10 septiembre 2026

Actualidad

“Estar andando”: la movilidad también es una forma de habitar el territorio aymara

Una investigación desarrollada durante varios años con comunidades del Norte de Chile muestra cómo los desplazamientos entre espacios urbanos y rurales permiten mantener vínculos familiares, ganaderos y territoriales, incluso cuando las personas no residen permanentemente en sus lugares de origen.

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Vivir en una ciudad no significa abandonar el territorio de origen. Mujeres aymara del Norte de Chile mantienen sus vínculos territoriales a través de constantes desplazamientos entre espacios urbanos y rurales, asociados a la ganadería, el cuidado de familiares y la mantención de redes entre generaciones.

Esta realidad ha sido estudiada durante años por Catalina Mansilla, doctora en Antropología por la Universidad Católica del Norte y la Universidad de Tarapacá (UCN-UTA) y actualmente investigadora postdoctoral, de la Facultad de Derecho UAH e Instituto Milenio Viodemos. Su investigación comenzó durante su tesis doctoral, centrada en movilidad poblacional femenina, ganadería y reciprocidad entre mujeres de distintas generaciones, y actualmente se ha ampliado hacia otras prácticas relacionadas con el sostenimiento de los territorios indígenas.

DESPLAZAMIENTOS

Una expresión apareció reiteradamente durante el trabajo etnográfico de Mansilla: “estar andando”. Las mujeres se desplazaban entre distintos lugares para criar animales, cuidar nietos o familiares y mantener redes familiares, mostrando una realidad más compleja que la división entre quienes permanecen en los pueblos y quienes migran hacia las ciudades.

“Las mujeres no abandonan el territorio, pero no necesariamente porque sean las que se quedan”, explicó. Incluso, mujeres mayores que permanecían más tiempo en sectores rurales participaban activamente de estos desplazamientos. Para la investigadora, “estar andando era una forma de habitar”.

La ganadería cumple un papel importante en estas dinámicas. Más allá de su dimensión económica, mantener animales genera desplazamientos hacia los territorios, contribuye a sostener relaciones translocales y favorece la transmisión de conocimientos. Durante su investigación, Catalina Mansilla identificó además tres categorías utilizadas por las propias mujeres para describir sus actividades: trabajar, ayudar y acompañar.

La Dra. Ana María Carrasco, académica de la Universidad de Tarapacá y quien dirigió la tesis doctoral de Mansilla, destacó este aspecto como uno de los aportes de la investigación, al visibilizar redes de mujeres translocalizadas e intergeneracionales que hacen posible la continuidad de la actividad ganadera.

TERRITORIOS

La comprensión antropológica de esta forma de movilidad es relevante, porque puede incidir en procesos de defensa política y jurídica de los territorios. Catalina Mansilla relató que, en el marco de uno de los casos de estudio abordados en su actual investigación, la consideración jurídica de las familias que ocupaban el territorio de esta manera no fue inmediata, sino que fue materia de discusión y requirió respaldarse antropológicamente. Tras ello, el caso incorporó la existencia de distintas formas de movilidad poblacional indígena en un mismo territorio, lo que terminó incidiendo concretamente en materia de gobernanza.

La investigadora plantea que, mientras la movilidad de tipo trashumante asociada tradicionalmente al pastoralismo resulta más reconocible para la institucionalidad, los actuales desplazamientos entre espacios urbanos y rurales presentan mayores dificultades para ser comprendidos también como formas de ocupación territorial.

La Dra. Mansilla presentó estos planteamientos en el ciclo de charlas por los 20 años del Doctorado en Antropología UCN-UTA, donde estuvo acompañada por la Dra. Ana María Carrasco, el cual fue transmitido por el canal de Youtube de la UCN.