30 abril 2026
30 abril 2026
ActualidadRegión de Antofagasta: el territorio chileno que conecta los planetas Tierra y Marte
Dr. Pablo Salazar, director alterno del Instituto Milenio Ckelar Volcanes y académico de la UCN, se refiere al reciente reconocimiento que obtuvo la región de Antofagasta por parte de la NASA.
La Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio de los Estados Unidos (NASA), bautizó recientemente un cráter del planeta Marte como Antofagasta, reconociendo el aporte que hace esta región del Norte de Chile en la investigación del denominado “Planeta Rojo”. Esto, ya que en el desierto de Atacama la entidad norteamericana ha desarrollado distintas pruebas para misiones en el planeta vecino, principalmente por las similitudes que tiene el paisaje desértico de Atacama con la superficie marciana, lo que lo convierte en el lugar ideal en la Tierra para testear los vehículos e instrumentos que se ocupan en estas misiones.
En ese sentido, el Dr. Pablo Salazar, director alterno del Instituto Milenio de Investigación en Riesgo Volcánico – Ckelar Volcanes y académico de la Universidad Católica del Norte (UCN) se refirió al reconocimiento que obtuvo una de las zonas del país donde, además de pruebas para misiones espaciales, se realiza mucha investigación volcánica.
“Desde la volcanología Antofagasta es sumamente importante, volviéndose un referente en el área. Tiene la ventaja de poseer un registro geológico de varios millones de años y, por ser desierto, eso se preserva”, señaló al respecto el científico.
Si bien este reconocimiento llega desde el mundo de la astronomía y el espacio, Salazar indica que las ciencias de la tierra también encuentran en la región un punto clave para su desarrollo investigativo y detalla las condiciones que permiten esto:
“Como no hay vegetación, además que el clima ha sido seco por millones de años, hay preservación principalmente de todos estos productos volcánicos o geológicos. Por lo tanto, es un laboratorio natural y abierto, donde hay evidencias que permiten remontarte varios millones de años atrás y conocer, o tratar de dilucidar, qué estaba pasando en ciertas épocas del pasado”, agregó.
Respecto al reconocimiento del centro de investigación espacial, el científico señaló que la región ya se ha posicionado mundialmente en lo que a astronomía se refiere y también ha logrado alcanzar un lugar mundial en el estudio de la geología y el volcanismo. Lo anterior, gracias al trabajo que han realizado por largos años investigadores de múltiples disciplinas.
“En el caso de la astronomía está muy bien posicionada. En el caso de la geología también, pero lo conocemos de buena manera solo los geólogos. Tal vez, ahí habría que hacer más trabajo de divulgación, para que el resto de la gente vea la geología de la misma forma que ve la astronomía”, comentó el investigador de la UCN.
Finalmente, el geofísico destacó el aporte que la región hace en distintas áreas de la ciencia: “Si desde Antofagasta estudias el cielo, puedes saber cómo se formó el universo y, si estudias el suelo, puedes conocer cómo se formó nuestro planeta”, reflexionó.
VOLCANISMO “ESPACIAL”
El paisaje desértico, el clima extremo, la alta radiación y la presencia de microorganismos en entornos hostiles no son las únicas similitudes entre este planeta y la región de Antofagasta. El volcanismo es también uno de los fenómenos geológicos que están presentes tanto en el desierto de Atacama como en Marte.
Por ejemplo, durante el siglo pasado se descubrió la existencia del “Monte Olympus”, un mega volcán inactivo, con forma de escudo, que se encuentra en la superficie de Marte. En relación con lo anterior, el geofísico y académico Pablo Salazar detalla cómo es posible determinar que existen volcanes en lugares a los que la humanidad no ha tenido acceso presencialmente.
“Debes tener sensores, cámaras de satélites o diferentes instrumentos que estén orbitando los planetas o dentro de ellos para observar. Una vez que se obtiene una imagen clara de la superficie, lo primero en lo que debes fijarte es en la morfología”, señaló el geofísico.
En ese sentido, Salazar indica que la típica forma cónica que suelen tener los volcanes puede ser un indicador, no obstante, se necesitan de otras señales para determinar que lo observado es o fue, efectivamente, un volcán.
“Si tenemos morfologías cónicas, donde se ven claramente cráteres y además podemos ver que hay productos como depósitos de ceniza o diferentes colores muy cercanos a estos eventos morfológicos, que te permitan detectar que hubo coladas lava saliendo de estos cráteres, se podría detectar fácilmente que ahí, en algún momento, existió volcanismo”, sentencia el académico.
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