28 abril 2026
Astronautas pierden el equilibrio al volver a la Tierra: qué hay detrás del fenómeno y cómo lo estudia la ciencia desde Chile
Investigaciones en microgravedad y condiciones extremas, como las que estudian científicos en Chile, abren nuevas claves para comprender el cuerpo humano y desarrollar futuras terapias.
En las últimas semanas, imágenes difundidas por la NASA han vuelto a poner en el centro de la atención un fenómeno que, aunque conocido por la comunidad científica, sigue sorprendiendo al público, astronautas que, tras regresar del espacio, presentan dificultades para mantenerse en pie o caminar con normalidad.
La explicación está en los profundos cambios que experimenta el cuerpo humano en condiciones de microgravedad. “La exposición a ambientes espaciales son el ambiente extremo por excelencia y durante su permanencia en el espacio, el organismo deja de enfrentar la fuerza de gravedad, lo que afecta directamente sistemas clave como el vestibular, responsable del equilibrio, la masa muscular y la densidad ósea”, explicó Bayron García, estudiante del Programa de Doctorado en Ciencias Biomédicas de la Universidad Católica del Norte, quien investiga cómo factores como la microgravedad impactan el funcionamiento del organismo y en el eje músculo-cerebro.
“En el espacio, se generan diferentes cambios fisiológicos para poder adaptarse al entorno con microgravedad, provocando alteraciones en diferentes sistemas. Al regresar a la Tierra, estas alteraciones se pueden evidenciar en desorientación, mareos y pérdida de la estabilidad”, comentó Bayron, quien se encuentra en su tercer año del Programa.
Este tipo de fenómenos no solo es relevante para la exploración espacial. Hoy, la llamada medicina espacial se ha transformado en un campo de creciente interés, ya que permite estudiar cómo responde el cuerpo ante condiciones extremas y cómo estos conocimientos pueden aplicarse en la Tierra.
“Comprender cómo el cuerpo se adapta a entornos extremos nos permite avanzar en nuevas estrategias terapéuticas, no solo para astronautas, sino también para pacientes con enfermedades cardiovasculares, musculoesqueléticas o metabólicas”, señaló Bayron.
En esta misma línea, el académico del Programa de Doctorado en Ciencias Biomédicas de la Universidad Católica del Norte y director del Centro de Fisiología y Medicina de Altura de la Universidad de Antofagasta, Dr. David Andrade, experto en estudiar la fisiología humana en entornos extremos destacó que, aunque la microgravedad y la hipoxia de altura –deficiencia de oxígeno en los tejidos del cuerpo- corresponden a condiciones distintas, comparten efectos fisiológicos relevantes.
“Pese a sus diferencias, ambos ambientes generan un fenotipo convergente, que se manifiesta, por ejemplo, en intolerancia ortostática, como mareos, desmayos o fatiga y disminución de la capacidad física”, explicó.
El investigador añadió que estudios recientes han permitido profundizar en estos mecanismos. “Hemos observado que el reflejo a la hipoxia se exacerba en modelos de microgravedad simulada, pero al normalizarlo mediante herramientas como la quimiogenética, se logra mejorar la masa muscular y su función”, detalló, subrayando el potencial de estos hallazgos en contextos de alta exigencia fisiológica.
Desde una perspectiva aplicada, el investigador Andrade enfatizó que estos modelos abren nuevas oportunidades en medicina. “El estudio de la hipoxia y su relación con la microgravedad permite comprender de mejor manera los procesos como la atrofia muscular, el envejecimiento o los trastornos del equilibrio, lo que puede derivar en el desarrollo de nuevas terapias”, señaló.
En ese sentido, destaca que la convergencia entre estas condiciones extremas ofrece una oportunidad única para avanzar en el conocimiento científico. “El hecho de que existan fenotipos similares nos ayuda a entender los mecanismos que gobiernan la adaptación del organismo, lo que puede contribuir tanto al desarrollo humano en la Tierra como en futuros escenarios de exploración espacial”, concluyó.
Desde Chile, el desarrollo de estas líneas de investigación no solo aporta al conocimiento global, sino que también posiciona a la ciencia nacional en la frontera de disciplinas emergentes, donde convergen la biomedicina, la tecnología y la exploración espacial.
Así, lo que ocurre a miles de kilómetros de la Tierra podría ser clave para mejorar la salud y la calidad de vida de las personas en nuestro propio planeta.



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