24 abril 2026
Italia eterna… pero cambiada
Italia es el país que singulariza gran parte de la historia occidental. Y no solo europea. Es un país que ha podido dotarse a lo largo de su historia peninsular todos los regímenes políticos, aportando las bases filosóficas que han nutrido ideologías que han modificado el rumbo de la historia del mundo que conocemos. Hasta […]
Columna de
José Antonio González Pizarro
Italia es el país que singulariza gran parte de la historia occidental. Y no solo europea. Es un país que ha podido dotarse a lo largo de su historia peninsular todos los regímenes políticos, aportando las bases filosóficas que han nutrido ideologías que han modificado el rumbo de la historia del mundo que conocemos. Hasta hace pocos lustros, la enseñanza dominante de la historia y de las ciencias sociales en nuestro sistema educacional era en torno a la visión eurocéntrica. No es el caso mentar sobre sus efectos. Consignamos la constatación de un hecho.
Italia se erige como el territorio que alberga la mayor concentración de sitios considerados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Poseía 61 en el año 2025, seguido de China con 60. Obviamente, es la acumulación de siglos de historia, que han incidido en la historia del mundo occidental y, en menor medida, en la historia mundial.
Si se considera el legado que dejó el Imperio Romano, es casi inconmensurable no solo por los variados aspectos arquitectónicos sino por su permanencia. Según el historiador Theodor Mommsen, Roma se impuso por su dominio político y jurídico- además del impulso de las armas- mientras que Atenas, lo hizo por su influencia cultural. De lo primero, encontramos todas las grandes obras públicas romanas en la mitad de Europa. Obras colosales que desafían el tiempo.
Italia conserva gran parte de las ciudades históricas, patrimonios culturales, Roma, Florencia, Venecia, entre las principales, que han jalonado la historia comercial y cultural. No se puede comprender el tránsito del feudalismo a la época moderna, sin considerar las ciudades italianas. Bolonia por el surgimiento de la Universidad y lo que aconteció con el Derecho Común. Todo el Quattrocento, sitúa a Florencia, como el eje del tránsito cultural de la influencia gótica hacia las artes plenas de humanismo y de recoger la herencia clásica. Venecia le seguía de cerca en este movimiento trascendental que va a culminar en el Renacimiento. Recorrer las ciudades italianas no solo es empaparse del itinerario del hombre que abre la era de la modernidad, todavía no difundida en toda su extensión. La visión antropocéntrica levantaba fuertes resquemores dogmáticos en las esferas eclesiales. Pero, la historia avanzaba en la península, cuyas lecciones hoy contemplamos una vez más.
La Italia eterna se mantiene en todo este legado que nos vincula con Europa y que nos interpela. Pueden cambiar algunas cosas, pero la cultura constituye un quehacer donde se puede observar la diferencia, entre las naciones que la tienen como algo imposible de disociar de su cotidianeidad y que debe difundirse.
Me agrada visitar Italia. Mi mujer es descendiente de italianos del Piamonte. La visita inicial fue hace más de cuarenta años. Otro gobierno, otros problemas tenía Italia. Se vivía el mundo bipolar. El acceso a ciertos museos y lugares histórico-turísticos era libre. Hoy, las cosas han cambiado. Otro gobierno, nuevos problemas. Un mundo que se orienta a ser multipolar, aunque hay dos fuerzas dominantes: EE.UU y China.
A nuevos problemas, como la llegada de miles de inmigrantes, irregulares, constituye un desafío que asiste a la mayoría de los países europeos, con distintas políticas para enfrentarlo. En Italia, encontramos tanto en el norte como en sur de su territorio, la presencia militar- en Nápoles, un mural elogiando que el ejército defiende la identidad nacional- con la leyenda en sus carros “Operazione Strade Sicure” (Operación calles seguras). Lo cual, atestigua la magnitud del problema de la inseguridad y la confianza en la fuerza militar para su control.
En Nápoles, la tercera ciudad más poblada, le anteceden Roma y Milán, pero conserva la estética ilustrada- grandes museos y galerías- con la estética popular- el gran mural de Diego Armando Maradona- y ser, como refieren sus habitantes, postergada por las grandes ciudades del norte, más industrializadas, alfabetizadas y de mayor importancia en el rumbo del territorio. De ahí, la admiración y culto a Maradona. Condujo al SSC Napoli a lograr la Copa Italia y la Copa UEFA en la década de 1980. Se impuso a Roma, Milán, etc. Milán, es junto con París y Londres, los tres grandes centros de la moda europea. Nápoles levantó cabeza con el astro argentino. Nápoles es la ciudad más latinoamericana en Italia. Sus calles laterales guardan un “sabor”, con sus hileras de ropa tendida, comercio, vida comunitaria. Por algo, en Suecia, uno observaba grandes carteles turístico sobre Nápoles con esas calles, con la leyenda aproximada de un viaje hacia la utopía perdida. Una manera diplomática de conocer la pobreza. Los que los anglosajones denominan slumming.
Pero, Italia es eterna, pues pudo construir un legado artístico-cultural, desde los grandes mecenas, toda la familia Medici, articuló una serie de museos y fundamentalmente el apoyo a grandes artistas. Los Strozzi, siguieron igual derrotero. Florencia, quizás, sea la ciudad donde cada manzana consigna un museo. El pensamiento, la pluma, el pincel, la escultura se derraman por doquier. Los municipios y la filantropía privada invierten ingentes sumas para conservar aquellos monumentos del quehacer humano. Y se nota.
Roma, es una ciudad que guarda de su antepasado imperial, la joya de su aporte. Pero, ya se observa falta de presupuesto en mantener sus grandes plazas. La Fontana di Trevi, de acceso gratis hace unas décadas, ahora cobra por niveles de acceso. Lo mismo acaece con los museos del Vaticano.
El 14 de agosto de 1943, Roma fue declarada “ciudad abierta”, en plena Segunda Guerra Mundial, cuando cayó Mussolini, Más tarde, por la ocupación nazi, nuevamente fue declarada por las tropas alemanas en retirada “ciudad abierta”, el 4 de junio de 1944. Con esa declaración se buscó- y logró- que la ciudad eterna no fuese destruida por los bombardeos, y pudiese preservar su monumentalidad sacra y profana.
La fama y reconocimiento de algunas ciudades italianas, les ha pasado la cuenta. Venecia, inundada como la vimos, no aguanta más turistas. Florencia, Nápoles y Roma de igual manera. En Milán, Verona, Pisa, no se aprecia que la multitud de turistas, en su gran mayoría chinos, les haya afectado a como a las nombradas. La paradoja es cruel: son los turistas chinos, los nuevos ricos, los que compran y hacen girar la economía local, se les atiende en locales ex profeso en su propio idioma (como se aprecia, por ejemplo, en El Corte Inglés en Madrid, o en la Galería Lafayette Haussman, en París). El contraluz, es que han alterado la vida cotidiana de los residentes.
Pero, mirado desde otra perspectiva. A través del conocimiento del otro, ya lo advertían Aristóteles y Heródoto, en su propio hogar, sabemos de su cultura, sus orígenes. China, por medio de millones de visitantes, ha comenzado a pesquisar la cultura occidental, en Italia, Francia, España.

Fotografía: Victor emmanuel ii monument in rome at sunset italy