojan a los demás, que demuestren amor; jamás odio o desprecio.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Los fariseos con algunos escribas llegados de Jerusalén se acercaron a Jesús, y vieron que algunos de sus discípulos comían con las manos impuras, es decir, sin lavar. Los fariseos, en efecto, y los judíos en general, no comen sin lavarse antes cuidadosamente las manos, siguiendo la tradición de sus antepasados; y al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones. Además, hay muchas otras prácticas a las que están aferrados por tradición, como lavado de los vasos, de las jarras, de la vajilla de bronce y de las camas. Entonces los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: “¿Por qué tus discípulos no proceden de acuerdo con la tradición de nuestros antepasados, sino que comen con las manos impuras?” Él les respondió: “¡Hipócritas! Bien profetizó de ustedes Isaías, en el pasaje de la Escritura que dice: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinde culto: las doctrinas que enseñan no son sino preceptos humanos. Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios por seguir la tradición de los hombres”. Y les decía: “Por mantenerse fieles a su tradición, ustedes descartan tranquilamente el mandamiento de Dios. Porque Moisés dijo: ‘Honra a tu padre y a tu madre’, y además: ‘El que maldice a su padre y a su madre será condenado a muerte’ En cambio ustedes afirman: ‘Si alguien dice a su padre o a su madre: declaro corbán – es decir, ofrenda sagrada – todo aquello con lo que podría ayudarte’, en este caso, le permiten no hacer nada más por su padre o por su madre. Así anulan la palabra de Dios por la tradición que ustedes mismos se han transmitido. ¡Y como estas, hacen muchas otras cosas!” Palabra del Señor.
Comentario:
Las tradiciones son importantes porque nos ponen en continuación con nuestra cultura y nuestros antepasados. Pero, al mismo tiempo, pueden esclavizarnos porque actuamos como máquina. Como robot, sin pensar. Por eso, Jesús tiene problemas con los fariseos. Es bueno revisar nuestras costumbres, darnos cuenta cómo pensamos, y ver si dejamos de lado los mandamientos de Dios.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Jesús, llamando a la gente, les dijo: “Escúchenme todos y entiéndanlo bien. Ninguna cosa externa que entra en el hombre puede mancharlo: lo que hace impuro es aquello que sale del hombre. ¡Si alguien tiene oídos para oír, que oiga!” Cuando se apartó de la multitud y entró en la casa, sus discípulos le preguntaron por el sentido de esa parábola. Él les dijo: “¿Ni siquiera ustedes son capaces de comprender? ¿No saben que nada de lo que entra de afuera en el hombre puede mancharlo, porque eso no va al corazón sino al vientre, y después se elimina en lugares retirados?” Así Jesús declaraba que eran puros todos los alimentos. Luego agregó: “Lo que sale del hombre es lo que lo hace impuro. Porque es del interior, del corazón de los hombres, de donde provienen las malas intenciones, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, los engaños, las deshonestidades, la envidia, la difamación, el orgullo, el desatino. Todas estas cosas malas proceden del interior y son las que manchan al hombre”. Palabra del Señor.
Comentario:
Para Jesús, no hay alimento impuro porque todo fue creado por Dios y creado bueno. Lo que es impuro es lo que sale del corazón del hombre. Jesús nos muestra tantas impurezas. Es bueno leer la lista y darnos cuenta (sin asustarnos) cómo está nuestra vida, nuestro corazón. Esto nos permite ver dónde poner nuestros esfuerzos y pedir al Señor su gracia para crecer.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Jesús se fue a la región de Tiro. Entró en una casa y no quiso que nadie lo supiera, pero no pudo permanecer oculto. En seguida, una mujer cuya hija estaba poseída por un espíritu impuro, oyó hablar de Él y fue a postrarse a sus pies. Esta mujer, que era pagana y de origen siro-fenicia, le pidió que expulsara de su hija al demonio. Él le respondió: “Deja que antes se sacien los hijos; no está bien tomar el pan de los hijos para tirárselo a los cachorros”. Pero ella le respondió: “Es verdad, Señor, pero los cachorros, debajo de la mesa, comen las migajas que dejan caer los hijos”. Entonces Él le dijo: “A causa de lo que has dicho, puedes irte: el demonio ha salido de tu hija”. Ella regresó a su casa y encontró a la niña acostada en la cama y liberada del demonio. Palabra del Señor.
Comentario:
Una mujer no judía, es decir, no creyente, pide un milagro para su hija. Frente a la negación de Jesús, la mujer muestra su entereza y su humildad y así vemos lo profundo de su fe. El sufrimiento y la humildad no tienen fronteras. Jesús acoge la petición. Pidamos al Señor que aumente nuestra fe y nos ayude a crecer en humildad.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Cuando Jesús volvía de la región de Tiro, pasó por Sidón y fue hacia el mar de Galilea, atravesando el territorio de Decápolis. Entonces le presentaron a un sordomudo y le pidieron que le impusiera las manos. Jesús lo separó de la multitud y, llevándolo aparte, le puso los dedos en las orejas y con su saliva le tocó la lengua. Después, levantando los ojos al cielo, suspiró y le dijo: “Efatá”, que significa: “Ábrete”. Y en seguida se abrieron sus oídos, se le soltó la lengua y comenzó a hablar normalmente. Jesús les mandó insistentemente que no dijeran nada a nadie, pero cuanto más insistía, ellos más lo proclamaban y, en el colmo de la admiración, decían: “Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos”. Palabra del Señor.
Comentario:
Jesús sana a un sordomudo. A veces, Jesús sana solo con una palabra. En el milagro de hoy, Jesús toca al enfermo. Los seres humanos somos creaturas; necesitamos que actúen los sentidos, hoy el tacto y el oído. Dios es nuestro creador; nos conoce perfectamente y sabe muy bien todo lo que necesitamos. Por eso, la gente está llena de admiración.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
En esos días, volvió a reunirse una gran multitud, y como no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: “Me da pena esta multitud, porque hace tres días que están conmigo y no tienen qué comer. Si los mando en ayunas a sus casas, van a desfallecer en el camino, y algunos han venido de lejos”. Los discípulos le preguntaron: “¿Cómo se podría conseguir pan en este lugar desierto para darles de comer?” Él les dijo: “¿Cuántos panes tienen ustedes?” Ellos respondieron: “Siete”. Entonces Él ordenó a la multitud que se sentara en el suelo, después tomó los sietes panes, dio gracias, los partió y los fue entregando a sus discípulos para que los distribuyeran. Ellos los repartieron entre la multitud. Tenían, además, unos cuantos pescados pequeños, y después de pronunciar la bendición sobre ellos, mandó que también los repartieran. Comieron hasta saciarse y todavía se recogieron siete canastas con lo que había sobrado. Eran unas cuatro mil personas. Luego Jesús los despidió. En seguida subió a la barca con sus discípulos y fue a la región de Dalmanuta. Palabra del Señor.
Comentario:
Como consecuencia de su compasión, Jesús multiplica los panes: hay siete panes y unos pocos pescados. Todos comen a satisfacción. Lo importante, además de la multiplicación misma, es que hay de sobra. Cuando Dios da, no sabe calcular. Cuando hay amor, compasión, no hay espacio para el cálculo. El amor de Dios es infinito. Es bueno recordarlo en nuestra vida y en nuestras oraciones.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Jesús dijo a sus discípulos: No piensen que vi e para abolir la Ley o los Profetas. Yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Les aseguro que no quedará ni una i ni una coma de la Ley sin cumplirse, antes que desaparezcan el cielo y la tierra. El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos. Les aseguro que, si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, en entrarán en el Reino de los Cielos.
Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: No matarás, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal. Pero yo les digo que todo aquél que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquél que lo insulta, merece ser castigado por el Tribunal. Y el que lo maldice, merece el infierno. Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y solo entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.
Ustedes han oído que se dijo: No cometerás adulterio. Pero Yo les digo: El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Si tu ojo derecho es para ti una ocasión de pecado, arráncalo y arrójalo lejos de ti: es preferible que se pierda un solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno.
También se dijo: El que se divorcia de su mujer, debe darle una declaración de divorcio. Pero Yo les digo: el que se divorcia de su mujer, excepto en el caso de unión ilegal, la expone a cometer adulterio, y el que se casa con una mujer abandonada por su marido comete adulterio.
Ustedes han oído también que se dijo a los antepasados: No jurarás falsamente, y cumplirás los juramentos hechos al Señor. Pero Yo les dijo que no juren de ningún modo, ni por el cielo porque es el trono de Dios, ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies, ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran rey. No jures tampoco por tu cabeza, porque no puedes convertir en blanco o negro uno solo de tus cabellos. Cuando digan ‘si’, que sea si, y cuando digan ‘no’ que sea no. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno. Palabra del Señor.
Comentario:
Jesús quiere ser el centro de nuestra vida y de nuestra manera de vivir. Pidamos paciencia para superar el mal y sobre todo los deseos de rencor y venganza tan comunes en este mundo y en nosotros. Pidamos paciencia para ser misericordioso con tantos pecados, nuestros y de los demás. Jesús quiere radicalidad. Pidamos especialmente la gracia de entender la ley en toda su profundidad.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Semana del 2 al 8 de febrero 2026
Cuando llegó el día fijado por la ley de Moisés para la purificación de ellos, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: “Todo varón primogénito será consagrado al Señor”. También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la ley del Señor.
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Let, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo: “Ahora Señor, puedes dejar que tu siervo muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel”.
Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de Él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: “Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos”.
Había también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido. Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea. El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con Él. Palabra del Señor.
Comentario:
Jesús es presentado en el templo. Desde su nacimiento obedece a las leyes del padre: es un niño entre muchos otros. Solo lo reconocen Simeón y Ana, inspirados por el Espíritu Santo. Ambos supieron esperar toda su vida, sin desesperar. Sabemos que Dios está presente en medio de nosotros. Buscar, esperar su presencia en este mundo, en nuestra historia nos ayuda a madurar espiritualmente.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y Él se quedó junto al mar. Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies, rogándole con insistencia: “Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se sane y viva”. Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados.
Se encontraba allí una mujer que desde hace doce años padecía de hemorragias. Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor. Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto, porque pensaba: “Con solo tocar su manto quedaré sanada”. Inmediatamente cesó la hemorragia y ella sintió en su cuerpo que estaba sanada de su mal. Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de Él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: “¿Quién tocó mi manto?” Sus discípulos le dijeron: “¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?” Pero Él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido. Entonces, la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó toda la verdad. Jesús le dijo: “Hija, te fe te ha salvado. Vete en paz, y queda sanada de tu enfermedad”.
Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: “Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?” Pero Jesús, sin tener en cuenta estas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: “No temas, basta que creas”. Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un alboroto, y gente que lloraba y gritaba. Al entrar, dijo: “¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme”. Y se burlaban de Él. Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con Él, entró donde ella estaba. La tomó de la mano y le dijo: “Talitá kum”, que significa: “¡Niña, yo te lo ordeno, levántate! Enseguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, y Él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que dieran de comer a la niña. Palabra de Dios.
Comentario:
Jesús no solo hace milagros importantes como devolver la vida, sino que desconcierta en la manera de hacer milagros. Una mujer lo toca a escondidas y se da cuenta; una niña ha muerto y le da vida; todo sin gritos ni escándalos. Jesús viene a salvar, a dar vida, pero no es un curandero; quiere compartir con nosotros, especialmente en los momentos difíciles. Quiere ser acogido como lo que es: un Dios misericordioso, cercano a todos.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Jesús se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos. Cuando llegó el sábado. Comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: “¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos? ¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?” Y Jesús era para ellos un motivo de escándalo. Por eso les dijo: “Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa”. Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de sanar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos. Y Él se asombraba de su falta de fe. Jesús recorría las poblaciones de los alrededores, enseñando a la gente. Palabra del Señor.
Comentario:
La gente de su pueblo cree conocer a Jesús y se queda con una idea fija, Es difícil conocer bien a otra persona; más difícil cuando se trata de Dios. Tenemos que abrirnos para conocer. Creer conocer a tal persona puede ser perjudicial para ambos. Creer conocer a Dios, nos encierra en nuestras ideas. Pidamos al Señor que abra nuestro corazón para no despreciarlo como los conciudadanos de Jesús.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Jesús llamó a los doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros. Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni provisiones, ni dinero; que fueran calzado con sandalias y que no tuvieran dos túnicas. Les dijo: “Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir. Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos”. Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión; expulsaron a muchos demonios y sanaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo, Palabra del Señor.
Comentario:
Jesús envía a sus discípulos en misión. Tienen que aprender su trabajo futuro. No se trata solo de predicar. También deben confiar y no llevar nada. La predicación del reino es algo que llena la vida y la manera de vivir. Si hablamos de misericordia, si exhortamos a la conversión, debemos vivir lo que anunciamos. Pidamos la gracia de tener la fuerza de predicar y de vivir acorde.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
El rey Herodes oyó hablar de Jesús, porque su fama se había extendido por todas partes. Algunos decían: “Juan el Bautista ha resucitado, y por eso se manifiestan en él poderes milagrosos”. Otros afirmaban: “Es Elías”. Y otros: “Es un profeta como los antiguos”. Pero Herodes, al oír todo esto, decía: “Este hombre es Juan, a quien yo mandé decapitar y que ha resucitado”. Herodes, en efecto, había hecho arrestar y encarcelar a Juan a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, con la que se había casado. Porque Juan decía a Herodes: “No te es lícito tener a la mujer de tu hermano”. Herodías odiaba a Juan e intentaba matarlo, pero no podía porque Herodes lo respetaba, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo protegía. Cuando lo oía, quedaba perplejo, pero lo escuchaba con gusto.
Un día se presentó la ocasión favorable. Herodes festejaba su cumpleaños, ofreciendo un banquete a sus dignatarios, a sus oficiales y a los notables de Galilea. Su hija, también llamada Herodías, salió a bailar, y agradó tanto a Herodes y a sus convidados, que el rey dijo a la joven: “Pídeme lo que quieras y te lo daré”. Y le aseguró bajo juramento: “Te daré cualquier cosa que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino”. Ella fue as preguntar a su madre: “¿Qué debo pedir?” “La cabeza de Juan el Bautista” respondió ésta. La joven volvió rápidamente a donde estaba el rey y le hizo este pedido: “Quiero que me traigas ahora mismo, sobre una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista”. El rey se entristeció mucho, pero a causa de su juramento, y por los convidados, no quiso contrariarla. En seguida mandó a un guardia que trajera la cabeza de Juan. El guardia fue a la cárcel y le cortó la cabeza. Después la trajo sobre una bandeja, la entregó a la joven y ésta se la dio a su madre. Cuando los discípulos de Juan lo supieron, fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron. Palabra del Señor.
Comentario:
Herodes celebra su cumpleaños. Normalmente un cumpleaños es un día de fiesta, de alegría con la familia y con las amistades. El cumpleaños de Herodes termina con un asesinato. La mentalidad antigua es distinta a la nuestra, pero, de todas maneras, choca el desenlace de esta fiesta. Para muchos, la vida de una persona no tiene valor. Cada vez que despreciamos a otra persona, por el motivo que sea, somos otros Herodes. Pidamos la gracia de aprender a mirar a otros con bondad, como Dios lo hace.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Al regresar de su misión, los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo: “Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco”. Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer. Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto. Al verlos partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos. Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato. Palabra del Señor.
Comentario:
La multitud busca a Jesús. Los discípulos no tienen tiempo para descansar. Jesús tampoco. Siente compasión al ver los deseos de la gente de recibir su palabra y su cariño. Somos las ovejas que él quiere pacer. Démonos cuenta de la compasión de nuestro Dios: Él se da cuenta de nuestra miseria, de nuestra búsqueda de amor. Pidamos la gracia de acoger su cariño.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Jesús dijo a sus discípulos: “Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres. Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña. Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa. Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en el cielo. Palabra del Señor.
Comentario:
La sal da sabor y conserva; la luz ilumina. Jesús es taxativo: el cristiano es, no busca ser, sino que es sal y luz y debe vivir como tal. Pidamos la gracia de entregarnos a nuestra misión: ayudar a nuestros contemporáneos a encontrar el sabor, el sentido de la vida, a iluminar el camino de tantos que están perdidos. En resumen, a sentirnos responsables de este mundo en que vivimos.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Semana del 26 de enero al 1 de febrero 2026
Los escribas que habían venido de Jerusalén decían acerca de Jesús: “Está poseído por Belzebul y expulsa a los demonios por el poder del Príncipe de los demonios”. Jesús los llamó y por medio de comparaciones les explicó: “¿Cómo Satanás va a expulsar a Satanás? Un reino donde hay luchas internas no puede subsistir. Y una familia dividida tampoco puede subsistir. Por lo tanto, si Satanás se dividió, levantándose contra sí mismo, ya no puede subsistir, sino que ha llegado a su fin. Pero nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si primero no lo ata. Sólo así podrá saquear la casa. Les aseguro que todo será perdonado a los hombres: todos los pecados y cualquier blasfemia que profieran. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás: es culpable de pecado para siempre”. Jesús dijo esto porque ellos decían: “Está poseído por un espíritu impuro”. Palabra del Señor
Comentario:
Quien acusa a Jesús de endemoniado, debe revisar su vida y preguntarse si él mismo, el acusador, no está endemoniado. Satanás es el que divide mientras Jesús busca la unidad de todos en su persona. Hay tantas divisiones en nuestro mundo y en nosotros mismos. Jesús quiere unirnos. Esto significa un esfuerzo nuestro para creer que la unidad es posible en Cristo. Pidamos la gracia de creer realmente, de entregarnos a Él.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Llegaron la madre y los hermanos de Jesús y, quedándose afuera, lo mandaron llamar. La multitud estaba sentada alrededor de Él, y le dijeron: “Tu madre y tus hermanos te buscan ahí afuera”. Él les respondió: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?” Y dirigiendo su mirada sobre los que estaban sentados alrededor de Él, dijo: “Éstos son mi madre y mis hermanos. Porque el que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”. Palabra del Señor
Comentario:
Ciertamente los lazos familiares son importantes. Y Jesús lo sabe. Pero para Jesús, lo primero es la unión con Dios, hacer la voluntad de Dios, entrar y unirse a la familia de Dios y entonces, los lazos humanos tendrán otro sentido más profundo. Oremos por nuestras familias y de una manera especial por esta familia que es la Iglesia. Oremos para el Señor sea realmente la base de todos nuestros afectos.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Jesús comenzó a enseñar a orillas del mar. Una gran multitud se reunió junto a Él, de manera que debió subir a una barca dentro del mar, y sentarse en ella. Mientras tanto, la multitud estaba en la orilla. Él les enseñaba muchas cosas por medio de parábolas, y esto era lo que les enseñaba: “¡Escuchen! El sembrador salió a sembrar. Mientras sembraba, parte de la semilla cayó al borde del camino, y vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno rocoso, donde no había mucha tierra, y brotó enseguida porque la tierra era poco profunda; pero cuando salió el sol, se quemó y, por falta de raíz, se secó. Otra cayó entre las espinas; éstas crecieron, la sofocaron, y no dio fruto. Otros granos cayeron en buena tierra y dieron fruto: fueron creciendo y desarrollándose, y rindieron ya el treinta, ya el sesenta, ya el ciento por uno”. Y decía: “¡El que tenga oídos para oír, que oiga!” Cuando se quedó solo, los que estaban alrededor de Él junto con los Doce le preguntaban por el sentido de las parábolas. Y Jesús les decía: “A ustedes se les ha confiado el misterio del Reino de Dios; en cambio, para los de afuera, todo es parábola, a fin de que miren y no vean, oigan y no entiendan, no sea que se conviertan y alcancen el perdón”. Jesús les dijo: “¿No entienden esta parábola? ¿Cómo comprenderán entonces todas las demás? El sembrador siembra la Palabra. Los que están al borde del camino son aquellos en quienes se siembra la Palabra; pero, apenas la escuchan, viene Satanás y se lleva la semilla sembrada en ellos. Igualmente, los que reciben la semilla en terreno rocoso son los que, al escuchar la Palabra, la acogen enseguida con alegría; pero no tienen raíces, sino que son inconstantes y, en cuanto sobreviene la tribulación o la persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumben. Hay otros que reciben la semilla entre espinas: son los que han escuchado la Palabra, pero las preocupaciones del mundo, la seducción de las riquezas y los demás deseos penetran en ellos y ahogan la Palabra, y esta resulta infructuosa. Y los que reciben la semilla en tierra buena son los que escuchan la Palabra, la aceptan y dan fruto al treinta, al sesenta y al ciento por uno”. Palabra del Señor.
Comentario:
Parábola del Sembrador. Dios es el sembrador, nosotros la tierra que recibe la semilla. La tierra es buena, ya que fue creada por Dios. Pero hay tantas tentaciones que no permiten que la semilla viva su vocación de dar frutos: tentaciones externas e internas. Hemos recibido una semilla muy buena: la Palabra de Dios. Pidamos la fuerza de abrirnos al amor de Dios para esta semilla de frutos abundantes.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Jesús decía a la multitud: “¿Acaso se trae una lámpara para ponerla debajo de un cajón o debajo de la cama? ¿No es más bien para colocarla sobre el candelero? Porque no hay nada oculto que no deba ser revelado y nada secreto que no deba manifestarse. ¡Si alguien tiene oídos para oír, que oiga!” Y les decía: “¡Presten atención a lo que oyen! La medida con que midan se usará para ustedes, y les darán más todavía. Porque al que tiene, se le dará, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene”. Palabra del Señor
Comentario:
¡He recibido tantos bienes! Recibimos la luz para iluminar a otros. Es imposible conservar todo lo recibido y disfrutarlo como egoísta. Necesitamos compartir. Jesús insiste en ‘oír’: oír, escuchar es abrirse para recibir la palabra del otro y entenderla, no a nuestra manera, sino buscar entender lo que el otro nos dice. Pidamos la gracia de abrirnos para escuchar claramente la palabra que Dios nos ofrece hoy. Así podremos entregar lo que recibimos.
Jesús decía a sus discípulos: “El Reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra: sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga. Cuando el fruto está a punto, él aplica enseguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha”. También decía: “¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo? Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra, pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra”. Y con muchas parábolas como estas les anunciaba la Palabra, en la medida en que ellos podían comprender. No les hablaba sino en parábolas, pero a sus propios discípulos, en privado, les explicaba todo. Palabra del Señor
Comentario:
Jesús vivió en el campo. Conoce la realidad de los campos. Por eso, sus parábolas se relacionan con la vida del campo: la vida es sencilla. Solo Dios da la vida y una semilla pequeña puede crecer mucho y dar cobijo a las aves. Somos pequeños, débiles. Hay que reconocerlo y aceptarlo. Pero también confiar que, con la gracia de Dios, podremos ayudar, cobijar a muchos hermanos.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Un día, al atardecer, Jesús dijo a sus discípulos: “Crucemos a la otra orilla”. Ellos, dejando a la multitud, lo llevaron en la barca, así como estaba. Había otras barcas junto a la suya. Entonces se desató un fuerte vendaval, y las olas entraban en la barca, que se iba llenando de agua. Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre el cabezal. Lo despertaron y le dijeron: “¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos?” Despertándose, Él increpó al viento y dijo al mar: “¡Silencio! ¡Cállate!” El viento se aplacó y sobrevino una gran calma. Después les dijo: “¿Por qué tienen miedo? ¿Cómo no tienen fe?” Entonces quedaron atemorizados y se decían unos a otros: “¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?” Palabra del Señor
Comentario:
Jesús no se inmuta con la tempestad. Los discípulos, hombres aguerridos. Se asombran con el viento, las olas, y más todavía por este hombre que calma la tempestad. Hay tantas tempestades en nuestras vidas y hay tantos miedos. Jesús nos enseña cómo enfrentar las dificultades. Él nos acompaña en estas dificultades. Solamente con Él podemos enfrentarlas. Pidamos la gracia de la confianza.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Seguían a Jesús grandes multitudes que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la Transjordania. Al ver la multitud. Jesús subió a la montaña, se sentó y sus discípulos se acercaron a Él. Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo: “Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los cielos. Felices los afligidos, porque serán consolados. Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia. Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios. Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí. Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron. Palabra del Señor.
Comentario:
Conocemos las bienaventuranzas. Dios quiere que seamos felices, pero de una felicidad verdadera, profunda. No como la que surge de los criterios del mundo. Son felices los pobres, los afligidos, los hambrientos de justicia, los que tienen misericordia, los que trabajan por la paz, los perseguidos. Todos ellos han puesto en Dios su corazón, todos confían en Dios y no en sí mismos. Preguntémonos si somos felices, profundamente felices.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Semana del 19 al 25 de enero 2026
Un día en que los discípulos de Juan y los fariseos ayunaban, fueron a decirle a Jesús: “¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacen los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos?” Jesús les respondió: “¿Acaso los amigos del esposo pueden ayunar cuando el esposo está con ellos? Es natural que no ayunen, mientras tienen consigo al esposo. Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán. Nadie usa un pedazo de género nuevo para remendar un vestido viejo, porque el pedazo añadido tira del vestido viejo y la rotura se hace más grande. Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque hará reventar los odres, y ya no servirán más ni el vino ni los odres. ¡A vino nuevo, odres nuevos!” Palabra del Señor
Comentario:
Estar con Jesús es fuente de alegría y de paz, no de tristeza. Jesús está claro en eso: el viene a dar paz. Para poder acogerla, hay que convertirse: eso es el vestido nuevo, el odre nuevo. Con Jesús, estamos en los tiempos nuevos. Tenemos muchas costumbres que fueron buenas en su tiempo, pero tenemos que discernir si hoy nos ayudan a encontrar esta alegría y paz que Jesús ofrece. Pidamos la gracia de discernir nuestra vida real.
R.P. André Hubert, sj
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Un sábado en que Jesús atravesaba unos sembrados, sus discípulos comenzaron a arrancar espigas al pasar. Entonces los fariseos le dijeron: “¡Mira! ¿Por qué hacen en sábado lo que no está permitido?” Él les respondió: “¿Ustedes no han leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus compañeros se vieron obligados por el hambre, cómo entró en la Casa de Dios, en el tiempo del Sumo Sacerdote Abiatar, y comió y dio a sus compañeros los panes de la ofrenda, que sólo pueden comer los sacerdotes?” Y agregó: “El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. De manera que el Hijo del hombre es dueño también del sábado”. Palabra del Señor
Comentario:
Todas las leyes, aun las leyes de Dios, existen para ayudarnos a ser más libres, a vivir con más profundidad nuestra vida, a vivir mejor en comunidad. ¡Hay tantas leyes, tantas reglas en nuestras vidas! Es bueno preguntarse cómo está nuestra relación con las leyes, si nos ayudan y cómo. Pidamos al Señor
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Jesús entró en una sinagoga, y había allí un hombre que tenía una mano paralizada. Los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si lo sanaba en sábado, con el fin de acusarlo. Jesús dijo al hombre de la mano paralizada: “Ven y colócate aquí delante”. Y les dijo: “¿Está permitido en sábado hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?” Pero ellos callaron. Entonces, dirigiendo sobre ellos una mirada llena de indignación y apenado por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: “Extiende tu mano”. Él la extendió y su mano quedó sana. Los fariseos salieron y se confabularon con los herodianos para buscar la forma de acabar con Él. Palabra del Señor
Comentario:
La ley del sábado era importante para los judíos: no se permitía ningún trabajo. Eso es lo oficial. Jesús muestra que no es suficiente porque hay que hacer el bien todos los días, aun el día sábado. La vida es más importante que la ley. La ley está al servicio de la vida, no puede esclavizar. Pidamos la gracia de darnos cuenta de la esclavitud que hay en nosotros.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, y lo siguió mucha gente de Galilea. Al enterarse de lo que hacía, también fue a su encuentro una gran multitud de Judea, de Jerusalén, de Idumea, de la Transjordania y de la región de Tiro y Sidón. Entonces mandó a sus discípulos que le prepararan una barca, para que la muchedumbre no lo apretujara. Porque, como sanaba a muchos todos los que padecían algún mal se arrojaban sobre Él para tocarlo. Y los espíritus impuros, apenas lo veían, se tiraban a sus pies, gritando: “¡Tú eres el Hijo de Dios!” Pero Jesús les ordenaba terminantemente que no lo pusieran de manifiesto. Palabra del Señor
Comentario:
Jesús tiene mucho éxito: mucha gente lo sigue para escuchar su palabra o para ser sanado de alguna enfermedad. Jesús sana a todos, pero no quiere ser presentado como un curandero. Quiere ser conocido por su amor y su compasión. Así es nuestro Dios. Así es nuestra vida: entrega, amor y compasión. Nuestro mundo necesita de manera urgente de nuestro testimonio.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Jesús subió a la montaña y llamó a su lado a los que quiso. Ellos fueron hacia él, y Jesús instituyó a doce, a los que les dio el nombre de Apóstoles, para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar con el poder de expulsar a los demonios. Así instituyó a los Doce: Simón, al que puso el sobrenombre de Pedro; Santiago, hijo de Zebedeo, y Juan, hermano de Santiago, a los que dio el nombre de Boanerges, es decir, hijos del trueno; luego, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Tadeo, Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó. Palabra del Señor
Comentario:
Jesús elige a sus discípulos y le da el nombre de ‘apóstoles’, que significa ‘enviados’, porque los envía a realizar lo mismo que él realiza. Algunos apóstoles nos son muy conocidos, otros casi desconocidos. Dios llama a los que Él quiere. Nos llama hoy para anunciar su palabra desde nuestra vida concreta y para ayudar a nuestros contemporáneos. Démonos cuenta que el Señor nos envía, nos necesita y nuestro también nos necesita.
R.P. André Hubert, sj
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Jesús regresó a la casa, y de nuevo se juntó tanta gente que ni siquiera podían comer. Cuando sus parientes se enteraron, salieron para llevárselo, porque decían: “Es un exaltado”. Palabra del Señor
Comentario:
Los familiares de Jesús no lo aceptan. Lo conocen desde niño o creen conocerlo y Jesús cambió. La entrega total a su misión ha cambiado toda su manera de vivir. El Señor nos pide entregarnos totalmente a nuestra misión. Pidamos la gracia de esta entrega aun cuando nuestros amigos y conocidos nos critican o se burlan.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Cuando Jesús se enteró de que Juan Bautista había sido arrestado, se retiró a Galilea. Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaúm, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías: “¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, país de la Transjordania, Galilea de las naciones! El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz”. A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: “Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca”. Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar porque eran pescadores. Entonces les dijo: “Síganme, y Yo los haré pescadores de hombres”. Inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron. Continuando su camino, vio a otros dos hermanos: a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca con Zebedeo, su padre, arreglando las redes; y Jesús los llamó. Inmediatamente, ellos dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron. Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, proclamando la Buena Noticia del Reino y sanando todas las enfermedades y dolencias de la gente. Palabra del Señor
Comentario:
Jesús empieza a predicar: es luz en medio de nuestras vidas y quiere que lo acojamos como luz. Además, Jesús llama a sus primeros discípulos para acompañarlo a proclamar la Buena Noticia. Jesús no quiere hacer el trabajo solo. Pide nuestra ayuda. Pedro, Santiago y Juan lo siguen inmediatamente. El Señor nos pide trabajar de inmediato desde nuestro propio trabajo, desde nuestras cualidades.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Semana del 12 al 18 de enero 2026
Después que Juan Bautista fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: “El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia”. Mientras iba por la orilla del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que echaban las redes en el agua, porque eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme, y Yo los haré pescadores de hombres”. Inmediatamente, ellos dejaron sus redes y lo siguieron. Y avanzando un poco, vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban también en su barca arreglando las redes. En seguida los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre Zebedeo con los jornaleros, lo siguieron. Palabra del Señor.
Comentario:
La primera palabra de Jesús es: “conviértanse”. Estas se dirigen hoy a todos nosotros. Convertirse significa acoger a Jesús, su amor y su perdón. Es darse cuenta que no estamos solos, que Jesús viene a nosotros para formar un nuevo pueblo, una nueva cultura. Por eso, llama a los primeros discípulos y nos llama para anunciar su mensaje hoy. Nos pide atrevernos a confiar en él.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Jesús entró en Cafarnaúm, y cuando llegó el sábado, fue a la sinagoga y comenzó a enseñar. Todos estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas. Y había en la sinagoga un hombre poseído de un espíritu impuro, que comenzó a gritar: “¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios”. Pero Jesús lo increpó, diciendo: “Cállate y sal de este hombre”. El espíritu impuro lo sacudió violentamente y, dando un alarido, salió de ese hombre. Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros: “¿Qué es esto? ¡Enseña de una manera nueva, llena de autoridad: da órdenes a los espíritus impuros, y éstos le obedecen!” Y su fama se extendió rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea. Palabra del Señor
Comentario:
Jesús empieza su vida pública. Enseña de manera especial y sana a un endemoniado. Jesús viene para liberarnos de toda atadura del mal. Así lo entiende la gente de su tiempo. Hoy es difícil creer en el demonio. Pero al ver tanta maldad, tantos pecados en el mundo y en nosotros, aprendamos a darnos cuenta que Jesús viene para purificar, para liberar. Unámonos al pueblo para celebrar su fama y darle las gracias por su presencia.
R.P. André Hubert, sj
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Jesús fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron de inmediato. Él se acercó, la tomó de la mano y la hizo levantar. Entonces ella no tuvo más fiebre y se puso a servirlos. Al atardecer, después de ponerse el sol, le llevaron a todos los enfermos y endemoniados, y la ciudad entera se reunió delante de la puerta. Jesús sanó a muchos enfermos, que sufrían de diversos males, y expulsó a muchos demonios; pero a éstos no los dejaba hablar, porque sabían quién era Él. Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar desierto; allí estuvo orando. Simón salió a buscarlo con sus compañeros, y cuando lo encontraron, le dijeron: “Todos te andan buscando”. Él les respondió: “Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido”. Y fue por toda la Galilea, predicando en las sinagogas de ellos y expulsando demonios. Palabra del Señor
Comentario:
Jesús empieza su vida pública sanando a muchos enfermos. Domina la fiebre de la suegra de Simón y sana a todos. Ante el éxito, todos quieren retenerlo, pero Él no lo acepta. Viene para todos, no para un grupo pequeño. Jesús sana a la suegra de Simón y ella puede servir, puede volver a su vida normal. Jesús quiere que nuestra vida normal sea una vida de servicio: es la mejor manera de mostrar nuestra salvación.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Se acercó a Jesús un leproso para pedirle ayuda y, cayendo de rodillas, le dijo: “Si quieres, puedes purificarme”. Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: “Lo quiero, queda purificado”. En seguida la lepra desapareció y quedó purificado. Jesús lo despidió, advirtiéndole severamente: “No le digas nada a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio”. Sin embargo, apenas se fue, empezó a proclamarlo a todo el mundo, divulgando lo sucedido, de tal manera que Jesús ya no podía entrar públicamente en ninguna ciudad, sino que debía quedarse afuera, en lugares desiertos. Y acudían a Él de todas partes. Palabra del Señor
Comentario:
La lepra es una enfermedad maldita: no tiene curación y aparta de la comunidad de los seres humanos. Jesús no teme el contagio y sana al enfermo. La lepra ha sido el símbolo del pecado: no tiene solución y aparta de los demás. Jesús viene a sanar, a perdonar. Nos pide que seamos realistas: que veamos nuestra realidad de pecadores y aceptemos su presencia y su perdón.
R.P. André Hubert, sj
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Jesús volvió a Cafarnaúm y se difundió la noticia de que estaba en la casa. Se reunió tanta gente, que no había más lugar ni siquiera delante de la puerta, y Él les anunciaba la Palabra. Le trajeron entonces a un paralítico, llevándolo entre cuatro hombres. Y como no podían acercarlo a Él, a causa de la multitud, levantaron el techo sobre el lugar donde Jesús estaba, y haciendo un agujero descolgaron la camilla con el paralítico. Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: “Hijo, tus pecados te son perdonados”. Unos escribas que estaban sentados allí pensaban en su interior: “¿Qué está diciendo este hombre? ¡Está blasfemando! ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?” Jesús, advirtiendo en seguida que pensaban así, les dijo: “¿Qué están pensando? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: “Tus pecados te son perdonados”, o “Levántate, toma tu camilla y camina”? Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados, dijo al paralítico: Yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”. Él se levantó en seguida, tomó su camilla y salió a la vista de todos. La gente quedó asombrada y glorificaba a Dios, diciendo: “Nunca hemos visto nada igual”. Palabra del Señor
Comentario:
Tanto es el éxito de Jesús que le traen a un paralítico haciendo un hoyo en el techo. Esto muestra la fe, pero también la desesperación de todos frente a la enfermedad. Todos necesitamos una sanación con urgencia. Jesús alaba la fe y perdona los pecados porque allí está la fuente de la desesperación. El poder de Jesús está en el perdón. Démonos cuenta de lo que esto significa para nuestra vida.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Jesús salió nuevamente a la orilla del mar; toda la gente acudía a Él, y Él les enseñaba. Al pasar vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él se levantó y lo siguió. Mientras Jesús estaba comiendo en su casa, muchos publicanos y pecadores se sentaron a comer con Él y sus discípulos; porque eran muchos los que lo seguían. Los escribas del grupo de los fariseos, al ver que comía con pecadores y publicanos, decían a los discípulos: “¿Por qué come con publicanos y pecadores?” Jesús, que había oído, les dijo: “No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a justos, sino a pecadores”. Palabra del Señor
Comentario:
Mateo-Leví es recaudador de impuestos, es decir, funcionario odiado por los judíos. Lo asemejan a los pecadores públicos. Jesús sabe todo eso, y lo elige en su grupo de discípulos. Él viene a sanar, es decir, a aliviar a los que se saben enfermos o pecadores. Como una madre se preocupa más de su hijo enfermo que de los otros, así Dios se preocupa del pecador.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Juan Bautista vio acercarse a Jesús y dijo: “Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. A Él me refería, cuando dije: Después de mí viene un hombre que me precede, porque existía antes que yo. Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua para que Él fuera manifestado a Israel”. Y Juan dio este testimonio: “He visto al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y permanecer sobre Él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquél sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre Él, ése es el que bautiza en el Espíritu Santo”. Yo lo he visto y doy testimonio de que Él es el Hijo de Dios”. Palabra del Señor
Comentario:
Juan Bautista da su testimonio. Admira a Jesús y reconoce que Él es el enviado de Dios, el elegido. No tiene dudas al respecto. Juan Bautista lo define como aquel que quita los pecados. Dios envió a su Hijo para perdonar, para mostrar su amor misericordioso. Nosotros también somos testigos de este amor misericordioso. Pidamos la gracia de poder compartirlo con este mundo que tanto lo necesita.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Semana del 05 al 11 de enero 2026
Cuando Jesús se enteró de que Juan Bautista había sido arrestado, se retiró a Galilea. Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaúm, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta lsaías: “¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, país de la Transjordania, Galilea de las naciones! El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz”. A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: “Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca”. Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, proclamando la Buena Noticia del Reino y sanando todas las enfermedades y dolencias de la gente. Su fama se extendió por toda la Siria, y le llevaban a todos los enfermos, afligidos por diversas enfermedades y sufrimientos: endemoniados, epilépticos y paralíticos, y Él los sanaba. Lo seguían grandes multitudes que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la Transjordania. Palabra del Señor.
Comentario:
Jesús empieza su vida pública. Sus primeras palabras son: conviértanse. Después empieza a sanar a los enfermos. Jesús hoy nos dirige las mismas palabras: necesitamos convertirnos, es decir, poner a Dios en el centro de nuestra vida. Además, necesitamos que del Señor nos sane de nuestros pecados, de nuestro orgullo. Pidamos la gracia de la conversión con toda humildad.
R.P. André Hubert, sj
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Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato. Como se había hecho tarde, sus discípulos se acercaron y le dijeron: «Éste es un lugar desierto, y ya es muy tarde. Despide a la gente, para que vaya a los campos y poblaciones cercanos a comprar algo para comer». Él respondió: ‹Denles de comer ustedes mismos». Ellos le dijeron: «¿Tendríamos que ir a comprar doscientos denarios de pan para dar de comer a todos?». Jesús preguntó: «¿Cuántos panes tienen ustedes? Vayan a ver». Después de averiguarlo, dijeron: «Cinco panes y dos pescados». Él les ordenó que hicieran sentar a todos en grupos, sobre la hierba verde, y la gente se sentó en grupos de cien y de cincuenta. Entonces Él tomó los cinco panes y los dos pescados y, levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los fue entregando a sus discípulos para que los distribuyeran. También repartió los dos pescados entre la gente. Todos comieron hasta saciarse, y se recogieron doce canastas llenas de sobras de pan y de restos de pescado. Los que comieron eran cinco mil hombres. Palabra del Señor.
Comentario:
Jesús empieza su vida pública y se manifiesta: con 5 panes y 2 pescados da de comer a mucha gente. Dios toma lo poco que tenemos y los transforma en alimento para la multitud. Cuando Dios se compadece de nosotros, no mide su cariño; da y hay de sobra. Recordemos que Dios nos da a su Hijo en cada eucaristía. No mira nuestras debilidades, ni nuestra preparación. Solo mira nuestra pequeñez y su gran compasión.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Después que los cinco mil hombres se saciaron, enseguida Jesús obligó a sus discípulos a que subieran a la barca y lo precedieran en la otra orilla, hacia Betsaida, mientras Él despedía a la multitud. Una vez que los despidió, se retiró a la montaña para orar. Al caer la tarde, la barca estaba en medio del mar y Él permanecía solo en tierra. Al ver que remaban muy penosamente, porque tenían viento en contra, cerca de la madrugada fue hacia ellos caminando sobre el mar, e hizo como si pasara de largo. Ellos, al verlo caminar sobre el mar, pensaron que era un fantasma y se pusieron a gritar, porque todos lo habían visto y estaban sobresaltados. Pero Él les habló enseguida y les dijo: «Tranquilícense, soy Yo; no teman». Luego subió a la barca con ellos y el viento se calmó. Así llegaron al colmo de su estupor, porque no habían comprendido el milagro de los panes y su mente estaba enceguecida. Palabra del Señor.
Comentario:
Jesús se manifiesta como el que domina los elementos: el mar, la tempestad. Al mismo tiempo, pide superar los miedos. Si él está con nosotros, podemos vivir tranquilos. Hay tantos miedos en nuestras vidas: miedo a los demás, miedo al futuro, miedo de la vida, miedo de nuestros pecados. Jesús nos pide mirarlo a Él en todo momento, especialmente en los momentos de miedo, de sufrimiento o pánico. Si no entendemos lo que nos pasa, pidamos paz para aceptar todo.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Jesús volvió a Galilea con el poder del Espíritu y su fama se extendió en toda la región. Enseñaba en las sinagogas de ellos y todos lo alababan. Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura. Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor». Jesús cerró el libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en El. Entonces comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír». Todos daban testimonio a favor de Él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca. Palabra del Señor.
Comentario:
Jesús se manifiesta como el que cumple las Escrituras, es decir, las promesas de Dios. Él viene para salvarnos a todos, especialmente a los que más lo necesitan: los pobres, los abandonados. Jesús proclama un año de gracia: es el Jubileo que acabamos de vivir. Ofrezcámonos para seguirle en este jubileo de esperanza y así compartir esta esperanza con los que nos rodean.
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Mientras Jesús estaba en una ciudad, se presentó un hombre cubierto de lepra. Al ver a Jesús, se postró ante Él y le rogó: «Señor, si quieres, puedes purificarme». Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Lo quiero, queda purificado». Y al instante la lepra desapareció. Él le ordenó que no se lo dijera a nadie, pero añadió: «Ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio». Su fama se extendía cada vez más y acudían grandes multitudes para escucharlo y hacerse sanar de sus enfermedades. Pero Él se retiraba a lugares desiertos para orar. Palabra del Señor.
Comentario:
Jesús se manifiesta como el que domina las enfermedades. La lepra era una enfermedad incurable, al igual que nuestros pecados. Jesús viene en nombre de Dios para sanar y perdonar. Aceptar a Jesús es también agradecerle todas sus atenciones y proclamar su nombre a nuestro alrededor.
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Jesús fue con sus discípulos a Judea. Permaneció allí con ellos y bautizaba, Juan Bautista seguía bautizando en Enón, cerca de Salim, porque había mucha agua en ese lugar y la gente acudía para hacerse bautizar. Juan no había sido encarcelado todavía. Se originó entonces una discusión entre los discípulos de Juan y un judío, acerca de la purificación. Fueron a buscar a Juan y le dijeron: “Maestro, el que estaba contigo al otro lado del Jordán y del que tú has dado testimonio, también bautiza y todos acuden a Él”. Juan respondió: “Nadie puede atribuirse nada que no haya recibido del cielo. Ustedes mismos son testigos de que he dicho: “Yo no soy el Mesías, pero he sido enviado delante de Él. En las bodas, el que se casa es el esposo; pero el amigo del esposo, que está allí y lo escucha, se llena de alegría al oír su voz. Por eso mi gozo es ahora perfecto. Es necesario que El crezca y que yo disminuya”. Palabra del Señor.
Comentario:
Juan el Bautista tuvo mucho éxito, pero ante Jesús reconoce la supremacía de éste. Tenemos que admirar la humildad de Juan: no busca su provecho; reconoce la verdadera luz que es el Señor. Ojalá podamos acostumbrarnos a repetir con Juan: Hago todo lo posible para que Jesús crezca, para que los hombres los conozcan más y mejor. Esas es mi misión”. Pidamos la gracia de entregarnos con toda humildad.
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Jesús fue desde Galilea hasta el Jordán y se presentó a Juan para ser bautizado por él. Juan se resistía, diciéndole: “Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti, ¡y eres tú el que viene a mi encuentro!”. Pero Jesús Je respondió: “Ahora déjame hacer esto, porque conviene que así cumplamos todo lo que es justo”. Y Juan se lo permitió. Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia Él. Y se oyó una voz del cielo que decía: “Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección”. Palabra del Señor.
Comentario:
Jesús recibe el bautismo, se pone en la fila en medio de los pecadores. Juan se resiste a bautizarlo, pero Jesús insiste: allí está su lugar. Jesús está en medio de los pecadores. Y el Padre reconoce y aprueba su misión desde el cielo. Jesús está en medio de nosotros, no para condenarnos, sino para acompañarnos, para sanarnos. ¡Confianza!
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Semana del 29 de diciembre 2025 al 04 de enero del 2026
Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: “Todo varón primogénito será consagrado al Señor”. También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor. Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con Él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo: “Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel”. Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de Él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: “Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos”. Palabra del Señor
Comentario:
Jesús recién nacido es presentado en el templo. Sus primeros gestos son para cumplir la ley. Allí en lo encuentra el viejo Simeón, hombre humilde, lleno de fe. Reconoce al Mesías. Sabe que el Mesías viene como luz, como salvación para todos. Sabe también que los pecados de los hombres son inmensos y que el Mesías viene para enfrentarlos y, si es posible, sanar a todos.
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Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor. Estaba también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido. Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea. El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con Él. Palabra del Señor
Comentario:
Jesús recién nacido cumple la ley: es presentado en el templo. Los únicos que lo reconocen, además de María y José, son dos ancianos, el viejo Simeón y Ana, una pobre viuda. Los humildes acogen a Jesús, lo reconocen, hablan de él con sencillez. Pidamos la gracia de la humildad: esa es la única manera de encontrarse con el Señor.
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Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Al principio estaba junto a Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe. En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron. Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. Él no era luz, sino el testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre. Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios. Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios. Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de Él, al declarar: “Este es Aquél del que yo dije: El que viene después de mí me ha precedido, porque existía antes que yo”. De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia: porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Dios Hijo único, que está en el seno del Padre. Palabra del Señor
Comentario:
Juan empieza su evangelio con una descripción de Jesús y un resumen de su vida: Jesús es Dios, es la luz, es el Hijo que viene para salvarnos. El mundo no lo recibió y tampoco lo recibe hoy. Juan Bautista, el precursor, da testimonio. Éste comprendió quién es realmente Jesús y quiere que lo aceptemos. Pidamos la gracia de acogerlo personalmente y a través de nuestros hermanos.
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Los pastores fueron rápidamente adonde les había dicho el ángel del Señor, y encontraron a María, a José y al recién nacido acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño, y todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores. Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón. Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido. Ocho días después, llegó el tiempo de circuncidar al niño y se le puso el nombre de Jesús, nombre que le había sido dado por el ángel antes de su concepción. Palabra de Dios.
Comentario:
Año nuevo, vida nueva. ¡Feliz año! Es el mejor deseo para todos. Pidamos al Señor que nos regale un año feliz, que nos ayude a descubrirlo en los acontecimientos de este año, que, como María, aprendamos a conservar todo y a meditarlo en el corazón, que, como los pastores, podamos alabar a Dios porque lo hemos visto en nuestra vida.
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Este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a que le preguntaran: “¿Tú quién eres?” Él confesó y no negó; confesó: “Yo no soy el Mesías”. Le preguntaron: “Entonces, ¿qué? ¿Eres tú Elías?” Él dijo: “No lo soy”. “¿Eres tú el Profeta?” Respondió: “No”. Y la dijeron: “¿Quién eres para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?” Él contestó: “Yo soy la voz que grita en el desierto: allanad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías”. Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: “Entonces, ¿por qué bautizas si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?” Juan les respondió: “Yo bautizo con agua; en medio de ustedes hay uno que ustedes no conocen, el que viene detrás de mí y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia”. Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán donde Juan estaba bautizando. Palabra de Dios.
Comentario:
Juan Bautista se define a sí mismo con precisión y humildad: no es el Mesías, sino el que prepara el camino. Habla sin miedo. No viene para dar un mensaje propio, personal, sino para anunciar a otro que más fuerte. Prepara el camino. Nuestra misión, nuestro esfuerzo es también preparar el camino para que Cristo pueda entrar en el corazón de muchos.
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Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Ese es aquel de quien yo dije: Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua para que sea manifestado a Israel”. Y Juan dio este testimonio diciendo: “He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo. Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios. Palabra de Dios.
Comentario:
Juan Bautista anuncia y presenta a Jesús. Lo presenta como el que recibió el Espíritu Santo; lo define como el que bautiza en el Espíritu. Juan describe lo que recibió de Dios mismo. Jesús es la persona que más depende de Dios: vive de su Espíritu, dedica toda su vida al Padre; no piensa en sí mismo, sino en nosotros y en nuestra salvación.
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Habiendo nacido Jesús en Belén de Judá en tiempo del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: “¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos adorarlo”. Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y todo Jerusalén con él. Convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: “En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las poblaciones de Judá, púes de ti saldrá un jefe que pastoreará a mi pueblo Israel”. Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisarán el tiempo en que había aparecido la estrella y los mandó: “Vayan y averigüen cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encuentren, avísenme para ir yo también a adorarlo”. Ellos después de oír al rey, se pudieron en camino y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y Habiendo recibido en sueños un oráculo para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino. Palabra de Dios.
Comentario:
Los magos vienen de lejos, es decir, salieron de su país; abandonaron su familia, su cultura, su confort para conocer a un recién nacido. Herodes no es capaz de moverse para conocer al niño; vive de odio. Dios llama a cada uno según lo que puede entender y vivir: los magos a través de una estrella, los judíos a través de la promesa de una Mesías; nosotros a través de Jesús, su salvación y sus sacramentos. Dios se manifiesta: eso es la epifanía. Dejemos que se manifieste en nosotros y a través nuestro.
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