Evangelios 2026
En esta sección
Semana del 26 de enero al 1 de febrero 2026
Los escribas que habían venido de Jerusalén decían acerca de Jesús: “Está poseído por Belzebul y expulsa a los demonios por el poder del Príncipe de los demonios”. Jesús los llamó y por medio de comparaciones les explicó: “¿Cómo Satanás va a expulsar a Satanás? Un reino donde hay luchas internas no puede subsistir. Y una familia dividida tampoco puede subsistir. Por lo tanto, si Satanás se dividió, levantándose contra sí mismo, ya no puede subsistir, sino que ha llegado a su fin. Pero nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si primero no lo ata. Sólo así podrá saquear la casa. Les aseguro que todo será perdonado a los hombres: todos los pecados y cualquier blasfemia que profieran. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás: es culpable de pecado para siempre”. Jesús dijo esto porque ellos decían: “Está poseído por un espíritu impuro”. Palabra del Señor
Comentario:
Quien acusa a Jesús de endemoniado, debe revisar su vida y preguntarse si él mismo, el acusador, no está endemoniado. Satanás es el que divide mientras Jesús busca la unidad de todos en su persona. Hay tantas divisiones en nuestro mundo y en nosotros mismos. Jesús quiere unirnos. Esto significa un esfuerzo nuestro para creer que la unidad es posible en Cristo. Pidamos la gracia de creer realmente, de entregarnos a Él.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Llegaron la madre y los hermanos de Jesús y, quedándose afuera, lo mandaron llamar. La multitud estaba sentada alrededor de Él, y le dijeron: “Tu madre y tus hermanos te buscan ahí afuera”. Él les respondió: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?” Y dirigiendo su mirada sobre los que estaban sentados alrededor de Él, dijo: “Éstos son mi madre y mis hermanos. Porque el que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”. Palabra del Señor
Comentario:
Ciertamente los lazos familiares son importantes. Y Jesús lo sabe. Pero para Jesús, lo primero es la unión con Dios, hacer la voluntad de Dios, entrar y unirse a la familia de Dios y entonces, los lazos humanos tendrán otro sentido más profundo. Oremos por nuestras familias y de una manera especial por esta familia que es la Iglesia. Oremos para el Señor sea realmente la base de todos nuestros afectos.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Jesús comenzó a enseñar a orillas del mar. Una gran multitud se reunió junto a Él, de manera que debió subir a una barca dentro del mar, y sentarse en ella. Mientras tanto, la multitud estaba en la orilla. Él les enseñaba muchas cosas por medio de parábolas, y esto era lo que les enseñaba: “¡Escuchen! El sembrador salió a sembrar. Mientras sembraba, parte de la semilla cayó al borde del camino, y vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno rocoso, donde no había mucha tierra, y brotó enseguida porque la tierra era poco profunda; pero cuando salió el sol, se quemó y, por falta de raíz, se secó. Otra cayó entre las espinas; éstas crecieron, la sofocaron, y no dio fruto. Otros granos cayeron en buena tierra y dieron fruto: fueron creciendo y desarrollándose, y rindieron ya el treinta, ya el sesenta, ya el ciento por uno”. Y decía: “¡El que tenga oídos para oír, que oiga!” Cuando se quedó solo, los que estaban alrededor de Él junto con los Doce le preguntaban por el sentido de las parábolas. Y Jesús les decía: “A ustedes se les ha confiado el misterio del Reino de Dios; en cambio, para los de afuera, todo es parábola, a fin de que miren y no vean, oigan y no entiendan, no sea que se conviertan y alcancen el perdón”. Jesús les dijo: “¿No entienden esta parábola? ¿Cómo comprenderán entonces todas las demás? El sembrador siembra la Palabra. Los que están al borde del camino son aquellos en quienes se siembra la Palabra; pero, apenas la escuchan, viene Satanás y se lleva la semilla sembrada en ellos. Igualmente, los que reciben la semilla en terreno rocoso son los que, al escuchar la Palabra, la acogen enseguida con alegría; pero no tienen raíces, sino que son inconstantes y, en cuanto sobreviene la tribulación o la persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumben. Hay otros que reciben la semilla entre espinas: son los que han escuchado la Palabra, pero las preocupaciones del mundo, la seducción de las riquezas y los demás deseos penetran en ellos y ahogan la Palabra, y esta resulta infructuosa. Y los que reciben la semilla en tierra buena son los que escuchan la Palabra, la aceptan y dan fruto al treinta, al sesenta y al ciento por uno”. Palabra del Señor.
Comentario:
Parábola del Sembrador. Dios es el sembrador, nosotros la tierra que recibe la semilla. La tierra es buena, ya que fue creada por Dios. Pero hay tantas tentaciones que no permiten que la semilla viva su vocación de dar frutos: tentaciones externas e internas. Hemos recibido una semilla muy buena: la Palabra de Dios. Pidamos la fuerza de abrirnos al amor de Dios para esta semilla de frutos abundantes.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Jesús decía a la multitud: “¿Acaso se trae una lámpara para ponerla debajo de un cajón o debajo de la cama? ¿No es más bien para colocarla sobre el candelero? Porque no hay nada oculto que no deba ser revelado y nada secreto que no deba manifestarse. ¡Si alguien tiene oídos para oír, que oiga!” Y les decía: “¡Presten atención a lo que oyen! La medida con que midan se usará para ustedes, y les darán más todavía. Porque al que tiene, se le dará, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene”. Palabra del Señor
Comentario:
¡He recibido tantos bienes! Recibimos la luz para iluminar a otros. Es imposible conservar todo lo recibido y disfrutarlo como egoísta. Necesitamos compartir. Jesús insiste en ‘oír’: oír, escuchar es abrirse para recibir la palabra del otro y entenderla, no a nuestra manera, sino buscar entender lo que el otro nos dice. Pidamos la gracia de abrirnos para escuchar claramente la palabra que Dios nos ofrece hoy. Así podremos entregar lo que recibimos.
Jesús decía a sus discípulos: “El Reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra: sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga. Cuando el fruto está a punto, él aplica enseguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha”. También decía: “¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo? Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra, pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra”. Y con muchas parábolas como estas les anunciaba la Palabra, en la medida en que ellos podían comprender. No les hablaba sino en parábolas, pero a sus propios discípulos, en privado, les explicaba todo. Palabra del Señor
Comentario:
Jesús vivió en el campo. Conoce la realidad de los campos. Por eso, sus parábolas se relacionan con la vida del campo: la vida es sencilla. Solo Dios da la vida y una semilla pequeña puede crecer mucho y dar cobijo a las aves. Somos pequeños, débiles. Hay que reconocerlo y aceptarlo. Pero también confiar que, con la gracia de Dios, podremos ayudar, cobijar a muchos hermanos.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Un día, al atardecer, Jesús dijo a sus discípulos: “Crucemos a la otra orilla”. Ellos, dejando a la multitud, lo llevaron en la barca, así como estaba. Había otras barcas junto a la suya. Entonces se desató un fuerte vendaval, y las olas entraban en la barca, que se iba llenando de agua. Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre el cabezal. Lo despertaron y le dijeron: “¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos?” Despertándose, Él increpó al viento y dijo al mar: “¡Silencio! ¡Cállate!” El viento se aplacó y sobrevino una gran calma. Después les dijo: “¿Por qué tienen miedo? ¿Cómo no tienen fe?” Entonces quedaron atemorizados y se decían unos a otros: “¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?” Palabra del Señor
Comentario:
Jesús no se inmuta con la tempestad. Los discípulos, hombres aguerridos. Se asombran con el viento, las olas, y más todavía por este hombre que calma la tempestad. Hay tantas tempestades en nuestras vidas y hay tantos miedos. Jesús nos enseña cómo enfrentar las dificultades. Él nos acompaña en estas dificultades. Solamente con Él podemos enfrentarlas. Pidamos la gracia de la confianza.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Seguían a Jesús grandes multitudes que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la Transjordania. Al ver la multitud. Jesús subió a la montaña, se sentó y sus discípulos se acercaron a Él. Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo: “Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los cielos. Felices los afligidos, porque serán consolados. Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia. Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios. Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí. Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron. Palabra del Señor.
Comentario:
Conocemos las bienaventuranzas. Dios quiere que seamos felices, pero de una felicidad verdadera, profunda. No como la que surge de los criterios del mundo. Son felices los pobres, los afligidos, los hambrientos de justicia, los que tienen misericordia, los que trabajan por la paz, los perseguidos. Todos ellos han puesto en Dios su corazón, todos confían en Dios y no en sí mismos. Preguntémonos si somos felices, profundamente felices.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Semana del 19 al 25 de enero 2026
Un día en que los discípulos de Juan y los fariseos ayunaban, fueron a decirle a Jesús: “¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacen los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos?” Jesús les respondió: “¿Acaso los amigos del esposo pueden ayunar cuando el esposo está con ellos? Es natural que no ayunen, mientras tienen consigo al esposo. Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán. Nadie usa un pedazo de género nuevo para remendar un vestido viejo, porque el pedazo añadido tira del vestido viejo y la rotura se hace más grande. Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque hará reventar los odres, y ya no servirán más ni el vino ni los odres. ¡A vino nuevo, odres nuevos!” Palabra del Señor
Comentario:
Estar con Jesús es fuente de alegría y de paz, no de tristeza. Jesús está claro en eso: el viene a dar paz. Para poder acogerla, hay que convertirse: eso es el vestido nuevo, el odre nuevo. Con Jesús, estamos en los tiempos nuevos. Tenemos muchas costumbres que fueron buenas en su tiempo, pero tenemos que discernir si hoy nos ayudan a encontrar esta alegría y paz que Jesús ofrece. Pidamos la gracia de discernir nuestra vida real.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Un sábado en que Jesús atravesaba unos sembrados, sus discípulos comenzaron a arrancar espigas al pasar. Entonces los fariseos le dijeron: “¡Mira! ¿Por qué hacen en sábado lo que no está permitido?” Él les respondió: “¿Ustedes no han leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus compañeros se vieron obligados por el hambre, cómo entró en la Casa de Dios, en el tiempo del Sumo Sacerdote Abiatar, y comió y dio a sus compañeros los panes de la ofrenda, que sólo pueden comer los sacerdotes?” Y agregó: “El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. De manera que el Hijo del hombre es dueño también del sábado”. Palabra del Señor
Comentario:
Todas las leyes, aun las leyes de Dios, existen para ayudarnos a ser más libres, a vivir con más profundidad nuestra vida, a vivir mejor en comunidad. ¡Hay tantas leyes, tantas reglas en nuestras vidas! Es bueno preguntarse cómo está nuestra relación con las leyes, si nos ayudan y cómo. Pidamos al Señor
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Jesús entró en una sinagoga, y había allí un hombre que tenía una mano paralizada. Los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si lo sanaba en sábado, con el fin de acusarlo. Jesús dijo al hombre de la mano paralizada: “Ven y colócate aquí delante”. Y les dijo: “¿Está permitido en sábado hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?” Pero ellos callaron. Entonces, dirigiendo sobre ellos una mirada llena de indignación y apenado por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: “Extiende tu mano”. Él la extendió y su mano quedó sana. Los fariseos salieron y se confabularon con los herodianos para buscar la forma de acabar con Él. Palabra del Señor
Comentario:
La ley del sábado era importante para los judíos: no se permitía ningún trabajo. Eso es lo oficial. Jesús muestra que no es suficiente porque hay que hacer el bien todos los días, aun el día sábado. La vida es más importante que la ley. La ley está al servicio de la vida, no puede esclavizar. Pidamos la gracia de darnos cuenta de la esclavitud que hay en nosotros.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, y lo siguió mucha gente de Galilea. Al enterarse de lo que hacía, también fue a su encuentro una gran multitud de Judea, de Jerusalén, de Idumea, de la Transjordania y de la región de Tiro y Sidón. Entonces mandó a sus discípulos que le prepararan una barca, para que la muchedumbre no lo apretujara. Porque, como sanaba a muchos todos los que padecían algún mal se arrojaban sobre Él para tocarlo. Y los espíritus impuros, apenas lo veían, se tiraban a sus pies, gritando: “¡Tú eres el Hijo de Dios!” Pero Jesús les ordenaba terminantemente que no lo pusieran de manifiesto. Palabra del Señor
Comentario:
Jesús tiene mucho éxito: mucha gente lo sigue para escuchar su palabra o para ser sanado de alguna enfermedad. Jesús sana a todos, pero no quiere ser presentado como un curandero. Quiere ser conocido por su amor y su compasión. Así es nuestro Dios. Así es nuestra vida: entrega, amor y compasión. Nuestro mundo necesita de manera urgente de nuestro testimonio.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Jesús subió a la montaña y llamó a su lado a los que quiso. Ellos fueron hacia él, y Jesús instituyó a doce, a los que les dio el nombre de Apóstoles, para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar con el poder de expulsar a los demonios. Así instituyó a los Doce: Simón, al que puso el sobrenombre de Pedro; Santiago, hijo de Zebedeo, y Juan, hermano de Santiago, a los que dio el nombre de Boanerges, es decir, hijos del trueno; luego, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Tadeo, Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó. Palabra del Señor
Comentario:
Jesús elige a sus discípulos y le da el nombre de ‘apóstoles’, que significa ‘enviados’, porque los envía a realizar lo mismo que él realiza. Algunos apóstoles nos son muy conocidos, otros casi desconocidos. Dios llama a los que Él quiere. Nos llama hoy para anunciar su palabra desde nuestra vida concreta y para ayudar a nuestros contemporáneos. Démonos cuenta que el Señor nos envía, nos necesita y nuestro también nos necesita.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Jesús regresó a la casa, y de nuevo se juntó tanta gente que ni siquiera podían comer. Cuando sus parientes se enteraron, salieron para llevárselo, porque decían: “Es un exaltado”. Palabra del Señor
Comentario:
Los familiares de Jesús no lo aceptan. Lo conocen desde niño o creen conocerlo y Jesús cambió. La entrega total a su misión ha cambiado toda su manera de vivir. El Señor nos pide entregarnos totalmente a nuestra misión. Pidamos la gracia de esta entrega aun cuando nuestros amigos y conocidos nos critican o se burlan.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Cuando Jesús se enteró de que Juan Bautista había sido arrestado, se retiró a Galilea. Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaúm, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías: “¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, país de la Transjordania, Galilea de las naciones! El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz”. A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: “Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca”. Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar porque eran pescadores. Entonces les dijo: “Síganme, y Yo los haré pescadores de hombres”. Inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron. Continuando su camino, vio a otros dos hermanos: a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca con Zebedeo, su padre, arreglando las redes; y Jesús los llamó. Inmediatamente, ellos dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron. Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, proclamando la Buena Noticia del Reino y sanando todas las enfermedades y dolencias de la gente. Palabra del Señor
Comentario:
Jesús empieza a predicar: es luz en medio de nuestras vidas y quiere que lo acojamos como luz. Además, Jesús llama a sus primeros discípulos para acompañarlo a proclamar la Buena Noticia. Jesús no quiere hacer el trabajo solo. Pide nuestra ayuda. Pedro, Santiago y Juan lo siguen inmediatamente. El Señor nos pide trabajar de inmediato desde nuestro propio trabajo, desde nuestras cualidades.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Semana del 12 al 18 de enero 2026
Después que Juan Bautista fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: “El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia”. Mientras iba por la orilla del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que echaban las redes en el agua, porque eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme, y Yo los haré pescadores de hombres”. Inmediatamente, ellos dejaron sus redes y lo siguieron. Y avanzando un poco, vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban también en su barca arreglando las redes. En seguida los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre Zebedeo con los jornaleros, lo siguieron. Palabra del Señor.
Comentario:
La primera palabra de Jesús es: “conviértanse”. Estas se dirigen hoy a todos nosotros. Convertirse significa acoger a Jesús, su amor y su perdón. Es darse cuenta que no estamos solos, que Jesús viene a nosotros para formar un nuevo pueblo, una nueva cultura. Por eso, llama a los primeros discípulos y nos llama para anunciar su mensaje hoy. Nos pide atrevernos a confiar en él.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Jesús entró en Cafarnaúm, y cuando llegó el sábado, fue a la sinagoga y comenzó a enseñar. Todos estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas. Y había en la sinagoga un hombre poseído de un espíritu impuro, que comenzó a gritar: “¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios”. Pero Jesús lo increpó, diciendo: “Cállate y sal de este hombre”. El espíritu impuro lo sacudió violentamente y, dando un alarido, salió de ese hombre. Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros: “¿Qué es esto? ¡Enseña de una manera nueva, llena de autoridad: da órdenes a los espíritus impuros, y éstos le obedecen!” Y su fama se extendió rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea. Palabra del Señor
Comentario:
Jesús empieza su vida pública. Enseña de manera especial y sana a un endemoniado. Jesús viene para liberarnos de toda atadura del mal. Así lo entiende la gente de su tiempo. Hoy es difícil creer en el demonio. Pero al ver tanta maldad, tantos pecados en el mundo y en nosotros, aprendamos a darnos cuenta que Jesús viene para purificar, para liberar. Unámonos al pueblo para celebrar su fama y darle las gracias por su presencia.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Jesús fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron de inmediato. Él se acercó, la tomó de la mano y la hizo levantar. Entonces ella no tuvo más fiebre y se puso a servirlos. Al atardecer, después de ponerse el sol, le llevaron a todos los enfermos y endemoniados, y la ciudad entera se reunió delante de la puerta. Jesús sanó a muchos enfermos, que sufrían de diversos males, y expulsó a muchos demonios; pero a éstos no los dejaba hablar, porque sabían quién era Él. Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar desierto; allí estuvo orando. Simón salió a buscarlo con sus compañeros, y cuando lo encontraron, le dijeron: “Todos te andan buscando”. Él les respondió: “Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido”. Y fue por toda la Galilea, predicando en las sinagogas de ellos y expulsando demonios. Palabra del Señor
Comentario:
Jesús empieza su vida pública sanando a muchos enfermos. Domina la fiebre de la suegra de Simón y sana a todos. Ante el éxito, todos quieren retenerlo, pero Él no lo acepta. Viene para todos, no para un grupo pequeño. Jesús sana a la suegra de Simón y ella puede servir, puede volver a su vida normal. Jesús quiere que nuestra vida normal sea una vida de servicio: es la mejor manera de mostrar nuestra salvación.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Se acercó a Jesús un leproso para pedirle ayuda y, cayendo de rodillas, le dijo: “Si quieres, puedes purificarme”. Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: “Lo quiero, queda purificado”. En seguida la lepra desapareció y quedó purificado. Jesús lo despidió, advirtiéndole severamente: “No le digas nada a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio”. Sin embargo, apenas se fue, empezó a proclamarlo a todo el mundo, divulgando lo sucedido, de tal manera que Jesús ya no podía entrar públicamente en ninguna ciudad, sino que debía quedarse afuera, en lugares desiertos. Y acudían a Él de todas partes. Palabra del Señor
Comentario:
La lepra es una enfermedad maldita: no tiene curación y aparta de la comunidad de los seres humanos. Jesús no teme el contagio y sana al enfermo. La lepra ha sido el símbolo del pecado: no tiene solución y aparta de los demás. Jesús viene a sanar, a perdonar. Nos pide que seamos realistas: que veamos nuestra realidad de pecadores y aceptemos su presencia y su perdón.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Jesús volvió a Cafarnaúm y se difundió la noticia de que estaba en la casa. Se reunió tanta gente, que no había más lugar ni siquiera delante de la puerta, y Él les anunciaba la Palabra. Le trajeron entonces a un paralítico, llevándolo entre cuatro hombres. Y como no podían acercarlo a Él, a causa de la multitud, levantaron el techo sobre el lugar donde Jesús estaba, y haciendo un agujero descolgaron la camilla con el paralítico. Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: “Hijo, tus pecados te son perdonados”. Unos escribas que estaban sentados allí pensaban en su interior: “¿Qué está diciendo este hombre? ¡Está blasfemando! ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?” Jesús, advirtiendo en seguida que pensaban así, les dijo: “¿Qué están pensando? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: “Tus pecados te son perdonados”, o “Levántate, toma tu camilla y camina”? Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados, dijo al paralítico: Yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”. Él se levantó en seguida, tomó su camilla y salió a la vista de todos. La gente quedó asombrada y glorificaba a Dios, diciendo: “Nunca hemos visto nada igual”. Palabra del Señor
Comentario:
Tanto es el éxito de Jesús que le traen a un paralítico haciendo un hoyo en el techo. Esto muestra la fe, pero también la desesperación de todos frente a la enfermedad. Todos necesitamos una sanación con urgencia. Jesús alaba la fe y perdona los pecados porque allí está la fuente de la desesperación. El poder de Jesús está en el perdón. Démonos cuenta de lo que esto significa para nuestra vida.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Jesús salió nuevamente a la orilla del mar; toda la gente acudía a Él, y Él les enseñaba. Al pasar vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él se levantó y lo siguió. Mientras Jesús estaba comiendo en su casa, muchos publicanos y pecadores se sentaron a comer con Él y sus discípulos; porque eran muchos los que lo seguían. Los escribas del grupo de los fariseos, al ver que comía con pecadores y publicanos, decían a los discípulos: “¿Por qué come con publicanos y pecadores?” Jesús, que había oído, les dijo: “No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a justos, sino a pecadores”. Palabra del Señor
Comentario:
Mateo-Leví es recaudador de impuestos, es decir, funcionario odiado por los judíos. Lo asemejan a los pecadores públicos. Jesús sabe todo eso, y lo elige en su grupo de discípulos. Él viene a sanar, es decir, a aliviar a los que se saben enfermos o pecadores. Como una madre se preocupa más de su hijo enfermo que de los otros, así Dios se preocupa del pecador.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Juan Bautista vio acercarse a Jesús y dijo: “Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. A Él me refería, cuando dije: Después de mí viene un hombre que me precede, porque existía antes que yo. Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua para que Él fuera manifestado a Israel”. Y Juan dio este testimonio: “He visto al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y permanecer sobre Él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquél sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre Él, ése es el que bautiza en el Espíritu Santo”. Yo lo he visto y doy testimonio de que Él es el Hijo de Dios”. Palabra del Señor
Comentario:
Juan Bautista da su testimonio. Admira a Jesús y reconoce que Él es el enviado de Dios, el elegido. No tiene dudas al respecto. Juan Bautista lo define como aquel que quita los pecados. Dios envió a su Hijo para perdonar, para mostrar su amor misericordioso. Nosotros también somos testigos de este amor misericordioso. Pidamos la gracia de poder compartirlo con este mundo que tanto lo necesita.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Semana del 05 al 11 de enero 2026
Cuando Jesús se enteró de que Juan Bautista había sido arrestado, se retiró a Galilea. Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaúm, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta lsaías: “¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, país de la Transjordania, Galilea de las naciones! El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz”. A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: “Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca”. Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, proclamando la Buena Noticia del Reino y sanando todas las enfermedades y dolencias de la gente. Su fama se extendió por toda la Siria, y le llevaban a todos los enfermos, afligidos por diversas enfermedades y sufrimientos: endemoniados, epilépticos y paralíticos, y Él los sanaba. Lo seguían grandes multitudes que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la Transjordania. Palabra del Señor.
Comentario:
Jesús empieza su vida pública. Sus primeras palabras son: conviértanse. Después empieza a sanar a los enfermos. Jesús hoy nos dirige las mismas palabras: necesitamos convertirnos, es decir, poner a Dios en el centro de nuestra vida. Además, necesitamos que del Señor nos sane de nuestros pecados, de nuestro orgullo. Pidamos la gracia de la conversión con toda humildad.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato. Como se había hecho tarde, sus discípulos se acercaron y le dijeron: «Éste es un lugar desierto, y ya es muy tarde. Despide a la gente, para que vaya a los campos y poblaciones cercanos a comprar algo para comer». Él respondió: ‹Denles de comer ustedes mismos». Ellos le dijeron: «¿Tendríamos que ir a comprar doscientos denarios de pan para dar de comer a todos?». Jesús preguntó: «¿Cuántos panes tienen ustedes? Vayan a ver». Después de averiguarlo, dijeron: «Cinco panes y dos pescados». Él les ordenó que hicieran sentar a todos en grupos, sobre la hierba verde, y la gente se sentó en grupos de cien y de cincuenta. Entonces Él tomó los cinco panes y los dos pescados y, levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los fue entregando a sus discípulos para que los distribuyeran. También repartió los dos pescados entre la gente. Todos comieron hasta saciarse, y se recogieron doce canastas llenas de sobras de pan y de restos de pescado. Los que comieron eran cinco mil hombres. Palabra del Señor.
Comentario:
Jesús empieza su vida pública y se manifiesta: con 5 panes y 2 pescados da de comer a mucha gente. Dios toma lo poco que tenemos y los transforma en alimento para la multitud. Cuando Dios se compadece de nosotros, no mide su cariño; da y hay de sobra. Recordemos que Dios nos da a su Hijo en cada eucaristía. No mira nuestras debilidades, ni nuestra preparación. Solo mira nuestra pequeñez y su gran compasión.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Después que los cinco mil hombres se saciaron, enseguida Jesús obligó a sus discípulos a que subieran a la barca y lo precedieran en la otra orilla, hacia Betsaida, mientras Él despedía a la multitud. Una vez que los despidió, se retiró a la montaña para orar. Al caer la tarde, la barca estaba en medio del mar y Él permanecía solo en tierra. Al ver que remaban muy penosamente, porque tenían viento en contra, cerca de la madrugada fue hacia ellos caminando sobre el mar, e hizo como si pasara de largo. Ellos, al verlo caminar sobre el mar, pensaron que era un fantasma y se pusieron a gritar, porque todos lo habían visto y estaban sobresaltados. Pero Él les habló enseguida y les dijo: «Tranquilícense, soy Yo; no teman». Luego subió a la barca con ellos y el viento se calmó. Así llegaron al colmo de su estupor, porque no habían comprendido el milagro de los panes y su mente estaba enceguecida. Palabra del Señor.
Comentario:
Jesús se manifiesta como el que domina los elementos: el mar, la tempestad. Al mismo tiempo, pide superar los miedos. Si él está con nosotros, podemos vivir tranquilos. Hay tantos miedos en nuestras vidas: miedo a los demás, miedo al futuro, miedo de la vida, miedo de nuestros pecados. Jesús nos pide mirarlo a Él en todo momento, especialmente en los momentos de miedo, de sufrimiento o pánico. Si no entendemos lo que nos pasa, pidamos paz para aceptar todo.
R.P. André Hubert, sj
Vice Gran Canciller UCN
Jesús volvió a Galilea con el poder del Espíritu y su fama se extendió en toda la región. Enseñaba en las sinagogas de ellos y todos lo alababan. Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura. Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor». Jesús cerró el libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en El. Entonces comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír». Todos daban testimonio a favor de Él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca. Palabra del Señor.
Comentario:
Jesús se manifiesta como el que cumple las Escrituras, es decir, las promesas de Dios. Él viene para salvarnos a todos, especialmente a los que más lo necesitan: los pobres, los abandonados. Jesús proclama un año de gracia: es el Jubileo que acabamos de vivir. Ofrezcámonos para seguirle en este jubileo de esperanza y así compartir esta esperanza con los que nos rodean.
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Mientras Jesús estaba en una ciudad, se presentó un hombre cubierto de lepra. Al ver a Jesús, se postró ante Él y le rogó: «Señor, si quieres, puedes purificarme». Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Lo quiero, queda purificado». Y al instante la lepra desapareció. Él le ordenó que no se lo dijera a nadie, pero añadió: «Ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio». Su fama se extendía cada vez más y acudían grandes multitudes para escucharlo y hacerse sanar de sus enfermedades. Pero Él se retiraba a lugares desiertos para orar. Palabra del Señor.
Comentario:
Jesús se manifiesta como el que domina las enfermedades. La lepra era una enfermedad incurable, al igual que nuestros pecados. Jesús viene en nombre de Dios para sanar y perdonar. Aceptar a Jesús es también agradecerle todas sus atenciones y proclamar su nombre a nuestro alrededor.
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Jesús fue con sus discípulos a Judea. Permaneció allí con ellos y bautizaba, Juan Bautista seguía bautizando en Enón, cerca de Salim, porque había mucha agua en ese lugar y la gente acudía para hacerse bautizar. Juan no había sido encarcelado todavía. Se originó entonces una discusión entre los discípulos de Juan y un judío, acerca de la purificación. Fueron a buscar a Juan y le dijeron: “Maestro, el que estaba contigo al otro lado del Jordán y del que tú has dado testimonio, también bautiza y todos acuden a Él”. Juan respondió: “Nadie puede atribuirse nada que no haya recibido del cielo. Ustedes mismos son testigos de que he dicho: “Yo no soy el Mesías, pero he sido enviado delante de Él. En las bodas, el que se casa es el esposo; pero el amigo del esposo, que está allí y lo escucha, se llena de alegría al oír su voz. Por eso mi gozo es ahora perfecto. Es necesario que El crezca y que yo disminuya”. Palabra del Señor.
Comentario:
Juan el Bautista tuvo mucho éxito, pero ante Jesús reconoce la supremacía de éste. Tenemos que admirar la humildad de Juan: no busca su provecho; reconoce la verdadera luz que es el Señor. Ojalá podamos acostumbrarnos a repetir con Juan: Hago todo lo posible para que Jesús crezca, para que los hombres los conozcan más y mejor. Esas es mi misión”. Pidamos la gracia de entregarnos con toda humildad.
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Jesús fue desde Galilea hasta el Jordán y se presentó a Juan para ser bautizado por él. Juan se resistía, diciéndole: “Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti, ¡y eres tú el que viene a mi encuentro!”. Pero Jesús Je respondió: “Ahora déjame hacer esto, porque conviene que así cumplamos todo lo que es justo”. Y Juan se lo permitió. Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia Él. Y se oyó una voz del cielo que decía: “Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección”. Palabra del Señor.
Comentario:
Jesús recibe el bautismo, se pone en la fila en medio de los pecadores. Juan se resiste a bautizarlo, pero Jesús insiste: allí está su lugar. Jesús está en medio de los pecadores. Y el Padre reconoce y aprueba su misión desde el cielo. Jesús está en medio de nosotros, no para condenarnos, sino para acompañarnos, para sanarnos. ¡Confianza!
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Semana del 29 de diciembre 2025 al 04 de enero del 2026
Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: “Todo varón primogénito será consagrado al Señor”. También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor. Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con Él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo: “Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel”. Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de Él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: “Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos”. Palabra del Señor
Comentario:
Jesús recién nacido es presentado en el templo. Sus primeros gestos son para cumplir la ley. Allí en lo encuentra el viejo Simeón, hombre humilde, lleno de fe. Reconoce al Mesías. Sabe que el Mesías viene como luz, como salvación para todos. Sabe también que los pecados de los hombres son inmensos y que el Mesías viene para enfrentarlos y, si es posible, sanar a todos.
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Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor. Estaba también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido. Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea. El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con Él. Palabra del Señor
Comentario:
Jesús recién nacido cumple la ley: es presentado en el templo. Los únicos que lo reconocen, además de María y José, son dos ancianos, el viejo Simeón y Ana, una pobre viuda. Los humildes acogen a Jesús, lo reconocen, hablan de él con sencillez. Pidamos la gracia de la humildad: esa es la única manera de encontrarse con el Señor.
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Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Al principio estaba junto a Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe. En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron. Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. Él no era luz, sino el testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre. Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios. Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios. Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de Él, al declarar: “Este es Aquél del que yo dije: El que viene después de mí me ha precedido, porque existía antes que yo”. De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia: porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Dios Hijo único, que está en el seno del Padre. Palabra del Señor
Comentario:
Juan empieza su evangelio con una descripción de Jesús y un resumen de su vida: Jesús es Dios, es la luz, es el Hijo que viene para salvarnos. El mundo no lo recibió y tampoco lo recibe hoy. Juan Bautista, el precursor, da testimonio. Éste comprendió quién es realmente Jesús y quiere que lo aceptemos. Pidamos la gracia de acogerlo personalmente y a través de nuestros hermanos.
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Los pastores fueron rápidamente adonde les había dicho el ángel del Señor, y encontraron a María, a José y al recién nacido acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño, y todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores. Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón. Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido. Ocho días después, llegó el tiempo de circuncidar al niño y se le puso el nombre de Jesús, nombre que le había sido dado por el ángel antes de su concepción. Palabra de Dios.
Comentario:
Año nuevo, vida nueva. ¡Feliz año! Es el mejor deseo para todos. Pidamos al Señor que nos regale un año feliz, que nos ayude a descubrirlo en los acontecimientos de este año, que, como María, aprendamos a conservar todo y a meditarlo en el corazón, que, como los pastores, podamos alabar a Dios porque lo hemos visto en nuestra vida.
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Este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a que le preguntaran: “¿Tú quién eres?” Él confesó y no negó; confesó: “Yo no soy el Mesías”. Le preguntaron: “Entonces, ¿qué? ¿Eres tú Elías?” Él dijo: “No lo soy”. “¿Eres tú el Profeta?” Respondió: “No”. Y la dijeron: “¿Quién eres para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?” Él contestó: “Yo soy la voz que grita en el desierto: allanad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías”. Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: “Entonces, ¿por qué bautizas si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?” Juan les respondió: “Yo bautizo con agua; en medio de ustedes hay uno que ustedes no conocen, el que viene detrás de mí y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia”. Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán donde Juan estaba bautizando. Palabra de Dios.
Comentario:
Juan Bautista se define a sí mismo con precisión y humildad: no es el Mesías, sino el que prepara el camino. Habla sin miedo. No viene para dar un mensaje propio, personal, sino para anunciar a otro que más fuerte. Prepara el camino. Nuestra misión, nuestro esfuerzo es también preparar el camino para que Cristo pueda entrar en el corazón de muchos.
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Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Ese es aquel de quien yo dije: Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua para que sea manifestado a Israel”. Y Juan dio este testimonio diciendo: “He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo. Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios. Palabra de Dios.
Comentario:
Juan Bautista anuncia y presenta a Jesús. Lo presenta como el que recibió el Espíritu Santo; lo define como el que bautiza en el Espíritu. Juan describe lo que recibió de Dios mismo. Jesús es la persona que más depende de Dios: vive de su Espíritu, dedica toda su vida al Padre; no piensa en sí mismo, sino en nosotros y en nuestra salvación.
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Habiendo nacido Jesús en Belén de Judá en tiempo del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: “¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos adorarlo”. Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y todo Jerusalén con él. Convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: “En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las poblaciones de Judá, púes de ti saldrá un jefe que pastoreará a mi pueblo Israel”. Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisarán el tiempo en que había aparecido la estrella y los mandó: “Vayan y averigüen cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encuentren, avísenme para ir yo también a adorarlo”. Ellos después de oír al rey, se pudieron en camino y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y Habiendo recibido en sueños un oráculo para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino. Palabra de Dios.
Comentario:
Los magos vienen de lejos, es decir, salieron de su país; abandonaron su familia, su cultura, su confort para conocer a un recién nacido. Herodes no es capaz de moverse para conocer al niño; vive de odio. Dios llama a cada uno según lo que puede entender y vivir: los magos a través de una estrella, los judíos a través de la promesa de una Mesías; nosotros a través de Jesús, su salvación y sus sacramentos. Dios se manifiesta: eso es la epifanía. Dejemos que se manifieste en nosotros y a través nuestro.
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