19 febrero 2026

Miércoles de Ceniza: una invitación a recomenzar

Cada año, el Miércoles de Ceniza da inicio a la Cuaresma, tiempo que la Iglesia Católica propone como preparación hacia la Pascua. Para quienes son creyentes, marca el comienzo de un itinerario espiritual; para otros, puede transformarse en una oportunidad para hacer una pausa, reflexionar y revisar su vida, especialmente en un periodo en que […]

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Columna de

Mons. Ignacio Ducasse Medina

Cada año, el Miércoles de Ceniza da inicio a la Cuaresma, tiempo que la Iglesia Católica propone como preparación hacia la Pascua. Para quienes son creyentes, marca el comienzo de un itinerario espiritual; para otros, puede transformarse en una oportunidad para hacer una pausa, reflexionar y revisar su vida, especialmente en un periodo en que algunos detienen sus actividades habituales para comenzar sus vacaciones.

Más allá de credos o convicciones, la ceniza habla con un lenguaje profundamente humano: el de la fragilidad y la posibilidad de recomenzar. El gesto sencillo de recibir la ceniza en la frente nos remite a una verdad compartida por todos: somos limitados. “Recuerda que eres polvo y al polvo volverás” (Gn 3,19) no constituye una derrota, sino una invitación a vivir con mayor conciencia, responsabilidad y sentido.

Asumir los propios límites nos permite ordenarnos en nuestra forma de vivir, organizar el tiempo, valorar las relaciones y tomar decisiones con mayor discernimiento. En una mirada amplia, este período invita a preguntarnos por nuestras prioridades: qué espacio ocupa mi familia, cuánto tiempo asigno al trabajo, qué vínculos estoy fortaleciendo y cuáles estoy descuidando, qué actitudes necesito dejar atrás para vivir con mayor coherencia y qué hábitos personales o sociales requiero transformar.

En una sociedad marcada por la inmediatez, el consumo y la autoexigencia permanente, detenerse resulta casi ir en contra de la realidad. Sin embargo, esa pausa puede abrir caminos de renovación. Como expresó el papa Francisco, la Cuaresma es “un tiempo para despojarnos de aquello que nos pesa y volver a lo que da vida”.

Reconocer la propia fragilidad no debilita; por el contrario, humaniza. El libro del Eclesiastés recuerda que “todo tiene su tiempo” (Ecl 3,1), y comprender aquello ayuda a vivir con mayor sentido.

Así, el Miércoles de Ceniza se presenta como un momento simbólico para recomenzar. No impone ni excluye; propone. Simplemente nos invita a detenernos, mirar la propia vida con honestidad y abrirse a un camino de mayor coherencia, sobriedad y esperanza compartida.

Columnista

Mons. Ignacio Ducasse Medina

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